Manuel Sánchez: “Estar libres de fiebre aftosa no significa que podamos dejar de prepararnos”

Hace 75 años, cuando fue creado el Centro Panamericano de Fiebre Aftosa (PANAFTOSA), la enfermedad estaba fuera de control en América del Sur.
La situación sanitaria era tan compleja que la fiebre aftosa había sido identificada como una prioridad regional e internacional. Combatirla fue, precisamente, la razón de ser del organismo que nació bajo la órbita de la Organización Panamericana de la Salud.
Tres cuartos de siglo después, el mapa es otro.
“En la región ha evolucionado muy bien el proceso de erradicación”, explicó Manuel Sánchez, director de PANAFTOSA, durante una visita a Uruguay. Hoy, Venezuela es el único país sudamericano que todavía no cuenta con reconocimiento como libre de fiebre aftosa.
Pero el éxito regional tiene una contracara.
La fiebre aftosa no desapareció del mundo.
En África, Oriente Medio y buena parte de Asia el virus continúa presente. Algunas cepas incluso están desplazándose entre regiones acompañando los movimientos de animales.
Y en un mundo donde también se mueven personas, mercancías y equipamientos, miles de kilómetros ya no constituyen por sí solos una barrera sanitaria.
“Estamos en un mundo muy globalizado”, señaló Sánchez. Un viajero que haya estado en contacto con animales infectados, ejemplificó, puede transportar material contaminado en ropa o equipamiento e introducir el virus en un territorio libre.
Por eso, para los países que consiguieron erradicar la enfermedad, el desafío cambió.
Ya no se trata solamente de combatir la aftosa.
Se trata de evitar que vuelva.
Antes de la vacuna están las barreras
Uruguay mantiene la vacunación sistemática de sus bovinos contra la fiebre aftosa. Pero para Sánchez, pensar la prevención exclusivamente desde la vacuna deja fuera una parte fundamental de la estrategia.
La primera pregunta debe ser otra: ¿por dónde podría entrar el virus?
Eso requiere análisis de riesgo capaces de identificar dónde existe una amenaza, cuáles son las posibles vías de ingreso y, a partir de esa información, orientar las medidas de prevención y los controles fronterizos.
Después viene una segunda capacidad: detectar una eventual introducción lo antes posible.
“Cuanto antes lo detecta, antes me va a permitir reaccionar y contenerlo”, explicó.
Y existe todavía una tercera: estar preparado para responder.
Planes de contingencia, mecanismos de contención y herramientas de emergencia no se improvisan cuando aparece un foco. “Eso se ensaya en época sin brotes”, sostuvo Sánchez.
Esa lógica estuvo detrás de las jornadas de trabajo desarrolladas en Uruguay con participación del sector público, productores, industria, academia, veterinarios privados y organismos internacionales.
Los participantes discutieron qué debería hacer el país si apareciera fiebre aftosa en Brasil y qué ocurriría si, finalmente, el virus ingresara a Uruguay.
Para Sánchez, preparar esas respuestas antes de necesitarlas es especialmente importante después de 25 años sin una epidemia.
Quienes enfrentaron aquella crisis van dejando la actividad y con ellos puede desaparecer parte de la experiencia acumulada.
La respuesta, sin embargo, no consiste en reproducir exactamente lo que se hizo entonces.
Porque Uruguay tampoco es el mismo país sanitario que era en 2001.
Una herramienta que Uruguay no tenía en 2001
Hay un ejemplo que Sánchez destaca especialmente: la trazabilidad.
“El sistema de trazabilidad es excelente”, afirmó.
Hace 25 años esa herramienta no existía. Ante una eventual introducción del virus, hoy permitiría reconstruir movimientos, identificar contactos y aportar información decisiva para contener la propagación.
También existen nuevas herramientas previstas en las normas internacionales, como las zonas de protección y las zonas de contención, que permiten diseñar respuestas específicas frente a una amenaza o una emergencia.
A ellas se sumó durante estas jornadas la adhesión de Uruguay al Banvaco, el banco regional de antígenos y vacunas para emergencias de fiebre aftosa.
Su utilidad responde a un problema que puede resultar contraintuitivo: un país que vacuna también puede enfrentarse a un virus contra el que su vacuna habitual no proteja adecuadamente.
Existen diferentes serotipos y cepas. Si ingresara una variante que no estuviera cubierta por la vacuna utilizada en el país, explicó Sánchez, el virus podría propagarse incluso entre animales vacunados.
En ese escenario, disponer rápidamente de un antígeno adecuado permitiría utilizar la vacunación de emergencia como una herramienta adicional para contener la transmisión.
Las muestras que ayudan a demostrar que Uruguay sigue libre
Prepararse para una emergencia es solo una parte del trabajo.
La otra ocurre todos los años, aun cuando no hay enfermedad.
Uruguay realiza estudios serológicos para aportar evidencia de ausencia de circulación viral y evaluar la inmunidad de la población vacunada.
Para un productor seleccionado, puede significar simplemente recibir una llamada y permitir que técnicos ingresen a su establecimiento para extraer muestras. Detrás de esa intervención existe un sistema de vigilancia que contribuye a sostener el estatus sanitario del país.
Los establecimientos no son elegidos a criterio de los técnicos. El muestreo es probabilístico y selecciona predios al azar. Según explicó Sánchez, alrededor de 300 establecimientos participan en cada muestreo.
En bovinos vacunados se buscan, entre otros elementos, anticuerpos frente a proteínas no estructurales del virus. Estos estudios permiten diferenciar la respuesta generada por la vacuna de señales compatibles con una posible circulación viral.
Esto es especialmente relevante porque la vacunación puede reducir la expresión de los signos clínicos.
Por eso la vigilancia no puede depender únicamente de esperar que alguien encuentre un animal enfermo.
Los muestreos serológicos complementan la vigilancia pasiva, los controles realizados sobre movimientos y otras herramientas del sistema sanitario.
¿Y por qué se muestrean ovejas?
Es una pregunta que, según surgió durante la entrevista, los productores hacen con frecuencia.
Los ovinos pueden infectarse con fiebre aftosa, pero en Uruguay no son vacunados contra la enfermedad.
Eso podría convertirlos en buenos animales centinela. Sin embargo, hay una dificultad: en los pequeños rumiantes los signos clínicos pueden ser mucho menos evidentes que en otras especies.
De ahí la importancia de incluirlos también en determinados esquemas de vigilancia.
Para Sánchez, la colaboración de los productores seleccionados para estos estudios tiene un valor que trasciende al establecimiento.
Cada año Uruguay debe presentar información que respalde el mantenimiento de su condición sanitaria. Esa evidencia también es requerida por países que compran productos uruguayos.
Permitir un muestreo, en ese sentido, es participar de una construcción colectiva: demostrar que el virus no está circulando.
Una enfermedad que no reconoce fronteras
Sánchez destacó la participación que tuvieron en las jornadas representantes del Servicio Veterinario Oficial, la academia, los gremios y otros actores vinculados al sector.
Pero hubo otra presencia que consideró particularmente relevante: la de técnicos de países vecinos.
La fiebre aftosa es una enfermedad transfronteriza. Un virus no modifica su comportamiento cuando atraviesa un límite político.
Por eso, sostuvo, los servicios veterinarios de la región necesitan mantener una coordinación estrecha, compartir información y conocer las estrategias de preparación de sus vecinos.
Invitar a técnicos de otros países a ejercicios y simulacros permite que observen cómo se prepara un Estado y, al mismo tiempo, incorporen aprendizajes para sus propios sistemas.
La historia de PANAFTOSA muestra hasta dónde puede llegar esa cooperación.
El organismo nació hace 75 años para enfrentar una enfermedad que se encontraba descontrolada en América del Sur. Con el tiempo amplió su mandato hacia zoonosis, inocuidad de los alimentos, resistencia antimicrobiana y otros problemas de salud pública veterinaria, bajo una mirada que hoy se integra al concepto de Una Salud: comprender que la salud animal, humana y ambiental están relacionadas.
La fiebre aftosa, sin embargo, sigue formando parte de su nombre y de su trabajo.
Solo que el desafío regional es ahora diferente.
Durante décadas, América del Sur trabajó para eliminar el virus de su territorio.
Ahora tiene que conseguir que el éxito de haberlo eliminado no haga olvidar todo lo que fue necesario para lograrlo.
