A 33 años del incendio del Palacio de la Luz

El 13 de agosto de 1993, en horas de la madrugada, se desató un incendio en el octavo piso del Palacio de la Luz (sede central de la Administración Nacional de Usinas y Transmisiones Eléctricas), que rápidamente se propagó hasta el piso 10 y afectando también una estructura localizada en la azotea a nivel del decimoprimer piso, cambiando para siempre la historia de la seguridad edilicia en Uruguay.
En el momento del incendio había alrededor de cien personas trabajando en el edificio. La mayoría se encontraba en los pisos inferiores al octavo, por lo que pudieron evacuarse a tiempo. Sin embargo, cinco trabajadoras del servicio de limpieza quedaron atrapadas por el avance de las llamas. Tras refugiarse en una oficina con la esperanza de ser rescatadas, fallecieron debido a las condiciones extremas.
El informe pericial de Bomberos consideró diversas hipótesis sobre el origen del fuego, siendo la más probable la ocurrencia de un accidente eléctrico (cortocircuito).
Un rescate aéreo sin precedentes
En condiciones climáticas y operativas extremadamente adversas, un helicóptero Bell 212 (FAU 030) de la Fuerza Aérea Uruguaya, perteneciente al Escuadrón Aéreo N.º 5 con base en el Aeropuerto de Carrasco, y con tripulantes de la Fuerza Aérea y rescatistas de la Dirección Nacional de Bomberos a bordo, logró evacuar a otras cinco personas que habían llegado hasta la azotea para escapar de las llamas.
La operación, inédita en el país por su complejidad y nivel de riesgo, debió sortear múltiples obstáculos, entre ellos el intenso humo, las elevadas temperaturas y la presencia de antenas en la azotea del edificio.
Según relatos de crónicas de la época, los rescatistas debieron descender hasta la azotea del edificio desde el helicóptero utilizando una grúa que portaba dicha aeronave. Luego, tenían que rescatar a las personas que allí esperaban tratando de evitar el fuego y el humo, que podía ser letal para las turbinas, además de las antenas del propio Palacio de la Luz.
Bomberos estimó que la temperatura superó los 1.000 grados celsius.
La evolución institucional asociada a eventos extremos
Este hito evidenció carencias estructurales y operativas en la preparación y respuesta ante emergencias, como la falta de protocolos de evacuación, deficiencias en las condiciones de seguridad edilicia y la ausencia de una normativa técnica actualizada.
En ese contexto, cristalizó públicamente la percepción del riesgo de desastres y la conciencia de que se debían adoptar medidas para gestionarlo. Esas primeras medidas se centraron en los aspectos logísticos y operativos, generando un primer marco permanente de trabajo en la preparación y respuesta en 1995, con la aprobación del Decreto 103/995 del 24 de febrero de 1995, germen de lo que más tarde dio origen al Sinae.
