Cabildo de Montevideo

Acervo Histórico

Custodiar el Cabildo es también custodiar una memoria presente desde el origen de la ciudad.
Historia

La historia del Cabildo permite reconocer los vínculos —y también las contradicciones— entre la construcción de Montevideo y la presencia indígena. Mientras guaraníes misioneros fueron convocados para participar en la construcción de las primeras fortificaciones de la ciudad, la legislación colonial excluía del gobierno capitular a quienes tuvieran antepasados indígenas. Las propias actas del Cabildo registraron, además, las negociaciones de paz con los minuanes, habitantes del territorio circundante.

El actual edificio comenzó a construirse en 1804, según proyecto del arquitecto Tomás Toribio, concebido originalmente como “Cabildo y Reales Cárceles”. Su construcción atravesó distintas etapas e interrupciones vinculadas al devenir histórico del país. Tras la muerte de Toribio en 1810, las obras continuaron con la participación de su hijo José, incluyendo ampliaciones destinadas a responder a las nuevas funciones institucionales de la República.

Desde 1829, el edificio fue sede de la Representación Nacional y posteriormente de las Cámaras de Senadores y Diputados, que permanecieron allí hasta 1925. Su configuración exterior se completó fundamentalmente entre 1867 y 1869, con la ejecución de la cornisa, el pretil y el frontón triangular de la fachada principal. En 1958, al ser destinado a Archivo y Museo Histórico Municipal, fue objeto de una importante restauración orientada a recuperar su lenguaje y espacialidad colonial.


Arquitectura y valoración

El Cabildo constituye uno de los principales ejemplos de arquitectura civil pública del período colonial en Montevideo y un claro exponente del neoclasicismo colonial. El edificio, de dos niveles y composición prácticamente simétrica, organiza sus espacios y galerías en torno a cuatro patios, con un núcleo central que alberga la escalera principal.

Su arquitectura se caracteriza por la austeridad y claridad formal, con muros sencillos y ornamentación clásica, combinando mampostería de ladrillo revocada con elementos de piedra. La fachada principal, sobre Juan Carlos Gómez, concentra la mayor jerarquía compositiva en su cuerpo central, mediante columnas, pilastras, entablamentos y molduras, con el empleo de los órdenes dórico en planta baja y jónico en planta alta.

A su valor arquitectónico se suma una particular relevancia histórica, urbana y simbólica. Su vinculación con acontecimientos fundamentales de la historia nacional y su emplazamiento frente a la Plaza Constitución, en relación con la Catedral, lo convierten en un referente de la identidad y del imaginario colectivo de Montevideo.


Intervención

Entre 2012 y 2016, la Dirección Nacional de Arquitectura (DNA–MTOP) ejecutó y dirigió una intervención integral de restauración de la envolvente del edificio, a partir de un proyecto de la Intendencia de Montevideo. La actuación comprendió aproximadamente 3.300 m², incluyendo la totalidad de las fachadas sobre las calles Sarandí y Juan Carlos Gómez y la cubierta abovedada.

Los trabajos abarcaron la limpieza, reparación, recomposición, restauración, liberación y sustitución de distintos elementos y comprendieron diversas especialidades. Entre las principales actuaciones se realizaron la restauración de los elementos de piedra, del grupo escultórico del frontis y de los revoques símil piedra de molduras y ornamentaciones; la sustitución de revoques de entrepaños; la impermeabilización de azoteas; la pavimentación de balcones; y trabajos de albañilería, carpintería, herrería y terminaciones.

La condición del edificio como Monumento Histórico Nacional y la complejidad de sus materiales y sistemas constructivos requirieron un conocimiento preciso de su estado de conservación. Para ello se realizaron relevamientos, cateos, ensayos y pruebas que permitieron definir y ajustar técnicas, procedimientos y productos según las distintas patologías detectadas.

El proceso fue desarrollado principalmente por personal de la DNA y contó con la participación de especialistas y artesanos de distintos oficios, entre ellos restauradores, yeseros, canteros y marmoleros. Las decisiones adoptadas durante la obra fueron consensuadas entre la DNA–MTOP, la Intendencia de Montevideo y la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, procurando soluciones compatibles con las características materiales, constructivas y patrimoniales del edificio.

Futuro
 

La intervención dejó, además de una envolvente restaurada, una base de conocimiento para el seguimiento y la conservación del edificio. Los relevamientos, cateos, ensayos y pruebas realizados durante el proceso permiten que las futuras decisiones de mantenimiento y conservación respondan a su materialidad, su historia y sus necesidades.

La restauración concluye; la custodia continúa.

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