Autoconstruyendo la realidad en Uruguay

Las Láminas: historia de un asentamiento precario transformado por la dignidad comunitaria

A fin de este año se habrá completado el plan de viviendas dignas y de refacciones para más de 200 familias del asentamiento Las Láminas, en la ciudad artiguense de Bella Unión. La inversión, a través de la intervención del Programa de Mejoramiento Barrial (ex PIAI), fue de más de ocho millones de dólares para levantar 164 casas nuevas y 40 reformas en otras, tarea que incluyó la construcción de autoayuda comunitaria.

Presidente Mujica en barrio Las Láminas
En pocas semanas más habrá que explicar con más detalles, especialmente a los visitantes, las razones del nombre del emblemático barrio Las Láminas de Bella Unión, la ciudad fronteriza de Brasil que ocupa el vértice noroeste del departamento de Artigas y del propio Uruguay.

Es que la denominación proviene de los materiales que se utilizaban para construir las viviendas del viejo asentamiento, que en la mayoría de los casos eran de desecho, como trozos de cartón y nylon, situación que se supera con el plan de viviendas dignas en el que participan ministerios y otros entes estatales, la intendencia de Artigas, privados y especialmente los propios vecinos y vecinas del lugar.

La titular de la Dirección Nacional de Vivienda (Dinavi), Lucía Etcheverry, hizo un breve repaso, en entrevista con la Secretaría de Comunicación, del largo camino recorrido para recomponer la situación en el área. En 2005 se iniciaron los planes de atención prioritaria y se concretaron algunas intervenciones buscando dar alternativas a estas familias, que en su mayoría estaban ligadas a la actividad cañera.

En 2008, el Gobierno de entonces de Tabaré Vázquez (2005-2010) decretó a Las Láminas zona de emergencia habitacional y sanitaria, se dio inicio al Programa de Mejoramiento Barrial y se realizaron los estudios correspondientes para determinar la viabilidad del proyecto de recuperación del barrio.

Este asentamiento reunía aproximadamente a 200 familias compuestas por un alto porcentaje de niños y niñas con mal nutrición, un elevado índice de mortalidad infantil y enfermedades como parasitosis.

Tras el colapso económico-social de 2002, este barrio fue ubicado entre las zonas más afectadas y pobres de todo Uruguay. Su situación trascendió las fronteras por los altos niveles de desnutrición, de vulnerabilidad social y sobre todo por la noticia de que niños del lugar comían pasto debido a la imposibilidad de las familias de acceder a una alimentación adecuada.

Estimaciones de la época --no había información oficial específica del barrio-- indicaron que la mortalidad llegó hasta 55 cada 1.000 niños nacidos vivos en 2004. Sin duda que la incidencia de Las Láminas en este indicador general para el departamento de Artigas fue clave, dado que duplicó entonces el promedio de todo Uruguay.

El departamento de Información Poblacional del Ministerio de Salud Pública publicó que en 2003 la mortalidad en Artigas fue de 28,9 niños por 1.000 nacidos vivos, mientras que el promedio uruguayo no superó los 15 por 1.000. En comparación, las estadísticas cerradas en 2013 dieron que en Uruguay la mortalidad infantil fue de 8,8 por 1.000, un indicador apenas superado por Cuba y Chile en América Latina.

Todas las manos del barrio
Etcheverry explicó que la decisión de construir las nuevas viviendas en el mismo predio se debió a que el análisis de viabilidad realizado habilitaba la construcción, pero sobre todo por al arraigo de los vecinos al lugar, pues tienen allí sus redes sociales, es su pertenencia a la tierra y es donde criaron a sus hijos e hijas.

Así, se comenzó con un plan de trabajo dividido en tres etapas que fueron el relleno de terrenos, la instalación de plateas e instalaciones sanitarias subterráneas, la ejecución de sanitarios y cocinas y por último las tareas realizadas por las familias con canastas de materiales. Esas obras fueron acompañadas por la acción de OSE (Obras Sanitarias del Estado), que ejecutó una inversión total de más de un millón de dólares para la red de saneamiento.

Al momento de realizar el trabajo de construcción se encontraron con varias dificultades, como la gran movilidad habitacional que existía dentro del asentamiento, explicó Etcheverry. “Las personas cambiaban de vivienda y de ubicación constantemente, no existía una apropiación de la vivienda”, subrayó.

La construcción de las casas significó una inversión de más de ocho millones de dólares y contó con la participación, junto a los organismos estatales, de empresas privadas.

Se priorizó la construcción de baños, porque en la mayoría de los casos se usaban con ese fin un cuarto con paredes de chapa, sin techo y un pozo en el piso muy cerca de las viviendas precarias. Luego se edificaron las cocinas. Una vez construidas estas partes esenciales, el resto de la casa se construye por ayuda mutua de las propias familias.

Además del aporte del Programa de Mejoramiento Barrial, intervinieron distintas institucionalidades que contribuyeron a la construcción de 164 viviendas nuevas y 40 reformas, favoreciendo de esta manera a 204 familias con un promedio de entre 4 y 5 integrantes cada una.

En este proceso de mejora habitacional también se optimizaron otras problemáticas que afectaban a Las Láminas, como el ausentismo de los niños a los centros educativos, los inconvenientes sanitarios y se fue generando un entramado donde se pasó de un proceso de construcción de la vivienda a un proceso de apropiación y de transformaciones sostenibles, detalló la directora Nacional de Vivienda.

Añadió que, si estos procesos de construcción no van acompañados de mecanismos y dispositivos que favorezcan la inserción educativa, laboral y la generación de oportunidades, la problemática no cambia.

A modo de reflexión sobre el trabajo realizado en el asentamiento, Etcheverry expresó que Las Láminas es una experiencia que muestra que es posible el diseño de programas a escala real, que no son soluciones generales pero que es posible que el Estado tengan la flexibilidad para llevarlas adelante.

Agregó que esta intervención, además de mejorar la calidad de vida y la vivienda de las personas, contribuyó a tender “los puentes para que los niños que nacen allí tengan otras oportunidades y puedan vivir una realidad más digna".