Museo Nacional de Antropología

Acervo Histórico

Conservar la sede es proteger también las memorias que alberga.
Introducción

El Museo Nacional de Antropología reúne dos dimensiones patrimoniales inseparables. Por un lado, un acervo fundamental para investigar las poblaciones que habitaron el territorio y reconocer las raíces indígenas de nuestro país; por otro, una sede histórica que testimonia las formas de vida de las antiguas casas quintas del Prado.

Su origen institucional se vincula con la donación realizada al Estado por el profesor Francisco Oliveras en 1976, integrada por piezas de arqueología, paleontología, zoología y geología. La donación fue aceptada formalmente en 1981 y ese mismo año se creó, por ley, el Museo Nacional de Antropología.

A aquella colección fundacional se incorporaron donaciones de pioneros de la arqueología, así como materiales procedentes de investigaciones desarrolladas por el propio museo, la Universidad de la República y otras instituciones científicas. El acervo arqueológico alcanza actualmente alrededor de medio millón de piezas y fragmentos, en su mayoría provenientes del territorio uruguayo, e incluye materiales de proyectos de rescate arqueológico como los realizados en Salto Grande y la cuenca de la laguna Merín.

El museo también custodia restos humanos procedentes de contextos arqueológicos, entre ellos enterramientos correspondientes a poblaciones originarias del actual territorio uruguayo. Su conservación e investigación permiten profundizar en sus formas de vida, prácticas funerarias y vínculos con el territorio.

Junto con las colecciones etnográficas y contemporáneas, estos testimonios son investigados, conservados y comunicados mediante exposiciones y actividades educativas, contribuyendo a comprender las relaciones entre territorio, cultura y memoria.

Reseña histórica / Descripción arquitectónica / Valoración

La actual sede del Museo Nacional de Antropología tiene su origen en una antigua casa rural construida hacia 1850. Aquel primer núcleo, de un nivel y planta en forma de U, se asemejaba a un casco de estancia y se encontraba dentro de un extenso predio que, según testimonios históricos, alcanzaba el arroyo Miguelete. En 1887 la propiedad fue adquirida por Domingo Mendilaharsu y María Antonia Netto, quienes la convirtieron en residencia familiar.

Hacia 1890 se incorporó el cuerpo que definió el frente actual de la casa: un volumen de dos niveles, concebido originalmente como biblioteca y coronado por un mirador. Su composición responde al eclecticismo de influencia franco-italiana de fines del siglo XIX y se distingue por la riqueza ornamental de sus cornisas y remates, decorados con motivos antropomorfos y vegetales. A esta etapa pertenecen también la escalera metálica de caracol que conduce al mirador y la fuente de hierro fundido del patio, ambas de origen inglés.

En 1925, María Antonia Netto impulsó una gran reforma que otorgó a la residencia su fisonomía actual. Las obras, dirigidas por los arquitectos Juan M. Delgado y Alfredo R. Campos, ampliaron la casa e incorporaron espacios como la sala de música y el comedor. Las antiguas galerías de columnas y baldosas blancas y negras fueron cerradas con vitrales y pavimentadas con monolítico. También se realizaron pinturas decorativas en los cielorrasos y se colocaron empapelados, molduras de yeso y pisos de parqué.

Estas sucesivas transformaciones explican la singular convivencia entre el antiguo casco rural y el carácter palaciego de sus interiores.

El parque jardín forma parte indisociable del conjunto. Tres avenidas estructuran sus recorridos: la de las Araucarias, actual acceso; la de las Magnolias, formada por 21 ejemplares y considerada la mayor alineación de Magnolia grandiflora de Montevideo; y la de los Plátanos, antiguo ingreso desde avenida Millán.

La familia habitó la quinta hasta 1969. En 1977 la propiedad fue adquirida por el Estado y destinada al Museo Nacional de Antropología, que abrió sus puertas al público en 1988. Su valor patrimonial reúne arquitectura, artes aplicadas y paisaje en una única unidad histórica.


Intervenciones

La Dirección Nacional de Arquitectura del MTOP participa desde 1986 en la conservación y adecuación de la Quinta Mendilaharsu como sede del museo. Las primeras actuaciones estuvieron vinculadas a la adaptación de la antigua residencia a sus nuevas funciones museísticas. Se readecuaron los servicios higiénicos, se proyectaron vitrinas con sus correspondientes instalaciones eléctricas y se ejecutaron refuerzos estructurales, acondicionando el edificio para su apertura en 1988 sin alterar la organización general de la casa quinta.

Las intervenciones posteriores se concentraron principalmente en la relación entre cubiertas, bovedillas y cielorrasos ornamentales, uno de los sectores más vulnerables del edificio. En 2004 se repararon molduras de yeso y se trataron los perfiles metálicos que integran el sistema de bovedillas.

Hacia 2015, la persistencia de filtraciones y desprendimientos exigió combinar actuaciones sobre las causas con medidas de protección. Se impermeabilizaron las azoteas, se repararon grietas en los pretiles y se colocaron lonas tensadas bajo los cielorrasos para impedir la caída de revoques sobre las áreas de uso. También se protegió el mirador y se recuperaron pinturas y molduras del aula didáctica.

La conservación requirió además intervenir sobre el entorno inmediato. En el sector de la avenida de las Magnolias se reformularon la topografía y el drenaje para reducir el ingreso de aguas pluviales a la casa, propuesta que fue ejecutada parcialmente.

En 2019 se reacondicionó el subsuelo situado bajo la principal sala de exposiciones, incorporando áreas de depósito y mejorando las condiciones de almacenamiento del museo.

A lo largo de estas décadas, las actuaciones de la DNA han abarcado cubiertas, bovedillas, cielorrasos ornamentales, espacios expositivos, depósitos y áreas exteriores, procurando compatibilizar la preservación de los valores patrimoniales del conjunto con las necesidades de una institución en funcionamiento.

Futuro

La conservación de la Quinta Mendilaharsu requiere una atención permanente. Cada intervención permite profundizar el conocimiento del edificio, identificar nuevas necesidades y orientar las actuaciones siguientes.

El trabajo de la Dirección Nacional de Arquitectura del MTOP articula relevamiento, diagnóstico, mantenimiento e intervención para acompañar la evolución de la sede y garantizar que continúe albergando las colecciones, las investigaciones y las actividades del Museo Nacional de Antropología.

La conservación no termina: acompaña la vida del edificio.

 

 

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