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Entrevista a Raúl Salazar

Una mirada global sobre los riesgos y los desafíos de su gestión

Con Raúl Salazar: jefe para la región de las Américas y el Caribe de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres.
Imagen ilustrativa

Raúl Salazar es Economista por la Universidad Católica de Lima, Perú, tiene un Master of Business Administration (MBA) por la Universidad de Piura-IESE y una Maestría en Ciencias (MSc) en Desarrollo Nacional y Planificación de Proyectos por la Universidad de Bradford, Reino Unido. Fue Oficial de Programa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de Perú desde 1997 hasta el 2010 y en ese rol estuvo a cargo del Portafolio de Pobreza y Prevención de Crisis y Recuperación. Entre 2003 y 2010 se desempeñó como Coordinador del Equipo Técnico de Emergencias de Naciones Unidas en Perú. Actualmente es el Jefe de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Oficina Regional – Las Américas y El Caribe (UNDRR) con sede en Panamá.

Con él dialogamos en relación a los avances que ha habido en las últimas décadas en materia de gestión integral del riesgo de emergencias y desastres, el diferencial de Uruguay en términos de marco normativo e institucional, el rol de la cooperación internacional y el posicionamiento de Uruguay respecto al cumplimiento del Marco de Sendai y como sede de la próxima Plataforma Regional.

Desde 2003 está vinculado a la temática de la GIRD, ¿identifica avances en la materia en estos casi 20 años? ¿Cuáles son los principales desafíos a los que nos enfrentamos?

Hasta ahora, la gobernanza para la reducción del riesgo ha avanzado predominantemente en la creación y el fortalecimiento de un marco institucional, jurídico y normativo. En especial durante las dos últimas décadas se puede observar un avance sostenido en la construcción de una política pública en torno al riesgo, pero el ritmo de las reformas, las inversiones y las asignaciones presupuestarias continúa sin corresponderse.

América Latina y el Caribe se mantiene como la región más desigual en lo que se refiere a la distribución del ingreso en todo el mundo; la degradación ambiental relacionada con muchas actividades económicas en las que se basa el crecimiento económico sigue siendo muy alta; y más de 184 millones de personas, de las cuales 111 millones viven en ciudades, continúan siendo pobres. Si esto no se modifica y no se integra la reducción del riesgo de desastres a las políticas de desarrollo, el riesgo de desastres seguirá aumentando y el impacto de los desastres será cada vez mayor. Y eso tiene un impacto directo en la pobreza y en las capacidades de alcanzar el desarrollo sostenible.   

En una región como América y el Caribe, donde se espera que para el 2030 el 80% de la población viva en ciudades, es necesario que los procesos de planificación incorporen la reducción del riesgo, y la acción climática como premisas de desarrollo. Por otro lado, se espera que el número de migrantes climáticos llegue a 143 millones para 2050, sumado a las migraciones masivas por conflictos bélicos, pobreza o violencia de grupos delincuentes que ya están modificando los emplazamientos urbanos de la región.

El crecimiento de las ciudades conlleva un creciente número de infraestructuras, aún por construir. Los gobiernos nacionales y locales juegan un rol estratégico y serán los responsables de estas inversiones que permitirán un desarrollo social, ambiental y económicamente sostenible. El desarrollo urbano sostenible, informado por el riesgo, permitirá que los gobiernos locales comprendan el riesgo, respondan de una manera adecuada a las crisis, puedan hacer frente a los impactos y las tensiones, y se recuperen. 

La iniciativa MCR2030 apoya a las ciudades en su senda hacia la reducción del riesgo y el desarrollo de la resiliencia a través de una hoja de ruta para la resiliencia urbana, facilitando el acceso al conocimiento, las herramientas de diagnóstico, monitoreo y reporte. También ofrece orientación y apoyo a las ciudades para mejorar su comprensión sobre la reducción de riesgos y la resiliencia, mejorar la planificación estratégica de manera acorde y ejecutar acciones que les permitan avanzar para impulsar un desarrollo urbano sostenible.

Regionalmente, también se ha visto un avance importante en la comprensión de la naturaleza sistémica de los riesgos. La pandemia de COVID-19 ha servido como un recordatorio de las dimensiones que tiene el efecto cascada de los riesgos. Y en este sentido, falta profundizar más en esta comprensión. Ciertamente hubo avances, pero todavía se necesita fortalecer este entendimiento si queremos alcanzar una verdadera sociedad resiliente sin dejar a nadie atrás.

¿Cuál es el rol de la cooperación internacional en la promoción de la GIRD?

El mayor fortalecimiento de cooperación internacional, incluido el cumplimiento de los compromisos respectivos en materia de asistencia oficial para el desarrollo  se reconoce explícitamente en el Marco de Sendai como una de las metas a lograr para avanzar hacia la resiliencia frente a los desastres, especialmente a la luz de los eventos meteorológicos extremos y otras amenazas, tanto naturales como inducidas por el ser humano.

La cooperación es también una herramienta clave para asegurarse que no se dejará atrás a ninguna persona vulnerable en entornos propensos a desastres, lo que incluye a niños y los jóvenes, así como a las personas mayores, las personas con discapacidad, los migrantes y los pueblos indígenas. Asimismo, es la plataforma que permite la implementación de estrategias nacionales y locales para la reducción del riesgo de desastres en los países en desarrollo.

Los países en desarrollo en particular los menos adelantados, los pequeños estados insulares en desarrollo, los países de ingresos medios y otros países que enfrentan problemas específicos de riesgo de desastres, necesitan apoyo suficiente, sostenible y oportuno, incluso con financiación, transferencia de tecnología y capacidades de los países desarrollados, que aumenten la resiliencia y reduzcan el riesgo de desastres.

Hablar de Reducción de Riesgo de Desastres, alude directamente a abordar un contexto en el que el cambio climático cada vez está más presente. 9 de cada 10 desastres en nuestra región los últimos 20 años son de origen climático. Son, al mismo tiempo, la fuente principal de pérdidas económicas en muchos países. Al tratarse de fenómenos climáticos, son por tanto prevenibles. La cooperación internacional abre oportunidades a los países de vincularse a los procesos de financiamiento para la mitigación y adaptación al cambio climático en este contexto de riesgos. Ofrece así la posibilidad de abordar uno de los factores de riesgo subyacentes más importantes en nuestra región, como son la degradación de suelos, pérdida de ecosistemas y deforestación, que están a la base de la generación de vulnerabilidad frente a los desastres.  

Por su cargo tiene un panorama del marco normativo e institucional de los distintos países en materia de GIRD, al respecto ¿qué opina de la estructura que se dio Uruguay para abordar el tema de las emergencias y los desastres? ¿Qué ventajas y qué desventajas presenta, en términos comparativos, un sistema como el Sinae?

En cumplimiento con la meta E del Marco de Sendai, Uruguay ha venido desarrollando su Plan Nacional, lo que definitivamente es muy importante no solo para el país, sino para la región. Estructuralmente, un sistema como el Sinae sale fortalecido de este tipo de procesos, lo que lo convierte en un punto de referencia para las acciones de RRD. 

Es muy importante resaltar que por primera vez hay una estrecha articulación entre el proceso del Plan Nacional GIRED con la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, lo cual ofrece una oportunidad de fortalecer la visión de vinculación entre inversión pública y RRD y asegurar criterios de GRD en proyectos del Estado. 

La respuesta de Uruguay ante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, resonó en toda la región. A través de un bloque integral que agrupó a tomadores de decisiones, científicos y académicos, aplicaron estrategias y planes que incidieron en la gestión de la crisis sanitaria y redujeron el riesgo de las amenazas socioeconómicas que han sacudido a tantos otros. Quizás uno de los aspectos centrales que buscamos impulsar en la región, en materia de Gobernanza del Riesgo de Desastres, es justamente este enfoque multisectorial.

Parece no haber discusión en relación a la relevancia de tener políticas públicas de GIRD, ahora bien, ¿de qué manera se alcanzan políticas robustas y sofisticadas? ¿Cómo se consigue sensibilizar a la clase política en un país como Uruguay donde las emergencias ocurren con menos frecuencia e implican un impacto menor que en otros países?

La clave de la Reducción del Riesgo de Desastres es justamente la prevención y la preparación ante un futuro incierto. Mucho más con la incidencia que tendrá el cambio climático en nuestras vidas. Sin embargo, la pandemia también ha sido un detonante para destacar justamente la importancia de crear políticas y estrategias. No solo debemos prepararnos o tomar en cuenta amenazas de origen natural, sino que existe un sinfín de riesgos, complejos y con efectos en cascada, biológicos e inducidos por el ser humano y muchas ocurriendo simultáneamente a amenazas de origen natural (lo hemos visto por ejemplo durante el COVID19 coexistiendo con huracanes en Centroamérica y el Caribe, terremotos o erupciones volcánicas) y para los que debemos estar preparados.

En este contexto, los países que desarrollan políticas, marcos legislativos, una arquitectura institucional que involucra múltiples sectores (entre ministerios y en los distintos niveles de gobierno) y los correspondientes vehículos de inversión para la reducción del riesgo de desastres en línea con los objetivo, metas y prioridades del Marco de Sendai, cuentan con una mayor capacidad para gestionar el riesgo de desastres. Tales reformas son prueba de una profunda comprensión del riesgo de desastres y facilitan una participación más completa y activa de la ciudadanía en el desarrollo y la implementación de estrategias de reducción del riesgo de desastres tanto nacionales como locales.

Y es clave que dentro de este contexto se comprenda el efecto sistémico de los riesgos en todas sus dimensiones. La RRD es vital, por ejemplo, en lograr un sistema educativo resiliente. La educación desempeña un papel crucial en la reducción de vulnerabilidades y el fomento de la resiliencia de las comunidades ante los riesgos de desastre, así como en el empoderamiento de las personas y la reducción de la pobreza. Necesitamos fortalecer el compromiso de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover las oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. Los daños o interrupciones causados a las escuelas por los desastres pueden provocar no solo la pérdida de vidas de estudiantes y profesores, sino también la pérdida de calidad educativa, pérdidas en el logro educativo y pérdidas directas en las inversiones públicas en infraestructuras sociales, y todo ello puede tener consecuencias para toda la vida.

El mayor impulsor del riesgo de desastres es una gobernanza débil y débil inversión en la prevención de desastres. Una buena gobernanza implica buenas estrategias nacionales y locales de RRD.

La meta del Marco de Sendai para este año tiene que ver con disponibilizar los sistemas de alerta temprana y las evaluaciones de riesgo. En ese sentido, ¿por qué es importante que las personas afectadas y la población en general acceda a ese tipo de datos? ¿Por qué es relevante que la opinión pública acceda a información sobre las emergencias y los desastres a tiempo real? ¿Cuáles son los riesgos de no hacerlo?

Como una región que se ve afectada por distintas amenazas, los sistemas de alerta temprana de peligros múltiples que proporcionan información oportuna son críticos para proteger vidas, activos y medios de vida. Y aunque los avances de la ciencia y la tecnología permiten prever muchas amenazas y difundir alertas, esto no es suficiente. Garantizar una toma de decisiones informada del riesgo requiere que los países mejoren y actualicen continuamente su comprensión del impacto potencial de las amenazas complejas para que las autoridades, las personas y las empresas puedan tomar medidas anticipatorias adecuadas. Y para acceder a la información que necesitan para reducir los riesgos es esencial la cooperación nacional y regional.

Invertir en estos sistemas es una de las formas más rentables de construir un valor medible sostenido e instituciones regionales fuertes que proporcionen información de riesgo oportuna y de alta calidad a todos los segmentos de la población, incluidos los actores sectoriales. Centrarse en las personas y en sus medios de vida, desde el riesgo hasta la respuesta, permite un sistema de alerta temprana realmente eficiente de principio a fin que responde a la exposición y vulnerabilidad de las personas a los impactos de las amenazas. Los países que han logrado implantar sistemas de alerta temprana han registrado una disminución espectacular del número de muertes causadas por los desastres.

La participación de la comunidad en el proceso de diseño de Sistemas de Alerta Temprana mejora la adecuación en el tiempo de las acciones, ya que las señales de alerta se pueden identificar en una etapa mucho más temprana. 

Los SAT recibieron reconocimiento a nivel global con la Conferencia de Alerta Temprana Multi-Riesgo, realizada del 22 al 23 de mayo del 2017, alineada a su vez a la meta G del Marco Sendai la cual tuvo como objetivo guiar los esfuerzos y las inversiones de los países y las organizaciones internacionales para el desarrollo de sistemas eficaces de alerta temprana con múltiples y donde se presentó la “Lista de Verificación SAT” con el fin de monitorear la implementación de SAT dividida en: Conocimiento de la reducción del riesgo de desastres; detención, seguimiento, análisis y previsión de amenazas y posibles consecuencias; difusión de amenazas y comunicación; capacidades de preparación y respuesta.

La importancia de los Sistemas de Alerta Temprana, además, ha sido destacada por el propio Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, quien en marzo pasado, con motivo del Día Meteorológico Mundial, pidió aumentar la inversión en adaptación y resiliencia. “Reconozcamos el valor de las alertas y medidas tempranas como herramientas fundamentales para reducir el riesgo de desastres y apoyar la adaptación al cambio climático. Los sistemas de alerta temprana salvan vidas. Asegurémonos de que funcionen para todos”, dijo Guterres.

¿Cómo se posicionan los países de América Latina y El Caribe en lo relativo al cumplimiento del Marco de Sendai? ¿Cómo se visualiza a Uruguay en ese sentido?

América Latina es una región en constante desarrollo en lo que a la Reducción del Riesgo de Desastres se refiere. Cerca del 80% de los países de la región reportan sus avances a través del Monitor del Marco de Sendai, así como varios de ellos participan en grupos de trabajo para medir y registrar avances en sus indicadores y en planes institucionales.

Uruguay, en este caso, se ve activo en el desarrollo de acciones para cumplir con las cuatro prioridades de Sendai. Respaldamos, entonces, el diseño de políticas que fortalezcan la gestión integral del riesgo, así como el desarrollo de sistemas de alerta temprana multiamenaza y la consolidación del monitor integral de riesgos y afectaciones.

Asimismo, es importante resaltar los esfuerzos para ejecutar el Plan Nacional de Gestión y Reducción de Riesgos de Uruguay, actualizado en planes, protocolos y procedimientos, que a su vez fortalecen las capacidades técnicas y operativas.

Por último, es importante reconocer en Uruguay el impulso y promoción de una mayor sinergia con el sector empresarial y con un cambio cultural sobre el enfoque de la preparación ante los riesgos. Es notable, además, el trabajo realizado para fortalecer la cooperación internacional y la ayuda humanitaria, así como la aplicación de enfoques de derechos humanos, perspectiva de género y de inclusión a personas con discapacidad como ejes transversales en las gestiones desarrolladas.

Son avances que han hecho de Uruguay el lugar indicado para celebrar en marzo próximo la VIII Plataforma Regional para la Reducción del Riesgo de Desastres en las Américas y el Caribe, un espacio desde donde reflexionaremos sobre los logros alcanzados y los retos por conseguir para lograr tener una región más resiliente.

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