Acta N° 4/2026
Acta de resolución
Asamblea Liceo n.° 3 | Salto
Fecha: 01/10/2026
Hora de inicio: 18:00
Hora de finalización: 19:30
Lugar de realización: Agraciada y Pasaje San Eugenio
Quórum: 83 personas
Elección de delegados/as: 2 titulares y 2 alternos/as.
Mociones de resolución aprobadas
Cantidad: 4
| N.° de moción | Eje 1: La educación como derecho |
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| 1 |
Derechos de los estudiantes y convivencia institucional Como docentes, entendemos que garantizar el derecho a la educación implica generar las condiciones necesarias para que todos los estudiantes puedan aprender, participar, expresarse y desarrollarse en un ambiente de respeto e inclusión. A su vez, consideramos que el ejercicio de los derechos se encuentra acompañado de responsabilidades y deberes. Formar parte de una institución educativa implica respetar las normas de convivencia establecidas, a los compañeros, docentes y demás integrantes de la comunidad educativa, así como cuidar los espacios y recursos institucionales. Estas normas no deben ser entendidas únicamente como limitaciones, sino como acuerdos necesarios para garantizar los derechos de todos y como aprendizajes que contribuirán a su futura participación en la sociedad. Por este motivo, resulta necesario problematizar las situaciones de convivencia desde una perspectiva educativa y no exclusivamente sancionatoria. Los conflictos y comportamientos que afectan la dinámica institucional pueden constituirse en oportunidades para reflexionar sobre las acciones, sus consecuencias, la responsabilidad individual y colectiva y el respeto por los demás. Asimismo, consideramos fundamental incorporar a las familias como parte activa del proceso educativo. Esto no implica responsabilizarlas exclusivamente por las conductas de los estudiantes, sino reconocer que forman parte del contexto en el que estos se desarrollan y que su participación puede contribuir a comprender las situaciones y construir estrategias de acompañamiento. Entendemos, por tanto, que una convivencia saludable requiere del compromiso conjunto de estudiantes, familias, docentes y demás actores institucionales, promoviendo el diálogo, el respeto, la responsabilidad y la construcción de acuerdos. De esta manera, garantizar derechos y promover deberes se constituyen en aspectos complementarios de una educación integral. Educación integral La educación integral entiende al estudiante como una persona en todas sus dimensiones, no solamente como alguien que debe adquirir conocimientos académicos. Busca favorecer su desarrollo intelectual, emocional, social, físico, ético y cultural, promoviendo aprendizajes que le permitan desenvolverse de manera autónoma y responsable en la sociedad. En el contexto educativo, implica: Desarrollo cognitivo: adquisición de conocimientos, pensamiento crítico y capacidad para resolver problemas. Desarrollo socioemocional: reconocimiento y regulación de las emociones, empatía, autoestima y habilidades para relacionarse. Convivencia y ciudadanía: respeto por los demás, participación, diálogo, resolución pacífica de conflictos y construcción colectiva de acuerdos. Inclusión y respeto por la diversidad: reconocimiento de diferentes realidades, identidades, capacidades y formas de aprender. Autonomía y responsabilidad: capacidad de tomar decisiones, asumir consecuencias y participar activamente en su proceso educativo. Desarrollo físico y bienestar: promoción de hábitos saludables y cuidado del propio cuerpo. Dimensión ética: construcción de valores como respeto, solidaridad, justicia y responsabilidad. Relación con la convivencia. La educación integral permite comprender que enseñar a convivir también es enseñar. Por eso, los conflictos, las diferencias y las dificultades en los vínculos pueden convertirse en oportunidades pedagógicas para desarrollar competencias sociales y emocionales. La extensión del tiempo pedagógico, en el marco de una educación integral, puede plantearse no simplemente como “más horas de clase”, sino como una oportunidad para ampliar las experiencias educativas y atender otras dimensiones del desarrollo de los estudiantes. Planteamos profundizar los aprendizajes: disponer de más tiempo para proyectos, investigación, experimentación y actividades interdisciplinarias. Fortalecer la convivencia: generar espacios específicos para el diálogo, la participación estudiantil, la mediación y la resolución de conflictos. Desarrollar habilidades socioemocionales: trabajar empatía, comunicación, autonomía, autoestima y trabajo colaborativo. Incorporar propuestas artísticas y culturales: música, teatro, danza, expresión corporal, literatura y actividades vinculadas con la cultura. Promover actividad física y bienestar: incorporar deportes, recreación y educación para la salud. Atender diferentes ritmos y necesidades de aprendizaje: ofrecer instancias de acompañamiento, tutorías y apoyo personalizado. Favorecer la participación y el protagonismo estudiantil: desarrollar proyectos en los que los estudiantes puedan elegir, proponer y tomar decisiones. Fortalecer el vínculo con las familias y la comunidad: generar actividades abiertas y proyectos vinculados con el entorno. Trabajar mediante proyectos interdisciplinarios: integrar diferentes asignaturas alrededor de problemas o temas significativos para los estudiantes. |
| N.° de moción | Eje 2: Educación y participación |
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A partir de la lectura del documento vinculado al eje 2: “Educación y participación”, los docentes reunidos en comisión reflexionamos acerca de lo siguiente: Como referentes institucionales, asumimos la responsabilidad de generar instancias reales de participación. Consideramos crucial habilitar espacios de escucha activa que validen la expresión de opiniones, enriqueciendo así los procesos de intercambio. Es fundamental valorar los diversos saberes y aportes, reconociendo y respetando la singularidad de cada voz. La participación constituye, tal como postula el documento de referencia, un principio fundamental de la educación para la construcción de sujetos críticos con capacidad de transformarse en conjunto. Sin embargo, el diálogo no surge de manera espontánea; requiere la creación deliberada de espacios de intercambio que funcionen como un eje transversal en toda la institución. Como referentes, destacamos la importancia de detenernos a reflexionar: en una época marcada por la inmediatez, se vuelve indispensable propiciar el encuentro para pensar y co-crear en comunidad. Para ello, es necesario impulsar espacios de apertura e integración que involucren a la comunidad educativa, las familias y el entorno territorial. Estas instancias deben dotarse de un poder de decisión real, puesto que son dichos actores quienes conocen y se encuentran en contacto directo con la realidad del territorio. En consonancia con esta perspectiva, los aspectos centrales en los cuales nos hemos detenido para efectivizar este posicionamiento comprenden: Fortalecimiento del trabajo en red y la interacción comunitaria: Articulación activa con instituciones deportivas y otras organizaciones barriales. Promoción de la participación activa: Impulso y conformación efectiva de los Consejos de Participación. Valoración de los aportes colectivos: Reconocimiento de los saberes, intereses y necesidades de cada actor involucrado. Abordaje integral de las trayectorias: Detección y análisis de aquellas problemáticas que afectan o condicionan las trayectorias educativas de los estudiantes. Integración familia-institución: Búsqueda de vínculos más sólidos , colaborativos y sostenibles en el tiempo con el entorno familiar de los educandos. Para dar sustento a estas líneas de acción, consideramos que las instituciones necesitan una autonomía real que les permita trabajar activamente según su contexto particular, potenciando las oportunidades y atendiendo las debilidades con el fin de transformar, fortalecer y acercarnos a los objetivos educativos fundamentales. Esto implica, de manera prioritaria, escuchar las propuestas estudiantiles y generar tiempos y espacios inéditos que habiliten nuevas formas y formatos de articulación para su participación protagónica. Propuestas de actividades concretas para fomentar la participación Participación Estudiantil
Vínculo con las Familias y la Comunidad Vínculo con las Familias y la ComunidadEncuentros de trabajo en comisiones mixtas (docentes, familias y estudiantes) para abordar problemáticas específicas del centro educativo y pensar soluciones conjuntas.
Fortalecimiento del Trabajo en Red y Articulación Interinstitucional
Gestión Institucional y Consejos de Participación
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| N.° de moción | Eje 3: Trayectorias educativas a lo largo y ancho de la vida |
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| 3 |
La presente moción de resolución propone acordar en el apoyo a la creación de la Universidad de la Educación (UNED), como un ente autónomo con Autonomía y Cogobierno, que se inserte en el paradigma de la Universidad Latinoamericana, cumpliendo las tres funciones sustantivas (Enseñanza, Investigación y Extensión) integralmente. Esta institución a crear debe respaldarse en la larga tradición pedagógica nacional y continental, especialmente la que destaca su raigambre autonomista, laica, pública y gratuita, que concibe a la Educación como un derecho humano fundamental que se ejerce a lo largo de toda la vida. Se debe construir una institución que contribuya a revalorizar y jerarquizar la formación docente de grado, al tiempo que abra espacios de participación democráticos y plurales para estudiantes, docentes, funcionarias/os y egresadas/os. Este punto cobra especial relevancia para evitar los frecuentes y sucesivos cambios en la política educativa, en los planes de estudio y hasta en los programas de las disciplinas debido a la rotación de los partidos políticos en el poder. Los procesos de construcción y desarrollo de un proyecto educativo sostenible y emancipador no tiene los mismos tiempos que los cinco años de duración de un gobierno. Precisamos consensos amplios y construidos democrática y pluralmente que se sostengan en el mediano y en el largo plazo, para poder estar a la altura de los desafíos que se nos presentan cotidianamente en nuestras aulas e instituciones educativas. A pesar de que persisten muchas lagunas, incertidumbres y ausencias de peso en el proyecto de Ley que se encuentra actualmente en trámite Parlamentario, consideramos que el momento de iniciar esta nueva institucionalidad es este. Sería un aporte fundamental en la descentralización de la educación universitaria en todos los territorios. Fomentaría un ambiente institucional y educativo de características universitarias para la formación docente en Uruguay, con el consiguiente fortalecimiento de las políticas de posgrado, de investigación, difusión y extensión a la sociedad en todos los departamentos del país. Una Universidad de la Educación uruguaya debe sustentarse en una mirada que se conciba no como una institución tecnocrática y aislada de la realidad social en la que está inserta. Por el contrario, esta Universidad debe ser, al decir de José Luis Rebellato, un actor central en la construcción de un proyecto ético-político de liberación y transformación social, libre de toda injerencia político partidaria o gubernamental. Una institución que trascienda la mercantilización del conocimiento y que lo comience a valorar y fomentar como un puente horizontal con la sociedad para diseñar espacios de educación popular, diálogo comunicativo y producción conjunta de saberes con las comunidades y los sectores excluidos y postergados. El Consejo de Formación en Educación (dependiente de la ANEP, la cual a su vez está determinada por los gobiernos de turno) no está diseñado para estos y otros desafíos de nuestra acuciante actualidad. Una institucionalidad más robusta, de carácter universitario y distribuida por todo el territorio nacional, aunque nazca incompleta y con carencias importantes, será el comienzo de un proceso renovador, crítico, autónomo y transformador, imprescindible para estar a la altura de lo que se nos exige hoy en día. |
| N.° de moción | Eje 4: Virtualidad e IA: oportunidades y obstáculos |
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| 4 |
Comisión 4: Virtualidad e inteligencia artificial: oportunidades y obstáculos para la educación en Uruguay Informe de la comisión Como Comisión de Docentes, con una importante representación del área de Ciencias de la Computación, valoramos que estas cuestiones formen parte de la discusión. Son temas que ya están presentes en nuestras aulas y que los docentes enfrentamos cotidianamente. Entendemos que las escuelas, liceos y UTU son espacios públicos fundamentales para abordar estos desafíos. Muchas de las prácticas y reflexiones que se plantean ya se vienen desarrollando en los centros educativos, aunque creemos que es necesario profundizarlas y acompañarlas con políticas y recursos adecuados.
¿Conviene orientar la intervención educativa hacia el uso de dispositivos y aplicaciones concretas o hacia las lógicas más amplias que organizan la sociabilidad digital, como la circulación de contenidos, la exposición y la interacción en plataformas? Consideramos que es importante priorizar la comprensión de las lógicas de la vida digital, sin dejar de enseñar las habilidades concretas que los estudiantes necesitan para desenvolverse en ella. Esto ya se trabaja desde las aulas. Los docentes acompañamos a los estudiantes en el desarrollo de su autonomía digital, el pensamiento crítico, la resolución de problemas y el uso responsable de la tecnología. El desafío es fortalecer este trabajo, teniendo en cuenta que las tecnologías cambian constantemente y que el docente sigue siendo una figura fundamental para orientar, acompañar y ayudar a tomar decisiones. ¿Qué capacidades y responsabilidades deberían desarrollarse —en el sistema educativo, las familias, el Estado, las empresas tecnológicas y las comunidades— para que la participación en la vida digital sea más autónoma, segura, crítica y democrática? La responsabilidad debe ser compartida. La educación tiene un papel central, pero no puede hacerse responsable por sí sola de todos los problemas que aparecen en los entornos digitales. Desde las aulas podemos educar, acompañar, prevenir y enseñar a utilizar la tecnología de forma responsable. Pero necesitamos que las familias, el Estado, las empresas tecnológicas y la comunidad también asuman su parte. Las familias y las comunidades tienen un papel importante en el acompañamiento y en la construcción de una convivencia respetuosa, también en los espacios digitales. El Estado debe garantizar el acceso, la formación y la protección de los derechos de niños y adolescentes. También debería exigir a las empresas tecnológicas mayores medidas para proteger la identidad y la huella digital de los menores. Por su edad, muchas veces los adolescentes no alcanzan a dimensionar las consecuencias que pueden tener determinadas acciones en Internet. La protección, por lo tanto, no puede depender solamente de las decisiones que ellos tomen. La educación tampoco debería posicionarse desde una mirada defensiva o basada únicamente en la prohibición. Necesitamos enseñar a convivir y participar en estos espacios. En este sentido, sería interesante contar con una red más flexible que permita un “modo aula”. Durante las clases se podrían restringir determinados usos recreativos de las redes sociales y otros contenidos que distraen, pero permitir que el docente habilite temporalmente sitios o plataformas cuando tengan una finalidad educativa. De esta manera se podría diferenciar el uso recreativo del uso pedagógico, sin impedir que los docentes utilicen herramientas digitales que también forman parte de la vida cotidiana de los estudiantes. Desde las aulas también vemos situaciones preocupantes vinculadas al uso de las redes sociales: peleas que se graban y difunden, difamaciones, publicación de imágenes íntimas, acoso y diferentes formas de exposición que pueden afectar seriamente a los estudiantes. Muchas veces estos contenidos circulan rápidamente y, cuando se intenta intervenir, el daño ya está hecho. Las respuestas institucionales o legales tampoco siempre resultan suficientes para detener la difusión o reparar las consecuencias. Consideramos necesario avanzar en normas más claras para estas situaciones, con responsabilidades y mecanismos de actuación concretos que puedan aplicarse de manera efectiva frente a hechos que ocurren en los espacios virtuales.
¿Qué criterios deberían orientar la incorporación y el uso de tecnologías digitales e inteligencia artificial para que sea compatible con una transición ecológica sostenible? La incorporación de tecnologías digitales y de inteligencia artificial debería estar guiada por criterios de necesidad, uso responsable, eficiencia y sostenibilidad. Es importante dejar de pensar en lo digital como algo “inmaterial”. Detrás de cada dispositivo, plataforma o servicio existen recursos naturales, infraestructura, energía, agua, trabajo y residuos. En las aulas ya trabajamos con los estudiantes conceptos como la obsolescencia programada y percibida, la reparación, la reutilización y el consumo responsable. Creemos que esta mirada debería profundizarse para que puedan comprender que la tecnología no termina en la pantalla. Hay una infraestructura detrás que tiene costos económicos, sociales y ambientales. Antes de incorporar una nueva tecnología en educación sería importante preguntarnos si realmente es necesaria, cuánto tiempo podrá utilizarse, si puede repararse y qué ocurrirá con ella cuando deje de funcionar. La innovación no debería medirse solamente por la cantidad de equipos o herramientas nuevas que se incorporan. También debería considerarse qué uso educativo se logra hacer de ellas y cuál es su impacto social y ambiental. Desde los centros educativos también observamos dificultades en el cuidado de los dispositivos que reciben los estudiantes. En algunos casos los equipos son maltratados, se rompen intencionalmente o no reciben los cuidados necesarios. Que un equipo sea entregado gratuitamente no significa que no tenga valor. Consideramos necesario generar mecanismos que promuevan una mayor responsabilidad de los estudiantes y sus familias en el cuidado y conservación de estos recursos. No necesariamente desde una responsabilidad económica, sino desde el compromiso con un recurso que es para uso educativo y que debe poder ser aprovechado por otros estudiantes. También es necesario considerar las condiciones de los propios centros educativos. No alcanza con entregar dispositivos si el edificio no cuenta con suficientes enchufes en buenas condiciones, conectividad adecuada, espacios apropiados o instalaciones eléctricas preparadas para sostener ese uso. La planificación tecnológica debería contemplar estas condiciones desde el comienzo. Incorporar tecnología sin resolver las necesidades básicas de infraestructura termina dificultando su aprovechamiento. ¿Qué decisiones y políticas institucionales —incluyendo infraestructura, uso de dispositivos, reparación, reutilización y descarte— son necesarias para que la digitalización educativa no profundice impactos ambientales? Consideramos necesario fortalecer las políticas de reparación, mantenimiento, reutilización y recuperación de los dispositivos. Muchas veces un equipo deja de utilizarse por una falla que podría solucionarse con mantenimiento o reparación. También deberían existir mecanismos claros para retirar y tratar los residuos electrónicos, evitando que los equipos terminen descartados sin un destino adecuado. Sería importante que los centros educativos contaran con recursos y procedimientos sencillos para mantener y reparar los equipos, en lugar de depender únicamente del recambio. En las compras también deberían considerarse aspectos como la vida útil de los dispositivos, la posibilidad de repararlos, la disponibilidad de repuestos y su impacto ambiental. La responsabilidad ambiental no puede recaer solamente sobre estudiantes y docentes. Se necesitan políticas públicas y decisiones institucionales que hagan posible y sostengan estas prácticas.
¿Qué aprendizajes deberían considerarse irrenunciables en un contexto de creciente automatización? Consideramos irrenunciables aquellos aprendizajes que permiten a los estudiantes pensar, comprender, expresarse y tomar decisiones por sí mismos. Entre ellos destacamos:
También es importante que los estudiantes comprendan, al menos en términos generales, cómo funcionan las tecnologías, cómo utilizan los datos y qué consecuencias pueden tener las decisiones tomadas mediante sistemas automatizados. La educación no debería centrarse en enseñar a utilizar una herramienta determinada, porque las herramientas cambian rápidamente. Lo que necesitamos desarrollar son capacidades que permitan comprender, aprender y adaptarse a esos cambios. Propuestas concretas ● Aumentar la presencia de Ciencias de la Computación en la educación en EBI. ● Incorporar Ciencias de la Computación también en Bachillerato, con una propuesta acorde a ese nivel. ● Fortalecer la formación docente para acompañar estos procesos. ¿Cómo orientar el uso educativo de la IA para que funcione como apoyo y no como sustituto del trabajo intelectual? Consideramos que la IA puede ser una herramienta de apoyo cuando ayuda al estudiante a pensar, revisar, comparar, formular preguntas o mejorar una producción propia. No debería utilizarse para hacer automáticamente aquellas tareas que justamente queremos que el estudiante aprenda a realizar. Puede servir, por ejemplo, para comparar respuestas, buscar distintas formas de explicar un concepto, detectar posibles errores en un trabajo o generar preguntas para continuar investigando. Pero el estudiante debe comprender lo que recibe, revisarlo y tomar decisiones. Esto también nos lleva a revisar algunas formas de evaluación. No alcanza con evaluar únicamente el producto final. Es importante saber cómo llegó el estudiante a esa respuesta, qué decisiones tomó y si puede explicar lo que hizo. Por eso proponemos incorporar más instancias que permitan observar el proceso: borradores, explicaciones, defensas orales, resolución de problemas en clase, comparación de versiones y reflexión sobre el uso de herramientas digitales. También necesitamos formación y orientaciones claras para los docentes. El abordaje educativo de la IA no debería depender únicamente de la iniciativa individual de cada docente. No se trata de prohibir la IA, sino de enseñar a utilizarla de forma crítica y responsable. La herramienta debe estar al servicio del aprendizaje y no convertirse en un reemplazo del esfuerzo intelectual del estudiante.
¿Cómo debería orientar la educación sus objetivos en un contexto de transformación del trabajo: hacia la formación para empleos emergentes o hacia el desarrollo de capacidades más generales y transferibles? Consideramos que la educación debe combinar la preparación para los cambios tecnológicos con el desarrollo de capacidades generales que puedan ser utilizadas en diferentes situaciones. Es necesario que los estudiantes conozcan las nuevas tecnologías y desarrollen habilidades digitales, pero no sería conveniente prepararlos solamente para utilizar determinadas herramientas o para desempeñarse en trabajos que pueden cambiar rápidamente. Por eso consideramos fundamentales el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la comunicación, la creatividad, el trabajo colaborativo, la autonomía y la capacidad de seguir aprendiendo. En este punto, fortalecer Ciencias de la Computación es fundamental. No se trata solamente de formar programadores. Se trata de que todos los estudiantes puedan comprender mejor el mundo tecnológico en el que van a estudiar, trabajar y vivir. ¿Qué acuerdos entre educación, trabajo y política productiva son necesarios para que esta transformación amplíe el trabajo digno y las oportunidades de formación, sin profundizar desigualdades? Consideramos necesario fortalecer el vínculo entre la educación, el mundo del trabajo, las instituciones de formación y las políticas públicas. Los cambios tecnológicos requieren oportunidades de actualización y formación permanente. Estas oportunidades no deberían depender solamente de las posibilidades económicas o del tiempo disponible de cada persona. También es necesario tener en cuenta las diferencias entre territorios y entre los propios centros educativos, para evitar que la incorporación de tecnología profundice las desigualdades existentes. Posibles acuerdos ● Convenios que permitan a los estudiantes conocer diferentes áreas del mundo laboral. ● Acuerdos entre ANEP, universidades, UTU, empresas y organismos públicos para identificar conocimientos y habilidades tecnológicas que puedan ser relevantes en el futuro. ● Pasantías y otras experiencias educativas vinculadas al mundo del trabajo. Por ejemplo UTEC. La formación tecnológica no debería limitarse a preparar para los empleos que existen actualmente. También debe brindar herramientas para que los estudiantes puedan crear, emprender, resolver problemas y participar en la construcción de nuevas oportunidades para el país. |