Conversatorio

La democracia ante el desafío de reinventarse

“Democracias bajo presión: reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe” es el título de la publicación del PNUD, en cuyo marco se realizó un conversatorio. El informe señala que la renovación de la democracia exige actuar sobre cinco nodos críticos: reconstruir las bases de la representación política, reforzar los contrapesos institucionales, restringir la influencia del poder económico, resguardar la deliberación pública y el ecosistema informativo, y recuperar el control estatal. También implica proteger la integridad de los procesos electorales como corazón de la democracia, avanzar hacia un desarrollo humano más igualitario y promover diálogos y pactos sociales vinculados a las demandas ciudadanas.
Conversatorio sobre Informe del PNUD "Democracias bajo presión"

En el Auditorio del Edificio Anexo de Torre Ejecutiva, este lunes 11, se realizó el lanzamiento del Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), titulado “Democracias bajo presión: reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe”.

La actividad fue encabezada por el presidente de la República, Yamandú Orsi, y la directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe, Michelle Muschett. La economista jefa del PNUD para la región, Almudena Fernández, presentó los principales hallazgos del informe, mientras que el representante residente del organismo en Uruguay, Stefano Pettinato, moderó el conversatorio.

La jornada finalizó con un conversatorio integrado por el historiador, politólogo y presidente de la Academia Nacional de Letras, Gerardo Caetano; la periodista y docente Ana Laura Pérez; el profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Católica del Uruguay, Juan Bogliaccini; la licenciada en Relaciones Internacionales e integrante de la Juventud Interpartidaria, Ema Wilkins; y el antropólogo y docente de la Universidad de la República, Javier Taks.

Fernández señaló que la desigualdad económica se traduce en una distribución desigual de la influencia política: “casi el 70 % de las personas apoyan políticas para reducir la desigualdad”, una demanda que no se traduce en políticas públicas debido a sistemas fiscales poco redistributivos. También indicó que en América Latina y el Caribe se observa una disminución de la confianza en los partidos políticos y una creciente inclinación hacia liderazgos individuales. “En la última década, menos personas se identifican con partidos políticos”, afirmó.

Asimismo, explicó que el informe identifica diversos puntos de presión sobre la democracia, el desarrollo humano y el Estado, entre ellos: la crisis planetaria y la gobernanza de los recursos naturales, que ponen a prueba la capacidad de equilibrar intereses privados, derechos colectivos y sostenibilidad; la polarización política; la inseguridad y el crimen organizado; la migración y el desplazamiento; y el impacto de la inteligencia artificial y la desinformación.

Desigualdad, cuidados, mujeres, niñez y adolescencia
Por su parte, Caetano se refirió a las fortalezas y amenazas de la democracia uruguaya. Señaló que Uruguay es la única democracia de partidos que persiste en América Latina, lo que favorece la convivencia política y la solidez institucional. Indicó, además, que los proyectos políticos no se estructuran en torno a confrontaciones personales y que existen ciertos frenos frente a las ultraderechas nacionalistas y populistas. También destacó una inserción internacional realista y principista, con una referencia republicana basada en la solidaridad.

Entre las amenazas, mencionó la violencia cotidiana y doméstica; el narcotráfico, que genera procesos antidemocráticos; la falta de instrumentos estatales de contralor sobre las campañas electorales y las políticas públicas; la necesidad de fortalecer el periodismo de investigación; y el aumento de la desigualdad. “Los más infelices son los niños, niñas, adolescentes y los adultos mayores”, afirmó. En ese sentido, subrayó la importancia del sistema de cuidados para construir igualdad y advirtió sobre los bloqueos a la reforma social: “Uruguay tiene que reformar en serio el Estado, porque fomenta la desigualdad”.

Puso el acento en la pobreza de niños, niñas y adolescentes y en la desigualdad territorial, lo que calificó de escandaloso y como una deuda que amenaza la solidez democrática. “Es necesario cortar con esta brecha escandalosa, lo que compromete el futuro”, afirmó.

También se refirió a la situación de las mujeres: si bien existe una agenda de derechos, persisten altas cifras de violencia doméstica y bajos niveles de participación política, así como la prevalencia de hogares monoparentales encabezados por mujeres.

Asimismo, reflexionó sobre la información y la comunicación en tiempos de aceleración. Señaló que, según un estudio de hace diez años de la OPP, uno de los principales problemas de Uruguay es la falta de capacitación para los nuevos empleos vinculados a la tecnología, lo que se relaciona con la necesidad de una educación de calidad acorde a las transformaciones actuales.

Intergeneracionalidad y partidos políticos
Wilkins dijo que existe la necesidad de generar acuerdos amplios e interpartidarios, más allá de las administraciones, junto con un diálogo intergeneracional que debe ser igual de natural en el ámbito político. “Cuando las causas son justas, se ven nutridas por la intergeneracionalidad”, afirmó.

Las desigualdades persistentes son causas justas, y los jóvenes deben ser invitados a participar y a construir a largo plazo. “Las democracias fuertes no son solamente las que resisten los problemas del presente, sino las que logran generar plataformas para pensar en el futuro”.

“Necesitamos partidos políticos más flexibles, de puertas abiertas, que generen pertenencia e identidad propias”, afirmó, al señalar que Uruguay es un país confiable, estable y serio.

Plataformas digitales, educación y tecnología
Pérez afirmó que la calidad del debate público en América Latina y el Caribe ha venido cambiando de forma acelerada. Hizo referencia a la reconfiguración estructural de la esfera pública a partir del nacimiento, desarrollo y crecimiento de las plataformas digitales.

Señaló que la desinformación constituye un sistema de distorsión organizado, y no un accidente, junto con una amenaza de polarización en Uruguay. Indicó que más del 60 % de la ciudadanía desconfía de las plataformas digitales, pero se informa a través de ellas.

También habló de lo que implica educar, generar transparencia y comprender cómo funcionan: qué es lo que se recibe y de dónde proviene, en quién se confía y de quién se desconfía. Asimismo, mencionó los modelos de negocio de las empresas, la distribución de la información, la baja calidad del debate, la agresión digital hacia las mujeres, el papel del dinero y la amplificación de los mensajes.

Subrayó la importancia de proteger el ecosistema informativo y garantizar la libertad de prensa, con condiciones económicas que permitan realizar investigaciones periodísticas. Asimismo, destacó la necesidad de romper con el determinismo tecnológico, entendiendo que las plataformas responden a modelos de negocio y a grandes sistemas de procesamiento. También señaló la importancia de las leyes y regulaciones, así como de un sistema político que comprenda el funcionamiento de estas tecnologías.

Desigualdad, trabajo y fragmentación social
Bogliaccini hizo referencia a los factores que están en tensión en las democracias de América Latina y el Caribe. Aseguró que la democracia funciona bien cuando soluciona tres cosas: incorporar a las personas como iguales; procesar conflictos sociales; y transformar demandas en soluciones legítimas. También dijo que la distribución económica genera desigualdad y comunidades sin inclusión social. Enfatizó que genera las fracturas emergentes en Uruguay son: la educación y la formación de habilidades; la inseguridad asociada a los mercados ilegales; y la informalidad en los mercados, lo que vulnera la cohesión social. 

Agregó que se observa en Uruguay, desde hace varias décadas, una fragmentación de las trayectorias educativas, fenómeno que se acentúa ante los cambios tecnológicos acelerados y las transformaciones en el mundo del trabajo.

“Esto afecta la vocación cívica del ciudadano y la propia socialización democrática. Los efectos de la inseguridad impacientan al ciudadano, al igual que la fragmentación de las trayectorias laborales, marcada por la ilegalidad y la informalidad. El desafío es evitar que las fracturas sociales se transformen en fracturas políticas permanentes”, puntualizó.

Institucionalidad y participación ciudadana
Taks afirmó que la presión sobre la democracia está vinculada a su capacidad para resolver el problema del extractivismo y la tensión entre el cuidado del ambiente y la vida.

Señaló que en Uruguay existe un enfoque de transición justa en materia climática y social, lo que calificó como una fortaleza, acompañada por una importante institucionalidad a nivel nacional. En tal sentido mencionó algunas herramientas como las asambleas y los plebiscitos que han reflejado las voces de la ciudadanía. 

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