A la fiebre aftosa se le gana con rapidez

Uruguay sostiene desde hace años un estatus sanitario que no es producto del azar. Es el resultado de un sistema que combina vacunación, vigilancia permanente y capacidad de respuesta, basado en una articulación constante entre el Estado, los productores y los veterinarios y veterinarias que trabajan en el campo.
En ese entramado, la fiebre aftosa ocupa un lugar particular: es una enfermedad conocida, erradicada en gran parte de la región, pero que continúa definiendo las políticas sanitarias de los países por su impacto directo sobre el comercio internacional de animales y productos de origen animal. Aunque la región mantiene un estatus sanitario privilegiado, con todos los países libres de fiebre aftosa excepto Venezuela, los brotes ocurridos en países libres de Europa demuestran que la clave es estar preparados para detectarla rápidamente y actuar de forma inmediata ante una emergencia.
“A la fiebre aftosa se le gana con rapidez”, resume el director de Servicios Ganaderos, Marcelo Rodríguez. La afirmación condensa una lógica central de la política sanitaria: el tiempo importa. Cuanto antes se detecta una sospecha, más rápido se puede actuar y menor es el impacto.
Las experiencias históricas en las Américas muestran que los brotes de fiebre aftosa fueron un punto de inflexión. Empujaron a los países a fortalecer sus sistemas veterinarios, invertir en recursos humanos, técnicos y financieros, y construir esquemas de vigilancia capaces de anticiparse a los problemas. Hoy, la enfermedad está erradicada en la mayoría de los países del continente, pero los escenarios internacionales recuerdan que la prevención sigue siendo una tarea activa, no un logro cerrado.
La Organización Mundial de Sanidad Animal señala que los países libres de fiebre aftosa deben seguir invirtiendo en prevención para evitar su reintroducción. En ese marco, el concepto de “servicios veterinarios” no se limita a la acción del Estado, sino que abarca al conjunto de actores que sostienen la sanidad animal en el territorio: autoridades oficiales, productores, laboratorios, y especialmente los veterinarios y veterinarias de libre ejercicio, que cumplen un rol central como primera línea de observación y notificación.
En Uruguay, la fortaleza del sistema sanitario descansa en esa corresponsabilidad. La presencia territorial de profesionales, su vínculo cotidiano con los productores y su articulación con los servicios oficiales permiten que la detección de una sospecha active rápidamente los mecanismos de evaluación y respuesta.
Cuando ese engranaje funciona, la contención es rápida, la propagación se limita y el impacto económico se reduce En el caso de la fiebre aftosa, el tiempo es determinante: detectar una sospecha en forma temprana puede marcar la diferencia entre un evento contenido y un impacto sanitario, productivo y comercial de gran magnitud.
Hablar de fiebre aftosa hoy no es hablar de crisis. Es hablar de prevención, de sistemas que funcionan y de un compromiso compartido entre el Estado, los veterinarios y veterinarias de libre ejercicio y los productores. Como muestra la experiencia regional, a esta enfermedad no se les gana con silencio, sino con información, preparación y rapidez.
