Qué implica hoy el Lenguaje Claro para un organismo público

El recorrido histórico del lenguaje claro muestra una evolución clara: de una preocupación jurídica y estilística, a una responsabilidad institucional del Estado. Hoy, comunicar en lenguaje claro no es solo una cuestión de forma, sino una condición para garantizar derechos, ofrecer servicios accesibles y fortalecer la confianza pública.

Qué implica hoy el lenguaje claro para un organismo público

1. Un enfoque integral de servicio público

El lenguaje claro es un enfoque de comunicación que pone a las personas en el centro y busca facilitar una comprensión fluida y significativa de la información pública. Para lograrlo, requiere la participación de distintos perfiles y áreas de la organización —jurídicas, técnicas, de atención ciudadana, comunicación, diseño y usabilidad— que trabajan de forma coordinada en torno a un objetivo común: mejorar la experiencia de la ciudadanía al interactuar con el Estado.

Implicación práctica:
El lenguaje claro no es una tarea aislada de redacción, sino un trabajo colaborativo que atraviesa la producción de contenidos, servicios, trámites y comunicaciones institucionales.

2. Comprensión orientada a la acción

El lenguaje claro apunta a que las personas no solo interpreten un texto, sino que puedan usar la información para tomar decisiones informadas o realizar una acción concreta. Comprender implica apropiarse del contenido y saber cómo actuar a partir de él.

Implicación práctica:
Los contenidos públicos deben diseñarse pensando en el uso que la ciudadanía hará de la información: decidir, completar un trámite, cumplir un requisito o ejercer un derecho.

3. Mejora continua de procesos y servicios

Aplicar lenguaje claro implica revisar cómo se explican los procesos del Estado y cómo se presentan sus servicios, especialmente en entornos digitales. La claridad no se limita a trasladar información existente, sino que invita a mejorar la forma en que se comunican los pasos, requisitos y resultados esperados.

Implicación práctica:
Al adaptar trámites y servicios a formatos digitales, es clave revisar y simplificar tanto el proceso como su explicación, para que la experiencia sea comprensible y eficiente.

4. Escritura centrada en las personas

El lenguaje claro propone organizar la información según las necesidades reales de quienes la reciben, considerando qué necesitan saber, en qué contexto y para qué. Este enfoque permite ofrecer contenidos relevantes, oportunos y adecuados a distintos públicos.

Implicación práctica:
Todo contenido público debería responder con claridad a preguntas básicas de la ciudadanía: qué es, para qué sirve, qué se necesita, qué opciones existen y qué pasos siguen.

5. Claridad en entornos digitales y experiencia de usuario

En los servicios y trámites digitales, las personas recorren distintos pasos, toman decisiones y confirman acciones, muchas veces sin asistencia directa. El lenguaje claro acompaña estas interacciones y contribuye a brindar seguridad, previsibilidad y orientación a lo largo del proceso.

Implicación práctica:
Los organismos deben cuidar instrucciones, mensajes de confirmación, explicaciones sobre lo que sucede en cada etapa y orientaciones claras sobre los pasos siguientes.

6. Importancia de la estructura y la organización de la información

Además del lenguaje, la organización del contenido es fundamental para facilitar su comprensión. Estructuras claras, títulos orientadores, subtítulos y párrafos bien definidos ayudan a que las personas encuentren rápidamente lo que buscan y comprendan mejor la información.

Implicación práctica:
Las páginas institucionales, especialmente las vinculadas a trámites y servicios, deben permitir una lectura ágil, con acceso rápido a la información principal y una estructura visible.

7. Actualización y vigencia de los contenidos

El lenguaje claro también implica mantener la información actualizada, coherente y pertinente a lo largo del tiempo. Revisar periódicamente los contenidos permite asegurar que sigan siendo útiles y correctos para la ciudadanía.

Implicación práctica:
Es importante contar con prácticas editoriales que contemplen la actualización, revisión y eliminación de información que haya perdido vigencia o ya no resulte necesaria.

8. Lenguaje claro, lectura fácil y accesibilidad

El lenguaje claro está dirigido al público general y busca ser preciso, comprensible y riguroso. No sustituye otros enfoques complementarios, como la lectura fácil o la accesibilidad digital, sino que convive con ellos y se articula según las necesidades de cada situación.

Implicación práctica:
Los organismos deben definir cuándo aplicar lectura fácil o recursos específicos de accesibilidad, y mantener el lenguaje claro como estándar general para la comunicación pública.

Este contenido se basa, entre otras fuentes, en el libro:
Montolío, Estrella; Tascón, Mario (2020). El derecho a entender. La comunicación clara, la mejor defensa de la ciudadanía. Madrid: Los Libros de la Catarata.

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