Principios rectores del Lenguaje Claro

La norma internacional ISO 24495‑1 define cuatro principios rectores que orientan la producción de contenidos en lenguaje claro. Estos principios funcionan de manera integrada y permiten evaluar si una comunicación pública está verdaderamente centrada en las personas: si responde a sus necesidades, si la información puede encontrarse fácilmente, si se comprende sin esfuerzo innecesario y si puede utilizarse para actuar o tomar decisiones.

(según la norma ISO 24495‑1:2023)

1. Pertinencia (Relevant / Pertinent)

Lo que se comunica debe ser lo que la persona lectora realmente necesita.
Implica conocer a quién va dirigido el contenido: sus necesidades, objetivos, nivel de conocimiento, contexto de uso y circunstancias. A partir de ello, se debe seleccionar el contenido adecuado, definir el formato más apropiado y ajustar el nivel de detalle a esa audiencia.

2. Encontrabilidad (Findable)

La información pertinente debe poder localizarse fácilmente.
Esto requiere una estructura clara del contenido, una jerarquía bien definida, títulos y subtítulos comprensibles, un diseño que facilite la lectura y una navegación que permita acceder rápidamente a la información buscada.

3. Comprensibilidad (Understandable / Comprehensible)

El contenido debe poder comprenderse sin dificultad innecesaria.
Supone el uso de lenguaje claro, frases sencillas, vocabulario accesible, coherencia y cohesión textual, evitando ambigüedades. Cuando corresponde, puede apoyarse en recursos visuales o multimedia que faciliten la comprensión.

4. Utilizabilidad (Usable)

Luego de encontrar y comprender la información, la persona lectora debe poder usar esa información para su propósito.
El contenido debe estar diseñado para permitir la acción, la toma de decisiones o el cumplimiento de un trámite. Este principio incluye la evaluación del contenido con personas usuarias reales, para verificar su eficacia comunicativa.

Estos principios no se limitan a la selección de palabras simples, sino que abarcan decisiones sobre estructura, jerarquía de la información, tono, diseño, claridad conceptual y adecuación al contexto de uso. Asimismo, la norma enfatiza que el lenguaje claro no debe evaluarse mediante fórmulas mecánicas de legibilidad, sino en función de si las personas efectivamente pueden comprender y utilizar la información para cumplir su propósito. Fuente

El lenguaje claro no debe confundirse con la lectura fácil ni sustituye otros enfoques complementarios, como la accesibilidad digital. La propia norma ISO aclara que el lenguaje claro es aplicable a públicos generales y diversos, mientras que la lectura fácil responde a necesidades específicas de personas con dificultades de comprensión lectora. Del mismo modo, la norma no reemplaza las pautas técnicas de accesibilidad, aunque resulta complementaria a ellas en el diseño de contenidos inclusivos y eficaces. 

En el marco del Estado uruguayo, la adopción del lenguaje claro como política pública se apoya en este estándar internacional, que brinda una base teórica y metodológica común para orientar la producción de contenidos claros, útiles y centrados en las personas. En este contexto, se promueve la aplicación de estos principios en la comunicación pública, adaptándolos al contexto institucional y a las necesidades de la ciudadanía, con el objetivo de fortalecer la transparencia, la confianza y el acceso equitativo a la información del Estado.

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