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Investigaciones - REDD+

Monitoreo de especies exóticas invasoras del bosque nativo de Uruguay mediante sensoramiento remoto

Degradación forestal: se han propuesto muchas definiciones de degradación forestal (Lund 2009), sin embargo, en la actualidad no hay una definición consensuada entre los países sobre la degradación de los bosques debido a la complejidad en su formulación, dependiente del contexto ambiental y socioeconómico en el que se desarrollan los bosques (Sasaki y Putz 2009; Armenteras et al. 2016).

Se puede definir degradación como un proceso de reducción de la calidad de los bosques (Lund 2009), que afecta negativamente sus características (Simula 2009), tanto su estructura, función, composición de las especies y/o productividad, que están normalmente asociadas con el tipo forestal natural en ese sitio (International Tropical Timber Organization [ITTO] 2002). La degradación forestal reduce la capacidad de los bosques para suministrar servicios ecosistémicos, tales como el almacenamiento de carbono (FAO 2010; Thompson et al. 2013; Bustamante et al. 2016), la producción de madera u otros productos no forestales, recursos genéticos (Sasaki y Putz 2009) y manteniendo solo una limitada diversidad biológica.

No existe una forma general reconocida de identificar un bosque degradado ya que la degradación varía dependiendo de la causa que la genere, de los bienes o servicios afectados y de las escalas temporales o espaciales que se consideren. Es decir, varía en cuanto a la magnitud, gravedad, temporalidad, reversibilidad, frecuencia y origen, dependiendo del punto focal desde el que se observe y se determine. A diferencia de la deforestación, la degradación forestal puede ocurrir mientras se mantiene la cobertura arbórea (Sasaki y Putz 2009; Simula 2009), y resulta en una pérdida de algunas funciones de los bosques (Lund 2009), como por ejemplo, reducción en la capacidad para proveer servicios ecosistémicos o cambios en la composición de las especies (Sasaki y Putz 2009). En este sentido, cambios en la estructura del ecosistema, especialmente en la biodiversidad, pueden estar provocados por la presencia de especies exóticas invasoras.

El proceso degradador responde a fenómenos de perturbación, cuyo origen puede ser de carácter natural o antropogénico o una combinación de ambos (Simula y Mansur 2011). Disturbios antrópicos degradan los bosques reduciendo su diversidad taxonómica y funcional, impidiendo su recuperación y desestabilizando el ecosistema (Thompson et al. 2009). Algunas de las principales causas de degradación forestal tanto directas como indirectas pueden ser: cortas selectivas, incendios, extracción de leña excesiva, agricultura migratoria, pastoreo excesivo, extracción de minerales, construcción de carreteras e invasión de especies exóticas dentro de áreas degradadas (Global Observation of Forest and Land Cover Dynamics [GOFCGOLD] 2009; FAO 2009; Armenteras et al. 2016).

La degradación de los bosques es una preocupación mundial generalizada y una importante cuestión contemporánea para varias organizaciones y convenciones de las Naciones Unidas. Un ejemplo de ello es el mecanismo de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación forestal (REDD+), que apunta a mitigar el cambio climático promoviendo la reducción de las emisiones de carbono por pérdida forestal, así como el aumento de los stocks de carbono de los bosques, su conservación y manejo sostenible (United Nations Framework Convention on Climate Change [UNFCCC] 2010; UNFCCC 2016). En el componente de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV) del mecanismo REDD+, la medición de cambios en el stock de carbono es obligatoria y requiere monitoreos consistentes y a largo plazo de los bosques, respaldado con observaciones y datos de campo (GOFC-GOLD 2012; De Sy et al. 2012). Esto exige la adquisición de los llamados datos de actividad, es decir, la superficie cuantificada que experimenta procesos de cambio forestal (deforestación, degradación y regeneración).

“Dado que el cambio climático y los cambios en el uso de la tierra están ocurriendo a tasas sin precedentes, se necesitan datos satelitales constantes y continuos en el tiempo para monitorear y cuantificar estos cambios a nivel global” (Jiang et al. 2008, p. 3833). La teledetección de la degradación forestal sigue siendo un desafío a ser incorporado a un sistema de monitoreo de bosques y más aún para evaluar los cambios en el stock de carbono a lo largo del tiempo (Bustamante et al. 2016). Las imágenes satelitales, debido a su regularidad en el tiempo y a su cobertura espacialmente completa y consistente, tienen la capacidad de proveer información valiosa y complementaria a las mediciones basadas en el sitio para detectar procesos de degradación forestal (Wallace, Behn and Furby 2006). Sin embargo, esta capacidad es limitada, ya sea porque es difícil detectar los cambios en la cobertura que ocurren a pequeña escala o porque la degradación que está ocurriendo se da por debajo del dosel del bosque.

Disturbios en los ecosistemas pueden actuar como facilitadores de las invasiones ya que producen un cambio en los patrones históricos de rotación o flujo de recursos (e.g. agua, nutrientes, luz, etc.) y esta heterogeneidad temporal en la disponibilidad de recursos crea una oportunidad para colonizar, que puede ser aprovechada por especies con gran capacidad de establecimiento como las especies exóticas invasoras (EEI), siempre y cuando exista fuente de propágulo (Sher y Hyatt 1999; Davis, Grime y Thompson 2000; Theoharides y Dukes 2007; Vilà et al., 2008). La alteración antrópica del paisaje producto de su fragmentación o cambio en el uso de suelo, influye en la probabilidad de llegada de EEI, en su establecimiento y en su posterior expansión dentro de este hábitat y otros circundantes, perjudicando a las especies nativas (With 2002; Minor et al. 2009; Vilà y Ibáñez 2011). Se asume que una afectación en la integridad del ecosistema, como puede ser la degradación de los bosques, representa un factor de vulnerabilidad de las especies nativas y sus hábitats a los efectos de las especies invasoras, aunque no existe en el país un análisis integral sobre qué tipo de afectaciones, intensidad y extensión son las que favorecen la introducción e invasión de las EEI (Martino 2012).

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