Discurso ante la Asamblea General con motivo del primer año de Gobierno
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Muy buenas tardes. Gracias por recibirnos.
Corresponde, me parece, y creo que va a ser compartido por todos, que hoy el mensaje y el saludo tiene que ser para toda esa gurisada que empezaron las clases, las maestras, profesores, ¡que tengan un muy buen año!, para los que empiezan hoy y los que empiezan mañana.
Gracias, de verdad, por estar acá. Creo que ha sido una muy buena idea esta, que hace poco tiempo se inauguró con la presencia del presidente de la República en este recinto, al año del mandato. Las democracias no se sostienen solo en los derechos que consagran, se sostienen en las obligaciones que asumimos para protegerlos.
Como primer punto, quiero agradecer a este cuerpo. A fuerza de diálogo, mucho diálogo y capacidad de acuerdo, un valor de nuestra democracia que muchas veces no reconocemos, conseguimos la aprobación inédita y reveladora de la norma madre de todo gobierno, la Ley de Presupuesto. ¡Muchísimas gracias!
Hoy, estoy aquí ante esta asamblea, por supuesto, para agradecer, pero fundamentalmente para rendir cuentas. Rendir cuentas de las obligaciones que mi gobierno asumió para que el Uruguay siga siendo lo que ha sido, es y será: un faro del republicanismo democrático, de la seguridad jurídica y de la calidad institucional, de la democracia plena y del respeto por la ley, del desarrollo económico con inclusión social en un mundo cada vez más radicalizado y extremista, porque estoy convencido de que rendir cuentas es el ejercicio máximo de la democracia.
Es aceptar que el poder no es patrimonio de quien gobierna, sino mandato de quien lo delega, es comprender que cada decisión pública debe ser explicada, defendida y evaluada.
Por eso, me presento hoy ante ustedes no para enumerar acciones, sino para reafirmar un rumbo. No para describir circunstancias, sino para asumir responsabilidad ante los desafíos que tenemos por delante. Este presidente está convencido de que la democracia es una acción y no un eslogan.
Una acción viva, plena que garantiza libertad y ciudadanía, que se practica todos los días, a toda hora, en todos los rincones del país, con firmeza y claridad, con convicciones innegociables, eso sí, pero también con una incansable vocación por el consenso. Vivimos un cambio de época.
Hace un año, asumí el gobierno de un país que celebraba 40 años ininterrumpidos de democracia. 40 años de alternancia pacífica. 40 años de institucionalidad estable en una región donde no siempre fue la norma. Hoy esa estabilidad vale más que entonces.
El mundo atraviesa una transformación estructural que no es una oscilación económica, sino que es un cambio de época. En el plano geopolítico, asistimos a una fragmentación creciente, guerras sin resolución, sin explicación ni lógica aparente, conflictos que reconfiguran alianzas, una disputa estratégica por energía, minerales y tecnología, con cada vez más frentes activos, con cada vez más guerras.
Las cadenas globales de suministro se reorganizan bajo criterios de seguridad nacional, el comercio dejó de ser solo comercio, hoy es geopolítica.
En el plano económico, persisten tensiones inflacionarias, desigualdades profundas y una discusión abierta sobre el papel del Estado en la protección social. El crecimiento, si no distribuye, no cohesiona.
En el plano tecnológico, la inteligencia artificial redefine procesos productivos, la automatización reconfigura completamente el trabajo y la ciencia acelera descubrimientos en salud, energía y materiales.
El conocimiento se ha convertido en poder estratégico.
En el plano democrático, observamos un fenómeno más delicado aún: desinformación, polarización, descreimiento institucional. Por eso, estoy convencido de que la democracia no puede darse por garantizada; debe ejercerse todos los días.
Frente a este escenario, Uruguay tenía dos caminos: resignarse a la incertidumbre o reafirmar su identidad. Elegimos reafirmarnos.
Somos un país de reglas claras, un país de convivencia, un país que entiende que la estabilidad no es inmovilidad, si no, la plataforma para transformar, porque en un mundo inestable la estabilidad es una activa estrategia y en un mundo desigual, la justicia social es una obligación moral.
Con acierto, con errores, empezamos por ordenar para poder transformar. No hay transformación posible sin bases firmes, no hay proyectos sostenibles sobre cimientos frágiles, nuestro gobierno recibió un déficit fiscal superior al 4% del producto bruto interno (PBI), el más alto en décadas. Había gastos trasladados al año 2025 por varios millones de dólares, contratos que exigían revisión técnica y jurídica, como el tema de las patrulleras oceánicas o el proyecto Neptuno, obligaciones sin un respaldo presupuestal muy claro.
Definimos 63 prioridades estratégicas, con responsables y cronogramas. Hoy el 82,5%, más del 80%, está en marcha, de esas 63 prioridades.
Ordenar también implicó fortalecer las bases fiscales del país. Ordenar las cuentas públicas no es un fin en sí mismo, es la condición para sostener políticas sociales, invertir en infraestructura, fortalecer la salud, la educación y la seguridad.
Para ello, tal como nos comprometimos, avanzamos en la implementación del impuesto mínimo global, para que las grandes multinacionales que operan en el Uruguay tributen aquí.
Para 2027, proyectamos una recaudación inicial del entorno de los 360 millones de dólares. Esos recursos son por y para los uruguayos. Es una señal clara: Uruguay cumple, se adapta a las nuevas reglas globales y defiende su base tributaria con responsabilidad.
Concretamos, además, una reformulación profunda de la regla fiscal mediante la Ley de Presupuesto. Ordenar no fue un ajuste contable de la herencia recibida, fue un acto de responsabilidad estructural. La dignidad de una sociedad se evalúa, en buena medida, por la calidad del trabajo que ofrece y por la justicia en los ingresos que distribuye.
En 2025, se crearon 26.000 nuevos puestos de trabajo. Uruguay alcanzó 1.755.000 personas ocupadas, se generaron 19.000 empleos femeninos, la tasa de empleo de las mujeres alcanzó su máximo histórico, la inflación fue la más baja en 25 años.
Proyectamos que las jubilaciones crecerán un 6%, dos puntos por encima de la inflación.
En mi primer año de gestión, las exportaciones de bienes alcanzaron el mayor registro histórico de la última década, superando los 13.400 millones de dólares. La decimoprimera ronda del Consejo de Salarios reunió 248 mesas, más de 990.000 cotizantes.
Hubo más de 90% acuerdos cerrados y el 83% por consenso.
En el sector público, conciliamos la negociación colectiva, alcanzando 236.078 funcionarios del Estado. En el tercer trimestre del 2025, se abrieron 11.600 empresas, generando casi 14.000 empleos.
El programa Yo Estudio y Trabajo creó 751 puestos formales. Avanzamos ahora, este año, hacia los 12.000 empleos juveniles, y para eso, en un corto plazo, enviaremos a este Parlamento un nuevo proyecto de ley de empleo juvenil.
Destinamos 800 millones de dólares a los gobiernos departamentales y creamos un fondo adicional de 80 millones, la mayor transferencia de recursos de la historia reciente en los gobiernos departamentales, porque estoy convencido de que un país se construye con 19 departamentos fuertes.
Sabemos que, en los departamentos de frontera, la situación es particular, por eso, implementamos medidas específicas para zonas limítrofes: devolución del impuesto al valor agregado (IVA), devolución del impuesto específico interno (Imesi) en combustibles, régimen de importación para pequeños comercios y descuentos en aportes patronales, porque crecer no es suficiente. En la visión de mi gobierno, crecer con equidad es lo que legitima.
Una sociedad se reconoce también en cómo cuida a quienes más nos necesitan. Regularizamos el abastecimiento de casi 100 medicamentos que estaban en falta. Redujimos un 15% las listas de espera en especialidades críticas, un 6,5% en la lista quirúrgica general y un 55% el retraso en cirugías oftalmológicas infantiles, en este punto, permítanme, es de rigor reconocer y recordar la solidaridad de los médicos cubanos que permitieron que más de 95.000 compatriotas recuperaran la vista en forma gratuita.
La mortalidad infantil continúa descendiendo, se ubica un 6,3 por 1.000 nacidos vivos.
Construimos la Estrategia Nacional de Salud Mental, en ese sentido, impulsamos planes departamentales en todo el territorio para reducir las brechas entre departamentos y entre prestadores. Pusimos en marcha la iniciativa Acción País por Salud Mental, y todo esto lo respaldamos con presupuesto.
Hemos destinado recursos al Ministerio de Salud Pública y a la Administración de los Servicios de Salud del Estado para fortalecer equipos, al Ministerio de Desarrollo Social para atención en contextos de alta vulnerabilidad y al programa Ni Silencio Ni Tabú, del Instituto Nacional de la Juventud.
Le dimos al tema la atención y centralidad que merece. Durante 2026, se implementarán dos hospitales de día, dos casas de medio camino, un centro de rehabilitación, una unidad de corta estadía para adolescentes en Saint Bois, una unidad de atención domiciliaria en Vilardebó, nueve equipos comunitarios de salud mental con impacto en todo el territorio nacional, cincuenta nuevos recursos humanos dedicados específicamente a salud mental.
Además, se construirán salas de salud mental en hospitales generales y se desarrollarán dispositivos alternativos conforme a la Ley de Salud Mental.
Incorporamos la vacuna contra el meningococo al calendario sin costo para las familias, eliminamos el pago para la cirugía laparoscópica de apendicitis. A partir de diciembre del año pasado, toda persona que necesite un cardiodesfibrilador puede acceder sin costo.
Como me comprometí, este año se inician las obras en el Hospital de la Costa, en Atlántida, con una inversión estimada en 40 millones de dólares, y priorizamos 16 centros asistenciales en todo el país, para mejoras en infraestructura, ampliación horaria e incorporación de especialidades.
La igualdad en un país empieza cuando se nivela en los primeros años de vida. Por eso, apenas asumimos el Gobierno tomé una decisión clara: poner a la niñez en el centro. Hicimos la mayor asignación presupuestal para la primera infancia en la historia del Uruguay con la aprobación del Presupuesto.
Reglamentamos la Ley de Garantías para la Primera Infancia, consolidando un nuevo marco institucional para coordinar y monitorear las políticas dirigidas a niños, niñas y adolescentes.
Más de 170.000 niños y niñas acceden este mes al bono Vuelta a Clases, garantizando que el inicio del año lectivo no dependa del bolsillo de las familias. Con una cobertura gradual, al final del período, 300.000 niños y niñas contarán con este beneficio.
Fortalecimos la tarjeta Uruguay Social y el Bono Crianza, con incrementos de hasta el 50% para los hogares de mayor vulnerabilidad.
Comenzó el programa Crece desde el Pie, para acompañar a las familias desde el nacimiento, articulando salud, vivienda y desarrollo infantil, para que ningún niño dé sus primeros pasos en una casa con piso de tierra, porque estamos convencidos, estoy convencido, de que un país que invierte en sus gurises está construyendo futuro.
En materia educativa, dimos pasos concretos. Y, como lo he sostenido siempre, las políticas de este Gobierno son para transformar, no para refundar.
Presentamos los proyectos de fundación de la Universidad de la Educación y de ampliación de la participación de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), restituyendo la voz de los docentes de la educación pública.
Avanzamos en la ampliación del tiempo educativo con una hoja de ruta que llevará a 100.000 niños y niñas a escuelas de tiempo completo o extendido para 2029. Hoy, por ejemplo, gurises de la escuela 89 de Villa Española almorzaron por primera vez en la escuela, que ahora es de tiempo completo.
Este año duplicamos la cobertura en comedores escolares en educación media, más de 50 comedores para que 40.000 estudiantes puedan almorzar en el liceo o en la UTU, porque las preocupaciones de estos gurises no pueden pasar por la alimentación.
Y, para este año, convocamos al Congreso Nacional de Educación, el primero en ocho años, porque las grandes decisiones sobre el futuro de nuestros hijos se construyen con la sociedad. Transformar la educación no es solo cambiar contenidos, es cambiar las condiciones en las que aprendemos y construir juntos el país que queremos ser.
Este año arranca también el programa Más Deportes Más Experiencias Educativas, en 45 escuelas de todo el país, construiremos diez polideportivos para la educación físicas de escuelas, liceos y UTU, abiertos también a la comunidad.
Nadie se realiza en una sociedad que deja atrás a los más frágiles. La enfermedad, la vejez, la pérdida del trabajo o la calle no pueden ser pruebas individuales.
Cuando asumimos, Uruguay había alcanzado un récord histórico de personas viviendo en la calle. Es un problema que sigue. Decidimos no mirar para otro lado.
Implementamos el Plan Invierno, con cupos ampliados y atención sanitaria, y la emergencia, claro está, que es necesaria pero no es suficiente.
Por eso, estamos construyendo un abordaje integral que combina emergencia, salud, acompañamiento social y salida sostenida de la calle.
Reordenamos programas sociales, eliminaremos superposiciones y mejoraremos la llegada territorial, porque la política social no puede ser un laberinto burocrático para quien más necesita ayuda.
Avanzamos en ampliar el acceso al crédito hipotecario para familias de ingresos medios, que hoy quedan en una zona intermedia del sistema habitacional.
En este quinquenio, desarrollaremos 69.334 soluciones habitacionales. Los uruguayos podrán acceder al programa Primera Vivienda, que combinará subsidios a capital y subsidios a la cuota, un instrumento estructural para que miles de familias puedan acceder a su primera vivienda propia en condiciones más justas y adecuadas a la realidad de sus ingresos.
Hoy tenemos 175 cooperativas en obra, con más de 5.400 viviendas en desarrollo en Montevideo y en el interior. Detrás de cada una de esas viviendas hay una historia colectiva que vale la pena impulsar. Uruguay registra hoy 667 asentamientos, más o menos. Esta cifra nos interpela como estado y como sociedad.
Por eso, en este quinquenio, duplicaremos el financiamiento destinado a la integración sociohabitacional. En estas semanas, estamos en la recta final del Diálogo Social más amplio que ha tenido el país en años. Como resultado, rediseñaremos el sistema de transferencias a hogares con niños y adolescentes vulnerables, unificando prestaciones dispersas y mejorando los montos.
Fortaleceremos el Sistema de Cuidados y avanzaremos en los cambios comprometidos en jubilaciones y pensiones. Jubilación a los 60 años para los más vulnerables, piso de protección ampliado y mejoras en el pilar de ahorro individual.
En los últimos años, este país ha sido asediado por el crimen organizado. Con niveles elevados de violencia y un sistema penitenciario desbordado, tomamos una decisión: enfrentar el problema sin negar la realidad, pero sin caer en atajos que no funcionan. Avanzamos en la incorporación para fines de este año de 1.700 funcionarios policiales, 1.200 efectivos en proceso de cobertura de vacantes y 500 nuevos cargos para el Instituto Nacional de Rehabilitación, y la meta es clara, llegar cuanto antes al compromiso de los 2.000 nuevos efectivos.
A su vez, reorganizamos el despliegue para que haya más policías en la calle, donde se los necesita. También dijimos en campaña que reforzaríamos el sistema con 20.000 cámaras de videovigilancia. Pues bien, ya superamos esa meta.
Hoy tenemos más de 20.000 dispositivos en funcionamiento integrando pórticos, lectores de matrículas, drones y radares móviles y una red interconectada de prevención e investigación. Respaldamos institucionalmente al trabajador policial.
Firmamos un convenio histórico con la unión de sindicatos policiales, que incluye mejoras salariales, compensaciones especiales, la creación de la Dirección Nacional de Bienestar Laboral y Psicosocial y refuerzo en la atención de la salud mental. Dimos un paso institucional clave, la creación del Sistema Integral de Lucha contra el Crimen Organizado y el Narcotráfico.
Por primera vez, el Estado actúa como un solo cuerpo frente a este desafío: Presidencia, Ministerio del Interior, Ministerio de Defensa, Ministerio de Economía, Cancillería e Inteligencia, coordinando bajo un mismo marco. Golpeamos donde duele. En la logística, en el territorio y especialmente en el dinero.
En materia de crimen organizado, obtuvimos resultados contundentes, operativos de inteligencia patrimonial y seguimiento financiero permitieron capturar a líderes de bandas vinculadas al narcotráfico, desarticular redes de microtráfico con ramificaciones carcelarias e internacionales y concretar extradiciones de figuras claves vinculadas a redes de tráfico de cocaína con destino a Europa. Avanzamos en la consolidación de un modelo de Policía Comunitaria orientada a problemas.
Fortalecimos la protección de víctima de violencia basada en género mediante la herramienta tecnológica Élida 360. Este año, iniciaremos la construcción de dos cárceles de máxima seguridad con estrictos controles y tecnología de punta para personas imputadas o condenadas por delitos que representan un alto riesgo para la seguridad pública.
Asimismo, iniciamos la transformación del Instituto Nacional de Rehabilitación. Lanzamos la campaña nacional de alfabetización en cárceles y el Plan Nacional de Educación en Cárceles. Diseñamos el programa Más Barrio, una política integral para reducir violentos y mejorar la convivencia en zonas de alta exclusión. Seleccionamos los primeros cinco barrios de intervención para el 2026.
En abril próximo comenzaremos a trabajar en Cerro Norte.
Para impulsar esta estrategia de pacificación y desarrollo urbano, avanzamos junto a todos los partidos políticos en un plan nacional de seguridad pública. Esto no es un problema que se resuelva cada cinco años, necesita mirada larga y políticas de Estado. Es por esto que tomé la decisión de enviar al Parlamento para su consideración en las próximas semanas un proyecto de ley para la creación del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
En paralelo, seguiremos fortaleciendo la política de memoria, abriendo archivos y democratizando la información.
Asimismo, enviaría al Parlamento una reforma del Código de Proceso Penal elaborada por el grupo asesor técnico durante el año 2025. Este proyecto de reforma refuerza garantías fundamentales, concilia la figura del juez de garantía, actualiza el estatuto de las víctimas y moderniza el régimen de medidas cautelares e impugnaciones.
No rompe con lo construido, lo perfecciona. Trabajamos con responsabilidad porque este presidente entiende que el miedo no se combate con gritos, sino con Estado, con inteligencia, con profesionalismo y presencia real.
Presentamos los lineamientos del Plan Maestro Ferroviario con Horizonte 2035 y estructuramos un fideicomiso financiado con peajes ferroviarios. El tren vuelve a hacer parte del futuro productivo del país.
El año pasado, casi duplicamos la participación de la flota eléctrica en el transporte público. La meta es alcanzar el 50% del transporte público en el año 2030. Estoy convencido de que el transporte también es justicia social.
Reducir los tiempos de traslado y devolver tiempo de vida, y llegar antes a compartir la cena y poder ayudar con los deberes.
Y creamos, junto a los gobiernos departamentales de Montevideo, Canelones y San José, la agencia del Sistema de Transporte Metropolitano y anunciamos la creación de dos ejes troncales de altísima frecuencia: Camino Maldonado-Ciudad Vieja y Ciudad de la Costa-Ciudad Vieja.
Las obras comenzarán en el 2027 y proyectamos que el sistema estará operativo en el año 2029. Para eso, contamos con líneas de crédito BID y CAF. El objetivo es reducir un tercio en los tiempos de viaje en los principales corredores. Seguimos acompañando el desarrollo de nuestra identidad cultural.
Dotamos al teatro independiente de presupuesto por primera vez en la historia de nuestro país. Diseñamos la Biblioteca del Futuro, para reconvertir nuestra biblioteca nacional, y devolvimos el cine uruguayo a las pantallas públicas. Lanzamos Acá Se Filma, un programa que posiciona a Uruguay como destino fílmico. Esto apoya el talento nacional y confirma nuestro lugar como centro audiovisual en la región.
Gobernar hoy también es saber pararse en el mundo. Al asumir, nos comprometimos a llevar adelante una política exterior de Estado construida a través del diálogo democrático incluyente y participativo, orientada al desarrollo integral del país y a la defensa de su soberanía.
En este primer año, ha quedado claro que Uruguay tiene la oportunidad y responsabilidad de desempeñar un rol proactivo y constructivo, tanto en el escenario regional como en el global. Fuimos convocados a presidir el Consenso de Brasilia, a presidir la Celac o el G-77. Recordemos además que este año la segunda mitad asumiremos la presidencia del Mercosur.
Para un país de las dimensiones del nuestro, el multilateralismo fue es y siempre será esencial. Nuestra agenda de inserción comercial fue intensa y dio resultados.
La misión a China fue un ejemplo concreto. Firmamos más de 30 acuerdos, ratificamos una cuota de 300.000 toneladas de carne bovina, ampliando en cerca de un 50% nuestro potencial de colocación. Abrimos una nueva modalidad de exportación de carne aviar y acordamos trabajar conjuntamente en la producción de la vacuna contra la garrapata.
Este Parlamento aprobó hace pocas horas el acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea, que creará un mercado de 700 millones de personas. Uruguay, junto con Argentina, se convirtieron en los primeros países en completar su proceso de ratificación con pocas horas de diferencia.
En noviembre, fue aceptada nuestra solicitud de adhesión al Tratado Transpacífico, conformado por 12 países que representan el 15% del producto bruto mundial y más de 595 millones de personas.
El 18 de febrero solicitamos formalmente nuestra incorporación a la Asociación Económica Integral Regional integrada por 10 países de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (Asean), más Australia, China, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda, que representan el 30% del producto bruto mundial y un tercio de la población mundial.
Nuestra política exterior una política de resultados, abrir mercados para lo que producimos, atraer inversiones que generen empleo y defender el interés nacional con inteligencia. La estabilidad que tanto valoramos, puertas adentro también es un activo puertas afuera. Y esa estabilidad es la que nos permite negociar, atraer inversiones y generar oportunidades para nuestra gente.
El agua es salud, es producción, es calidad de vida y es soberanía.
Reactivamos el proyecto de represa de Casupá, como pieza central de la seguridad hídrica en el área metropolitana y se trata de la mayor inversión histórica de OSE para asegurar el abastecimiento de agua potable hasta el 2045.
En saneamiento, siguiendo una línea de trabajo que venía del Gobierno anterior, confirmamos una línea de crédito con Fonplata, con 325 millones de dólares, y empezamos a ejecutar las obras en Young, Rocha, Lascano, Minas, Aiguá, Las Piedras, Progreso, Colonia del Sacramento y Ecilda Paullier.
La meta es ejecutar 40 millones de dólares anuales, superando ampliamente los niveles históricos de inversión. Implementamos el Plan Nacional de Aguas, con nuevas estaciones de monitoreo y herramientas de alerta temprana.
Y en el 2026 avanzaremos, con el observatorio hidrológico, porque no hay desarrollo posible sin seguridad hídrica. El agua segura, el saneamiento universal y la transición energética son garantías de vida digna para las próximas generaciones.
En un mundo que compite por conocimiento, Uruguay apuesta a producir urgentemente. Más y mejor, agregando valor, cuidando recursos, integrando gente y regiones del país. Pusimos en marcha Uruguay Nova, articulando Estado, universidades, sistema científico y sector productivo.
La prioridad del tema se refleja en los 30 millones de dólares asignados para fortalecer el Sistema de Innovación.
Dimos un paso decisivo en la expansión del riego multipredial y a mediados de este mes de marzo presentaremos la Estrategia Nacional de Riego y una ventanilla única que simplificará trámites e impulsará inversiones: invertir en riego y dar certezas al productor y planificar el desarrollo frente al cambio climático.
Reactivamos con fuerza la política de Colonización y en 2025 escrituramos más de 9.000 hectáreas en ocho departamentos. Con una inversión histórica, de más de 49 millones de dólares en compras de tierras y una adjudicación que prioriza mujeres y jóvenes.
Ya lanzamos el Plan Nacional de Lucha contra la Garrapata, ante una amenaza que genera pérdidas estimadas en 95 millones de dólares anuales. Avanzamos en una vacuna innovadora desarrollada en Uruguay por el Instituto Pasteur. Nuestra apuesta al campo va más allá de la emergencia.
A través del programa Procría, acompañamos a 1.000 productores de hasta 1.000 hectáreas con 100 técnicos extensionistas para mejorar los indicadores productivos y deductivos, de la ganadería, bobina y ovina. En esa línea, dimos pasos que no se daban desde hacía décadas. Volvimos a convocar al Consejo Coordinador de Tecnología Agropecuaria, que no se citaba del 2007.
Y lanzamos el Fondo de Promoción de la Tecnología Agropecuaria por 6 millones de dólares. Creamos la primera unidad mixta internacional con Brasil y dos laboratorios conjuntos con China, uno en soja y otro en ganadería sostenible. La ciencia agropecuaria uruguaya no mira desde afuera el mundo que cambia, lo está construyendo.
En estos días, definimos la construcción de dos nuevos data center de Antel, uno en Pando, especializado en inteligencia artificial, con una inversión de 8 millones de dólares, y un segundo en Montevideo, para la redundancia geográfica y seguridad de la información. Ceibal sigue siendo ese puente entre las ideas y el futuro.
En marzo del año pasado, como señalé al asumir, lanzamos el primer laboratorio regional de inteligencia artificial en educación. Más de 40 proyectos innovadores presentados al mundo, casi 100.000 estudiantes aprendiendo pensamiento computacional e inteligencia artificial. Casi 10.000 jóvenes compitiendo en las Olimpíadas de Robótica, Programación y Videojuegos.
Este año, además, comenzaremos a iluminar las canchas de fútbol infantil en todo el país. UTE asumirá los costos de materiales y ejecución de obras y contratará cooperativas de trabajo en todos los departamentos para llevar adelante ese trabajo.
Avanzamos en el diseño de una nueva política industrial con horizonte 2050, instalando el Consejo de Industria como ámbito permanente de diálogo y poniendo en marcha núcleos productivos sectoriales. Vamos a instalar el Parque Tecnológico Regional Norte en Rivera, como polo binacional de innovación en inteligencia artificial.
Tengo el pleno convencimiento de que, como Estado, debemos poner a disposición del sector privado herramientas que faciliten la concreción de inversiones. El año pasado desplegamos un conjunto de medidas orientadas a simplificar y transformar los procedimientos vinculados al comercio exterior.
También modernizamos nuestro esquema de promoción de inversiones. Redoblamos la apuesta, con nuevas iniciativas, algunas de las cuales serán anunciadas en próximos días y otras a través de la Ley de Competitividad e Innovación, que presentaremos ante este Parlamento en el primer semestre del año.
Este es mi plan.
Más del 80% de compromisos asumidos están en marcha. Esto es un punto de apoyo, porque ahora empieza otra etapa: la de consolidar, la de profundizar, la de transformar lo que ya está en camino.
Creo en un Estado que marca el rumbo, en empresas que inviertan, con trabajadores que defiendan sus derechos y apuesten al desarrollo, academia, organizaciones sociales, gobiernos departamentales, necesitamos a la sociedad caminando junta.
Sabemos a dónde vamos, más empleo de calidad, más conocimiento aplicado, más producción con valor agregado, más integración regional, un país que exporta inteligencia, además de materia prima, que cuida el agua y la tierra, que no deja ningún departamento atrás, porque entiende que el desarrollo sin equidad territorial no es desarrollo, es concentración.
Ese es el rumbo. No tengan dudas, mi compromiso es la constancia, no los gestos grandilocuentes. Mis decisiones son las que sostienen, no la que declaran soluciones mágicas, porque la verdadera fortaleza de un gobierno está en la claridad de su dirección y en la responsabilidad de cuidar este país tranquilo que tanto nos identifica.
A comienzo del siglo XX, mientras el mundo recortaba derechos, Uruguay se animó a crear su propia fórmula, el voto femenino, la jornada de 8 horas, la educación laica gratuita, la separación de la iglesia y del Estado.
No copiamos a nadie, construimos algo propio. Hoy, en un mundo que se fragmenta y busca atajos, Uruguay tiene la misma obligación de siempre, ser el ejemplo de que las transformaciones profundas se construyen con paciencia, con convicción y con la gente adentro. Fuimos faro entonces, podemos serlo ahora.
Un país para crecer es un país que cuida su convivencia, que no improvisa ni cambia de dirección según el ruido del momento, que entiende que la estabilidad es un valor y que hace de ese atributo una bandera.
Ese es el ese es el Uruguay que estamos construyendo con los pies en la tierra y con la mirada al futuro y con la convicción de que gobernar es todos los días hacer crecer y cuidar lo que somos sin que nadie quede atrás. ¡Muchas gracias!
