Garrapata en bovinos

Investigación aplicada para reducir residuos: “hacer las cinco cosas bien” en el uso de garrapaticidas

En la Jornada Nacional sobre Residuos de Garrapaticidas y Riesgos para la Cadena Cárnica, el investigador Gonzalo Suárez, de la Unidad de Farmacología y Terapéutica de la Facultad de Veterinaria, presentó avances científicos orientados a entender cómo se comportan los antiparasitarios a nivel predial y a prevenir desvíos que pueden derivar en residuos en carne.

Suárez planteó que el control de la garrapata no puede analizarse solo desde la eficacia o la resistencia: “El gran problema que tenemos con la garrapata es que nos basamos en los tratamientos químicos: vamos a tener problemas de inocuidad por la presencia de pesticidas”. En ese sentido, insistió en que se requiere un enfoque compartido: “Debemos cambiar la visión y tener una visión país… involucra a todos los actores de lo que es el sistema productivo”.

Según explicó, cuando los tratamientos se realizan de acuerdo con los registros aprobados y las indicaciones oficiales, el sistema debería funcionar sin generar conflictos: “Si nosotros utilizamos un garrapaticida… respetamos los tiempos de espera… lo utilizamos a la dosis… sobre productos registrados, no deberíamos tener problemas de residuo”. Sin embargo, señaló que la realidad de campo introduce variabilidad en dosis, frecuencia y condiciones de uso: “No todos los establecimientos tienen balanza… empezamos a tener variabilidades en las dosis, en las frecuencias de administración… y eso nos genera variabilidad de respuesta”.

A esa variabilidad operativa se suma, explicó, la variabilidad biológica: “Tenemos animales machos, hembras, preñados, gordos, flacos, terneros… y por lo tanto son elementos que también nos generan variabilidad”. En contextos de parasitosis intensa y fallas terapéuticas por resistencia, advirtió, puede aparecer un patrón de sobreuso que incrementa los riesgos: “El productor desesperado… muchas veces responde con aumentos de frecuencia del uso… y esto ya empieza a desviar de las situaciones originales pensadas al momento del registro”.

Cinco niveles para abordar el problema, desde lo básico a la gestión territorial

Suárez propuso ordenar el abordaje en cinco niveles de complejidad, comenzando por una “línea base” centrada en conocer las herramientas disponibles y aplicarlas bien: “Partimos de la premisa de que si nosotros hacemos bien las cosas, no deberíamos tener inconvenientes”.

En ese nivel, remarcó la importancia de que el productor tenga claras las diferencias entre productos y tiempos de espera: “Los productos tópicos… van de 42 a 822 días. Entonces el productor hoy tiene que estar pensando qué producto está utilizando y cuál será el tiempo de espera”. Por eso, subrayó el valor de herramientas simples y repetibles: “Registro y almanaque, dos herramientas básicas para poder hacer las cosas bien”.

Luego, ubicó un segundo nivel de prevención basado en eficacia, que requiere planificación sanitaria predial y diagnóstico: “No podemos seguir utilizando antiparasitarios sin un diagnóstico correcto… de nada sirve aplicar un producto si tiene resistencia, porque lo único que va a generar es más resistencia y problemas de residuo”.

En los niveles más avanzados, Suárez presentó líneas de investigación que incorporan modelos farmacocinéticos y farmacodinámicos para proyectar escenarios reales de uso, incluyendo repeticiones de dosis en programas sanitarios. Al describir estudios con ivermectina de larga acción, sostuvo: “Readministramos… a las dosis correctas… y visualizamos cómo los perfiles se van desarrollando… y fuimos a saber qué pasaba con esos perfiles… demostramos que si administramos el producto de forma correcta… no íbamos a tener una presencia considerable de acumulación o de riesgo”.

Además, destacó el potencial de usar modelos basados en fisiología para evitar repetir ensayos costosos y, a la vez, responder a variaciones reales de campo: “No, esto es un problema país… tenemos que velar por el bienestar animal… tenemos que aprovechar la información que hoy tenemos… y construir modelos que nos permitan dar respuestas a las variabilidades de uso”.

El quinto nivel, dijo, apunta a la gestión territorial del riesgo y al uso inteligente de datos oficiales para focalizar acciones. En ese punto, mencionó el aporte del sistema de declaración de compras (VIGÍA) para generar indicadores por molécula y localizar zonas de mayor uso: “Partiendo de datos oficiales… entendimos la molécula… y generamos… áreas de mayor riesgo… es una herramienta que no es de afuera, es de acá también”.

Un mensaje final para productores: “cinco cosas” que evitan residuos

Suárez cerró con un mensaje práctico, orientado a facilitar decisiones en campo: “Si hacemos las cosas bien, vamos a tener resultados bien”. Y sintetizó cinco condiciones clave: “Que tratemos al animal correcto, que le demos el medicamento correcto, que hagamos la vía de administración correcta, que hagamos la dosis correcta y que esperemos el tiempo de espera correcto”.

En esa línea, enfatizó que la prevención puede empezar por lo simple y lo cotidiano: “No tenemos que hacer los supermodelos, tenemos que hacer las cosas fáciles y fáciles de transmitir”. Y concluyó que el objetivo común es reducir el riesgo de residuos, con herramientas aplicables a toda la cadena: “Que todas estas herramientas disminuyan el riesgo de residuos”.

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