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AGRICULTURA FAMILIAR

Mujeres rurales de Sánchez Chico llevan adelante un invernáculo con financiación del MGAP, "Somos Mujeres Rurales"

Creación: 07/06/2021
Última actualización: 07/06/2021
En la localidad de Sánchez Chico, en el departamento de Río Negro, un grupo de cinco mujeres rurales iniciaron un proyecto productivo en el marco de la convocatoria “Somos Mujeres Rurales”, tercera edición. Esta es una convocatoria que lleva adelante la Dirección General de Desarrollo Rural del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (DGDR/MGAP), en conjunto con el Instituto Nacional de las Mujeres del Ministerio de Desarrollo Social (INMUJERES/MIDES).
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Se propusieron desarrollar una experiencia grupal de producción bajo invernáculo. Confiaban en que de esta manera podrían desestacionalizar la producción y acelerar el ciclo de crecimiento. Comenzaron con la idea de desarrollar un módulo de plantines que luego serían trasplantados a las huertas individuales de las integrantes del grupo. El destino principal sería el autoconsumo y con el excedente pensaban vender en comercios cercanos y trasladar parte de la producción a Young.

Valeria Núñez, integrante del grupo, cuenta cómo fue que surgió esta iniciativa: “Soledad fue la que nos motivó, como nosotros siempre hacemos quinta, se nos ocurrió hacer un invernáculo. De acá sacamos algunos plantines para la huerta. Y a la escuelita también le damos alguna mano con los plantines. Y los niños vienen a ver la huerta y nos ayudan”

Son cinco mujeres. “Entre todas hacemos algo. Una riega, otra viene y arranca algún yuyito, y ahí la vamos llevando”.

La idea es vender en la localidad. Ya han cosechado y vendido cebollín, lechuga y espinaca. “Es una ayuda para el ingreso del hogar. El otro día no teníamos plata para las fotocopias de mi hijo, vendimos unos cebollines y sacamos de ahí. Es una ayuda. Para la olla también. Se arranca alguna hoja de acelga, alguna cebollita de verdeo o perejil”, dice Valeria.

Nunca habían trabajado con invernáculo, sí plantaban en la quinta, a campo. Están muy motivadas. Ahora quieren plantar zapallito de tronco, pepino y cebolla. “Los niños me ayudan. Todos colaboran”, dice Valeria. “Ahora, con la pandemia, ellos con esto se distraen, tienen algo con qué entretenerse”, cuenta.

Tener la verdura fresca es impagable. “Para hacer un invernáculo propio no da. Tuvimos la ayuda del MGAP. Sin esa ayuda no se hubiese logrado. Además tenemos asistencia técnica”, dicen.

Valeria cuenta lo que ha significado la experiencia en su vida: “A mí me cambió la vida porque en poquito tiempo sacás la verdura. Vendí cebollines y pude pagar el agua. Es mucha ayuda, viene bárbaro”.

Romina es la hermana de Valeria y también forma parte del grupo. Tiene 37 años. Es ama de casa y comparte la vida con su esposo y su hija. También cuenta que fue una de las compañeras las que las motivó a emprender, porque en el pueblo no había oportunidad laboral ninguna: “Esto fue algo nuevo para nosotras, porque la verdad que nos pusimos a hacer un invernáculo y no sabíamos nada y no teníamos ni idea de cómo íbamos a empezar y a lo primero costó mucho. Hoy día ya lo tenemos sembrado y ya se ven sus frutos”.

Sienten que el apoyo del MGAP fue fundamental: “Si el Ministerio no nos hubiese apoyado no hubiésemos logrado esto que tenemos ahora. Y nuestros maridos nos ayudaron mucho en la construcción de la estructura del invernáculo y a mover tierra”, cuenta.

“Creo que nos cambió la vida en el sentido que es una gran ayuda porque hoy día ya se usa la verdura para consumo propio y mi hermana Valeria, que es la que más ha trabajado, ya ha logrado vender y saca para las fotocopias y para algún material que necesiten sus hijos para estudiar”.

Romina es diabética y entiende que la huerta ha sido fundamental: “Tener la verdura fresca es de gran ayuda, tanto para mi salud como para mi bolsillo. También me ha servido como distracción y para Valeria ni que hablar, en estos tiempos de pandemia, es un entretenimiento para sus hijos, que la han ayudado mucho”.

“Estamos muy orgullosas de los logros que hemos tenido como grupo y nos gustaría seguir emprendiendo”, dicen.

El proceso no fue fácil, pero con el correr del tiempo, sienten que valió la pena el esfuerzo: “Al comienzo fue algo de mucho sacrificio porque nos reuníamos acá en Sánchez Chico y después había que ir a la ciudad a buscar precios. Eso lo hacía Soledad, que fue quien nos motivó a presentar el proyecto. Ella actualmente vive en la ciudad pero vivió mucho tiempo en el medio rural y era quien pedía presupuestos en las barracas, en los aserraderos... Luego yo me iba a Young para comprar el material. Pero nunca estuvimos solas, Jorge Firpo (MGAP) siempre me acompañaba a comprar. Se trataba de comprar todo lo posible para pagar un solo flete y lo que no conseguíamos, Jorge lo encargaba para que nos saliera más barato. Fue una persona fundamental para el armado del invernáculo, y nos sigue apoyando”, cuenta la joven.

 

La convocatoria

Somos Mujeres Rurales es una política pública que lleva adelante el MGAP en conjunto con MIDES. A esta convocatoria se podían presentar grupos de 5 o más mujeres mayores de 18 años, preferentemente radicadas en el medio rural y/o directamente vinculadas a la actividad agropecuaria.

En la primera edición de este llamado (2015) se presentaron 126 propuestas, involucrando a 1.054 mujeres de todos los departamentos del país. Finalmente fueron financiadas 29 propuestas, con un total de 270 mujeres, y hubo dos millones de pesos de financiamiento. 22 de las iniciativas tuvieron presencia de mujeres jóvenes.

En la segunda edición de esta convocatoria (2017-2018) se aprobaron 34 proyectos (23 productivos, 11 de incidencia), por un monto total de 3 millones de pesos uruguayos.

En la tercera edición se presentaron (2019-2020) 138 propuestas con representación en todos los departamentos del país, de las cuales fueron seleccionadas 30 para financiamiento.

En estos momentos se encuentra en ejecución la convocatoria “Camino Mujer”, que tiene por objetivo contribuir a mejorar la sostenibilidad de la producción agropecuaria a través de la mejora de la producción, el asociativismo y la incorporación de tecnologías. Cada mujer percibirá hasta 2.000 dólares, debiendo aportar como contraparte la diferencia entre el apoyo recibido y el monto total del proyecto, la cual deberá ser de al menos el 20% del costo total. La asistencia técnica no es considerada parte de este monto, sino que es financiada de forma independiente.

 

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