Discurso en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing
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Debo confesar que esta visita, por supuesto, responde a una agenda de Estado, pero además estamos acá a solicitud de los propios alumnos o exalumnos, como el embajador o algún funcionario de la embajada, que, con orgullo, sabían que veníamos acá y decían: ‘Por favor, sería bueno que nos visite’. Todos conocemos, en el mundo o, por lo menos, en Uruguay, tenemos claro el rol y la importancia que tiene China, no, ya no voy a hablar en el tema económico y desarrollo, sino también en su forma de relacionarse con el mundo y en algunos planteos que fueron removedores, como lo de la Franja y la Ruta o el más reciente y sorprendente desde el punto de vista conceptual, como lo del futuro compartido.
Y aclaro una cosa, no soy historiador, soy docente de Historia, profesor de Historia, en la educación secundaria. Y cuando uno analiza la historia de esta civilización maravillosa, hay veces que nos faltan algunas respuestas. ¿Cómo es que lo han logrado? ¿O cómo ha sido posible que una civilización, un país como China, haya podido llevar adelante un relacionamiento a nivel mundial, y, en particular, con Uruguay, con América Latina, tan exitoso? Yo creo que aquí está gran parte de la explicación.
Hoy existen, me dijeron que tenía que conseguir algún aparato electrónico que te traduce automáticamente cualquier idioma. Ahora, hay algo que no lo traduce ninguna tecnología, que es el alma, el espíritu que se refleja cuando a un idioma se lo maneja, y no solo se lo maneja mecánicamente, sino, como ustedes, que son capaces de ponerle corazón en un tema musical o en una poesía. Eso es inexplicable, y no creo que exista tecnología que pueda sustituir esa conexión con el alma que eso tiene, a partir de, no el aprender mecánicamente el idioma, repito, sino de entender algunas formas del diálogo, que no es otra cosa que el contacto y la comunicación.
Queridos estudiantes, profesores y autoridades de esta universidad, por supuesto, para mí es un honor estar en esta casa de estudios, en un país con una historia milenaria. Vengo de un país históricamente abierto al mundo, Uruguay también es un país abierto al mundo. Abierto por dos cosas, por necesidad y convicción. Para Uruguay, la cooperación y el diálogo no son una opción, sino una condición para nuestra existencia.
Pero no vengo aquí a dar lecciones, sino a aprender en este tiempo lo máximo posible. China es una civilización antigua que ha sabido mirar lejos, muy lejos, y pensar en generaciones y no solo en el presente inmediato. Nos vive hablando del futuro. Nosotros, en América Latina, somos, en mayor parte, pueblos jóvenes. Mi país cumple este año, el año pasado, 200 años de existencia, solo 200. Con desigualdades persistentes y con mucho por aprender. Pero el futuro del mundo nos obliga a entendernos, a conocernos, a respetarnos, aunque seamos distintos. Este entendimiento nace, sobre todo, del conocimiento, del intercambio cultural, del diálogo académico. Por eso, no es casual que estemos hoy aquí, en esta universidad.
Las universidades son uno de los pocos lugares donde todavía se puede pensar en largo plazo, sin dejarse abrumar por las urgencias del momento. Hace 13 años yo estuve presente, fui testigo, el expresidente [José] Mujica estuvo y plantó aquí un árbol. Hoy vine a regarlo, a abonarlo, literal y simbólicamente, para que crezca sano, fuerte y frondoso, como queremos que sea la relación bilateral entre China y Uruguay. Con raíces fuertes, como todo lo indica, cuando uno mira y ve el tamaño de ese árbol, que le permiten a ese abeto y a esa relación mantenerse firmes cuando las ráfagas del viento y las inclemencias del clima azoten, y vaya si estamos viviendo una tormenta feroz en la geopolítica internacional. En momentos como este es que se pone a prueba la fortaleza de esas raíces. Y, por eso mismo, creo yo que tiene un valor especial estar hoy aquí, en China, en esta universidad, cuidando este hermoso árbol, que queremos que siga creciendo. Porque, como casi todo, es un proceso también la vida.
Hace 38 años que Uruguay estableció relaciones con este país, con la República Popular China, 38, no hace tanto, pero puedo decir con orgullo que cada uno de los presidentes que han estado al frente de mi país, de distintos partidos, porque esa es la dinámica y la forma de conducirnos en nuestro país, cada uno de los presidentes de cualquiera de los tres partidos que han estado en el gobierno ha venido, ha hecho la visita, que no es una visita por cumplir, sino una visita para profundizar cada vez más.
Por supuesto, como perteneciente a la misma fuerza política de Mujica, me siento orgulloso, pero me siento también orgulloso de pertenecer a un país que mantiene esa línea y que ha comprendido, por supuesto, las ventajas, materiales, económicas, que tiene un vínculo tan estrecho con China, sino que también el poder conocer cada vez más el milagro de esta civilización que tiene muchísimo, muchísimo tiempo y que persiste y se mantiene y que nos plantea mirar juntos el futuro.
Estimados y estimadas estudiantes, la receta para construir relaciones bilaterales saludables y sólidas entre naciones no es, a pesar de las diferencias, muy distinta a la que sirve para construir relaciones interpersonales, sino que se comparten muchos de sus ingredientes, principalmente la confianza mutua, que no se decreta, también se cultiva, se riega, se mantiene. La confianza mutua no es algo que se pueda imponer. La confianza se gana, se construye, fundamentalmente, con respeto mutuo y con reciprocidad.
Conocernos mejor, allí está uno de los roles clave de la interacción académica entre nuestros países. Está en la base de la construcción de respeto y confianza. Quiero, además, decirles que hoy, entre nosotros, está el rector de la Universidad de la República, la universidad pública del Uruguay, y la rectora de la Universidad Tecnológica del Uruguay, son las dos universidades públicas que en Uruguay existen. Es un placer que nos acompañen.
Uruguay ha decidido jugar un rol proactivo y constructivo en favor de la paz y el desarrollo sostenible. No tendremos importantes capacidades militares y económicas, pero poseemos un capital de estabilidad política y económica, inclusión social y búsqueda de acuerdos internos que creemos pueden ser de utilidad en una región y en un mundo cada vez más polarizados.
En el correr de este año, por ejemplo, Uruguay estará ejerciendo las presidencias del Consenso de Brasilia, que aglutina a 12 países de América del Sur, de la Comunidad de Estados de América Latina [Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños], la Celac, del Mercosur [Mercado Común del Sur] y del G77 [Grupo de los 77] más China, todo eso el mismo año, con la idea de ayudar a construir puentes entre nuestros vecinos y entre las naciones en general, en particular, en el Sur Global.
Esta es una muestra de nuestra apuesta por la cooperación y por el multilateralismo. Porque los grandes desafíos de nuestro tiempo no respetan fronteras. El cambio climático, las pandemias, la inseguridad alimentaria, la pérdida de biodiversidad, la inestabilidad financiera, los conflictos armados, el crimen organizado son problemas que trascienden fronteras. Frente a ellos, la respuesta no puede ser el aislamiento ni los unilateralismos sin reglas.
Por eso, para nosotros, el multilateralismo no es una consigna abstracta, sino una necesidad evidente. Para países pequeños, como Uruguay, es, además, una garantía mínima de voz y dignidad. A pesar de todos los ataques que viene sufriendo, creemos en la importancia de un orden internacional basado en reglas, en el derecho internacional, en el respeto entre los estados grandes y pequeños. En este marco, el relacionamiento entre Uruguay y China tiene una importancia estratégica.
No se trata solo de intercambio comercial, sino de construir una relación a largo plazo en la confianza, la cooperación y el aprendizaje mutuo. China, por su escala, su historia, su capacidad científica y tecnológica, tiene hoy una responsabilidad global. Uruguay, desde su tradición diplomática, puede aportar previsibilidad, compromiso con el multilateralismo y una cultura de diálogo.
A pesar de las notorias diferencias entre China y Uruguay, esta relación se ha convertido en un modelo de colaboración entre dos países de dimensiones geográficas, poblacionales y económicas distintas. Ambos países pueden contribuir desde lugares muy distintos a la generación de bienes públicos globales, por ejemplo, el conocimiento, la estabilidad, la seguridad alimentaria, la cooperación científica y la paz.
La paz y la seguridad internacionales no se construyen únicamente con poder militar. Se construyen con desarrollo, justicia social, educación y con oportunidades. Uruguay ha apostado históricamente a esta visión. Participamos en misiones de paz y defendemos la solución pacífica de las controversias.
Ustedes estudian lenguas extranjeras. Eso es mucho más que aprender palabras, estructuras gramaticales, es aprender a pensar el mundo desde la mirada del otro, a comprender otras historias, otras sensibilidades, otras formas de organizar la vida. Uruguay es un país agrícola, pero hemos aprendido que la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación son capital fundamental que debemos seguir desarrollando.
Hoy el mundo se divide cada vez más entre quienes producen conocimiento y quienes solo lo adquieren. Esta brecha es tan peligrosa como cualquier otra. Por eso, para países como el nuestro, invertir en universidades, investigación, formación científica no es un lujo, es una condición para el desarrollo. El intercambio académico entre China y Uruguay y entre China y América Latina es una de las formas más profundas de cooperación.
Cuando un estudiante viaja, cuando un investigador comparte su trabajo, cuando una universidad abre sus puertas a otra cultura, se construye algo que ningún tratado comercial puede garantizar: confianza entre los pueblos. La cooperación científica y académica no solo impulsa la innovación, también fortalece la paz. La ciencia no tiene bandera, puede ayudar a cerrar ciertas brechas o a profundizarlas.
Por eso, necesitamos universidades comprometidas con el bien común y con una ciencia al servicio de la humanidad. No podemos seguir viviendo encerrados entre nuestras fronteras mentales. La globalización no es solo comercio, es también responsabilidad compartida frente a este planeta y a las futuras generaciones.
Ustedes, desde este país, lo han planteado muy claro. Su presidente, cuando nos habla permanentemente del futuro compartido, está planteando esto precisamente. China ha demostrado una enorme capacidad de planificación, de inversión en educación, de sacrificio colectivo y de mirada a largo plazo. Ojalá todos aprendamos algo más de esta que es su experiencia.
Muchas gracias.
