Resistencia a los antimicrobianos: recomendaciones para un uso responsable de medicamentos veterinarios

La resistencia a los antimicrobianos (RAM) avanza sin provocar necesariamente señales visibles. No genera por sí misma un brote que pueda observarse en un establecimiento ni una emergencia sanitaria inmediata. Sin embargo, progresivamente puede hacer que los medicamentos que hoy permiten tratar determinadas infecciones dejen de ser efectivos.
Por eso se la conoce como “la pandemia silenciosa”.
Así lo explicó Manuel Sánchez, director del Centro Panamericano de Fiebre Aftosa y Salud Pública Veterinaria (PANAFTOSA), durante una entrevista realizada en el marco de su visita a Uruguay.
“Lo que está ocurriendo es que nos estamos quedando sin herramientas para luchar frente a determinadas enfermedades, porque esas bacterias, esos patógenos, adquieren resistencia y ya no responden a los medicamentos”.
El problema no termina en el animal tratado. Las bacterias resistentes pueden multiplicarse y transmitir esa información genética, contribuyendo a que la resistencia continúe propagándose.
Se trata, por lo tanto, de un desafío que atraviesa la sanidad animal, la producción de alimentos y la salud humana.
Del animal enfermo a una decisión responsable
En invierno, cuando determinadas situaciones sanitarias pueden llevar a incrementar la atención y los tratamientos de los animales, el mensaje cobra especial importancia: un antibiótico no debe utilizarse simplemente porque un animal presenta síntomas o porque un determinado producto funcionó anteriormente.
La recomendación es contar con el asesoramiento del veterinario para determinar qué está ocurriendo y, cuando corresponda utilizar un antimicrobiano, seleccionar el tratamiento adecuado.
Sánchez destacó que el uso responsable implica que los antimicrobianos sean prescritos por un profesional veterinario, identificando el problema que se busca tratar y utilizando el medicamento indicado para ese caso.
Pero la responsabilidad no termina con la elección del producto.
Una vez indicado el tratamiento, es fundamental cumplir las pautas establecidas: dosis, duración y frecuencia de administración. Interrumpirlo antes de tiempo, modificarlo o utilizar un medicamento sin indicación profesional puede contribuir al desarrollo de resistencias.
El tiempo de espera también forma parte del tratamiento
Otro aspecto central es respetar los períodos de espera establecidos para cada medicamento.
Es el tiempo que debe transcurrir desde la administración del producto hasta que el animal puede destinarse a faena o, en el caso de animales lecheros, hasta que su leche puede volver a utilizarse para consumo.
“Se tienen que respetar las pautas que se han dictado por parte del veterinario, respetando los días y también los períodos de supresión”, señaló Sánchez.
Esta precaución permite evitar la presencia de residuos de medicamentos veterinarios en los alimentos y constituye una responsabilidad directa dentro del proceso productivo.
Sánchez señaló que en los sistemas lecheros este concepto suele encontrarse muy incorporado, tanto por la identificación individual de los animales como por los controles asociados a la remisión de leche. En la producción de carne, en cambio, adquiere particular relevancia mantener la información de los tratamientos para evitar que un animal sea enviado a faena antes de haber cumplido el período correspondiente.
Registrar para poder decidir
¿Con qué producto fue tratado el animal? ¿Cuándo comenzó el tratamiento? ¿Cuándo recibió la última dosis? ¿Ya cumplió el tiempo de espera?
Responder esas preguntas requiere llevar un registro.
Y no se trata solamente de los antibióticos.
“Estamos hablando también de antiparasitarios, de cualquier antiinflamatorio. Todo esto tiene que estar registrado”, explicó Sánchez.
Contar con información sobre los medicamentos utilizados permite conocer qué animal recibió determinado tratamiento, durante cuánto tiempo y desde qué momento puede volver a destinarse su producción al consumo humano.
El registro sanitario deja así de ser únicamente una obligación documental: es una herramienta para tomar decisiones dentro del establecimiento y contribuir a producir alimentos seguros.
Una Salud: lo que ocurre en el campo no termina en el campo
La resistencia a los antimicrobianos es uno de los ejemplos más claros del concepto de Una Salud, que reconoce la estrecha relación entre la salud de las personas, los animales y el ambiente.
Aunque la resistencia también compromete la capacidad de tratar enfermedades animales, Sánchez advirtió que uno de sus impactos más preocupantes se observa en la salud pública.
Algunos microorganismos pueden acumular resistencias frente a diferentes medicamentos hasta convertirse en multirresistentes. En esas situaciones, las alternativas terapéuticas se reducen y determinadas infecciones pueden llegar a ser extremadamente difíciles de tratar.
“Podemos llegar al punto de no tener ningún tratamiento antibiótico adecuado porque el microorganismo ha acumulado tantas resistencias que no responde a ningún tratamiento”, explicó.
Las consecuencias pueden ser graves, incluyendo infecciones prolongadas, enfermedades crónicas e incluso muertes.
Por eso, preservar la eficacia de los antimicrobianos no depende exclusivamente de hospitales, médicos o autoridades sanitarias. También comienza mucho antes.
Comienza cada vez que, frente a un animal enfermo, se decide consultar al veterinario antes de administrar un antibiótico; cuando se utiliza el medicamento indicado y de la manera indicada; cuando el tratamiento queda registrado y cuando se respeta el tiempo de espera antes de que ese animal o sus productos ingresen a la cadena alimentaria.
Son decisiones cotidianas dentro de un establecimiento ganadero. Pero, tomadas correctamente, contribuyen a conservar herramientas terapéuticas que necesitamos todos.
