Campaña de prevención

Evidencias Familiares: una invitación a mirar de nuevo el lugar del alcohol en nuestra vida cotidiana

El alcohol está presente en muchos de nuestros momentos cotidianos. Aparece en celebraciones, encuentros con amigos, comidas familiares, regalos y distintas formas de compartir. Justamente por eso, muchas veces dejamos de verlo.

Fotos familiares y leyenda de la campaña

En este marco, la Secretaría Nacional de Drogas presenta “Evidencias Familiares”, una campaña de prevención que propone reflexionar sobre la naturalización del consumo de alcohol y sobre el lugar que ocupa en nuestra vida social.

El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida en Uruguay y su uso problemático alcanza a más de 373.000 personas. Pero hablar de prevención no implica solamente hablar de cantidades o de situaciones de consumo de riesgo. También implica preguntarnos por las prácticas que tenemos incorporadas, por los mensajes que transmitimos y por aquello que, de tan habitual, dejamos de cuestionar.

Cuando el alcohol parece ser parte de todo

Un brindis para celebrar. Una botella como regalo. Una cerveza para acompañar una reunión. Una bebida para festejar un logro.

Son escenas habituales, pero que sean frecuentes no las vuelve obligatorias. Tampoco significan lo mismo siempre, porque mucho depende del contexto, de la situación, del momento de la vida y de lo que a cada persona le pasa con el alcohol. Vale prestar atención cuando empieza a aparecer como la opción esperada para celebrar, compartir o disfrutar, como si sin él algo faltara.

La forma en que ofrecemos, regalamos y mostramos las bebidas alcohólicas también transmite mensajes. Y esos mensajes contribuyen a construir ideas sobre cuándo, cómo y por qué se consume.

Esta naturalización puede hacer más difícil reconocer los riesgos asociados al alcohol y puede convertir determinadas prácticas de consumo en algo que simplemente "forma parte" de la vida cotidiana.

Y esas primeras referencias también se construyen en casa. Niños, niñas y adolescentes observan las prácticas de las personas adultas que los rodean y aprenden de ellas, incluso cuando no estamos intentando enseñarles nada.

El apoyo parental es sostener una presencia cercana que combine afecto, comunicación y límites claros, estando disponibles para acompañar y ofrecer referencias firmes sobre el cuidado. Pero apoyar no es habilitar. A veces aparece la idea de que es preferible que un adolescente tome en casa, bajo la mirada adulta, antes que hacerlo en otro lado. Aunque nazca de una intención de cuidado, permitir o facilitar el consumo no protege transmite un permiso y adelanta el encuentro con el alcohol en una etapa en la que el cuerpo todavía está en desarrollo, cuando la orientación es que el consumo sea cero. Sostener el lugar adulto es también poder decir que no y seguir estando cerca.

Mirar lo cotidiano para poder transformarlo

“Evidencias Familiares” no busca señalar, culpabilizar ni decirle a las personas cómo tienen que vivir sus celebraciones.

La propuesta es otra: hacer visible aquello que se volvió tan cotidiano que dejamos de verlo.

Preguntarnos qué lugar ocupa el alcohol en nuestros encuentros. Qué estamos comunicando cuando lo elegimos como regalo. Qué otras formas de celebrar, compartir y encontrarnos podemos construir. La prevención también puede ser eso: detenernos un momento y mirar nuestras propias prácticas con otros ojos.

El cuidado también se aprende

La Secretaría Nacional de Drogas impulsa políticas de prevención orientadas a fortalecer el cuidado, el acceso a información confiable y la toma de decisiones informadas.

Promover el cuidado como valor social no significa eliminar las celebraciones ni juzgar los consumos. Significa ampliar las posibilidades y construir entornos donde el alcohol no sea entendido como una condición necesaria para pasarla bien, encontrarse o celebrar.

Porque los cambios culturales también empiezan en las pequeñas decisiones cotidianas.

 

Videos

Etiquetas

Contenidos Relacionados