Regulación Eléctrica

Seguridad energética, resiliencia y transformación tecnológica en América Latina y el Caribe

El Presidente de Ursea, MSc. Ing. Andrés Cardozo participó en el IV Foro de Reguladores, en el marco de la XI Semana de la Energía de OLACDE. El foro se centró este año en la temática “Regulación para los sistemas eléctricos del futuro”.
IV Foro de Reguladores Eléctricos Regulación para los Sistemas Eléctricos del Futuro

Su intervención se centró en el momento que enfrenta la regulación actual, atravesando lo que denominó la "tercera ola" de la regulación eléctrica. También hizo mención a la necesidad de diseñar la resiliencia de los sistemas desde el origen y a la necesidad de redefinir el perfil del regulador del futuro.

El IV Foro de Reguladores Eléctricos: "Regulación para los Sistemas Eléctricos del Futuro" fue impulsado conjuntamente por la Organización Latinoamericana de Energía (OLACDE), GET.transform y la Asociación Iberoamericana de Entidades Reguladoras de la Energía (ARIAE). Se encontraron autoridades reguladoras, organismos internacionales y especialistas del sector para reflexionar sobre los desafíos de la seguridad energética y la transformación tecnológica en América Latina y el Caribe.

Hacia una "tercera ola" de regulación eléctrica

El sector eléctrico atraviesa cambios más profundos que los abordados tradicionalmente, incluso más profundos que los derivados de la introducción de tecnología, en las últimas dos décadas,  en todos los segmentos del sector eléctrico. Los reguladores se encuentran hoy en el centro de tres transformaciones simultáneas: la transición energética, la digitalización y la equidad energética. Se configura una “tercera ola” en la regulación eléctrica que requiere de cambios en la forma de regular.

Ante la vertiginosidad de estos cambios, el Presidente de la Unidad afirmó que el principal desafío es consolidar un regulador flexible, que dialogue con la sociedad  de forma transparente, pero manteniendo sus características de independencia, legitimidad y constructor de confianza: en los usuarios de los servicios regulados, en las empresas que prestan servicios regulados, en quienes invierten, y en la sociedad en su conjunto. Asimismo, remarcó la importancia de tomar decisiones basadas en evidencia frente a la superabundancia de datos actual, agilizando procesos y acompañando la evolución tecnológica con la velocidad justa.

De la confiabilidad tradicional a la resiliencia del sistema

En relación con la seguridad energética, sostuvo que las unidades reguladoras deben ampliar su concepción tradicional centrada en la confiabilidad para incorporar el concepto de resiliencia, la cual incluye la recuperación de los sistemas de potencia desde perturbaciones, utilizando servicios prestados por un elenco amplio de tecnologías (máquinas rotantes, convertidores electrónicos con capacidad de grid forming, aprovechamiento de la digitalización en la gestión dinámica de la demanda y en mejora de prestaciones de los sistemas de protección y control). Esto incluye dotar al sistema eléctrico  de la capacidad para resistir eventos climáticos extremos, permitiéndole adaptarse a eventos imprevistos y recuperarse de eventos con rapidez. Por esta razón, es necesario complementar los registros históricos con escenarios prospectivos, análisis de riesgos y pruebas de estrés en la planificación de redes y decisiones de inversión. La resiliencia no debe ser una mera reacción posterior. Tiene que ser una característica diseñada desde el origen del sistema, ponderando adecuadamente sus costos, beneficios e integración con la sostenibilidad ambiental, la accesibilidad económica, la definición de métricas de desempeño que contemplen la distribución de beneficios por la incorporación de tecnología.

Neutralidad tecnológica e innovación

Al abordar el impacto de nuevas tecnologías —como el almacenamiento de energía, la generación distribuida, y la inteligencia artificial—, propuso una regulación tecnológicamente neutral. En lugar de regular pensando en tecnologías concretas, cómo se hizo tradicionalmente (los marcos regulatorios fueron diseñados en momentos donde la generación era esencialmente térmica o hidráulica y el paradigma de flujo de energía era unidireccional) el marco regulatorio debe definir qué servicios requiere el sistema, qué resultados se buscan y qué condiciones deben cumplir quienes los suministren, independientemente de la tecnología utilizada. En este sentido, resaltó el valor de “pensar fuera de la caja” y abogó por el uso responsable de herramientas de flexibilización o “válvulas de escape” como los sandboxes regulatorios para experimentar, cuando es posible, en entornos controlados.

El regulador del futuro y el interés público

Cardozo reflexionó también sobre la naturaleza de la función regulatoria. Marcó la diferencia entre regular y simplemente reglamentar o limitar. Para él, regular consiste en orientar una actividad hacia un objetivo de interés público, el cual surge de consensos sociales que evolucionan en el tiempo. Para graficar esta idea, utilizó la metáfora de la mezcladora de la ducha: un mecanismo que combina e integra diferentes caudales a diferentes temperaturas para lograr una temperatura adecuada a la salida. En la regulación de actividades o servicios, hay muchos  intereses legítimos —productores, trabajadores, usuarios y generaciones futuras—  pero el resultado óptimo que demanda la sociedad en cada momento, responde al interés público, que no es la suma de intereses individuales y, por tanto, requiere de diálogo, transparencia y se construye con confianza. Y al igual que la temperatura del agua de la ducha, que se ajusta en diferentes momentos o días, la regulación no es estática, debe ser dinámica por la mano del regulador que persigue el interés público.

Finalmente, concluyó que el regulador del futuro necesitará estructuras internas más flexibles, para realizar regulaciones mediante esfuerzos multidisciplinarios organizados en torno a problemas concretos o proyectos, contemplando no solo aristas técnicas, legales, económicas, sino también sociales y comunicacionales, en diálogo permanente. En simultáneo, resaltó la necesidad de disponer de observatorios y análisis de datos para medir casi en tiempo real el impacto efectivo de las decisiones regulatorias, y la necesidad de la cooperación entre países para aprovechar los aprendizajes individuales. 

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