Canelones

Centro Social La Paz y Grupo Socio Cultural Cantando

Grupo Socio Cultural Cantando como un grupo juvenil vinculado a la Comisión de Cultura del Centro Social La Paz y que con antecedentes desde el año 1979, en 1982 fue el creador intelectual y práctico de los popularmente llamados Festivales de la Paz.
Frente del Centro Social La Paz, espacio de expresión del Grupo Socio Cultural Cantando.

Que la solicitud presenta al Grupo Socio Cultural Cantando como un grupo juvenil vinculado a la Comisión de Cultura del Centro Social La Paz y que con antecedentes desde el año 1979, en 1982 fue el creador intelectual y práctico de los popularmente llamados Festivales de la Paz. Que de acuerdo a la presentación se trató de un movimiento que “… no perteneció a ningún sector político partidario, pero sus acciones, contenido, estética y organización decididamente fueron políticas y confluyeron con las distintas organizaciones sociales y políticas en contra de la Dictadura, con una forma creativa, fresca y estimulante que llamaba a la inclusión de personas que se parecían entre sí, en la sensibilidad y postura ante lo cotidiano, fundamentalmente ante la injusticia” Que las tres primeras ediciones de aquellos Festivales Nacionales de Canto Popular que a su tiempo incluyeron Encuentros Latinoamericanos y Sub Sedes en distintos puntos del país, se desarrollaron en el tramo final de una dictadura que sometió a artistas y organizadores a prácticas de vigilancia, prohibiciones y censura previa y a la que enfrentaron “a través de la música, la poesía, la ética, el compromiso y la responsabilidad.” Que los estudios históricos de referencia para el pasado reciente (Rico, A y otros, 2008), así como algunas de las todavía escasas investigaciones específicas sobre la actividad artístico musical en la última dictadura (Martins, C.; Fornaro, M.; Aharonian, C.) evidencian que esas prácticas de censura formaron parte de una serie de dispositivos de vigilancia social que alcanzó su punto de mayor desarrollo entre los años 1975 y 1979. Remodelando todo el espectro de la comunicación social y la cultura, entre actos formales y públicos e informales y ocultos, la censura, la vigilancia y la arbitrariedad con su contrapartes de miedo, precaución y autocensura afectaron a los medios de prensa, a las actividades de artistas y grupos artísticos nacionales y extranjeros así como a la producción editorial y discográfica y el desempeño de distribuidoras cinematográficas, salas teatrales y otros centros de difusión cultural. No obstante ello y como sucedió en otros campos sociales, el de la cultura aportó a la resistencia a la dictadura; en palabras de Álvaro Rico, a “las expresiones de oposición en el “insilio”, tanto legales como clandestinas, (que) se irán abriendo paso hasta lograr la liberalización del régimen y la transición hacia la democracia. 

Que en el campo de la música, a la prohibición explícita o sugerida de la difusión radial de algunos músicos del Canto Popular previo a 1973, como los exiliados Viglietti, Numa Moraes, Zitarrosa, Carbajal o presos como Sampayo, se sumaron frecuentes prohibiciones de cantar y/o grabar para muchos músicos presentes en la escena del país, las citaciones por indagación a cantores y organizadores, y en general, las tareas permanentes de una Comisión de Censura con personal asignado y jefatura de la Dirección Nacional de Inteligencia y sus réplicas a nivel de cada departamento. Que la generación de músicos que surge o se hace visible después de 1973 establece continuidades con la anterior y aunque depurando su canto de referencias políticas explícitas, mantiene la voluntad de cambio, la preocupación por lo social y sus problemas y la gente y su entorno. (Martins, C.). Al mismo tiempo se apega a las exigencias de la formación musical, el cultivo de diversos géneros incluyendo canciones para niños y la murga, el refinamiento poético y la comunicación metafórica, y para el encuentro con sus públicos, descubrió gestores culturales donde estos aún no existían, interesó a periodistas, comunicadores radiales y productores discográficos. Carlos Martins señala que muchos de esos actores, con la conciencia de pertenecer a algo más global, mantenían la voluntad militante de desarrollar la Música Popular como sistema. De los pequeños teatros con sus 100 butacas y sus funciones únicas, el canto popular pasó a los ciclos de conciertos y de allí a los gimnasios, clubes, salones parroquiales y grandes estadios. Y junto a los primeros organizadores, se señala la creciente participación de grupos de estudiantes y de los propios músicos organizados gremialmente. Y aunque estas investigaciones sobre el llamado fenómeno de la música popular uruguaya en dictadura no han abordado los Festivales de la Paz, puede afirmarse que se trataba de un mundo de jóvenes puesto en movimiento, como los del Grupo Cantando… Que como surge del análisis de testimonios, notas de prensa y otros documentos presentados en el libro Festivales de la Paz. Jóvenes con canto poesía enfrentaron la dictadura (Rodríguez y Rubo, 2019), trabajo realizado por integrantes del grupo en base a sus propios archivos, resulta evidente que la acción del Grupo Cantando, acuñó una propuesta que participó plenamente del proceso de construcción de la Música Popular Uruguaya como movimiento de resistencia creativa. En ese sentido cabe destacar que aquella propuesta, coincidiendo con las descripciones aportadas por las referidas investigaciones, incluía una gran diversidad de formatos y géneros musicales, promovía la creación y la formación, reclamando y premiando canciones inéditas, asegurando jurados serios y con vuelo didáctico, organizando talleres y foros. Con capacidad para generar una comunicación social alternativa (Martins, C.), la labor del Grupo Cantando…alentó nuevas concepciones para una democracia construida socialmente por el diálogo intergeneracional y la participación horizontal y sin distinción de géneros. Con el desarrollo de un territorio y una escena musical propios y de hecho, contrapuestos a un proyecto de país que en lo musical potenció al máximo la tímbrica militar y un folklorismo que hizo de lo nacional y lo tradicional una reivindicación moral y de lo foráneo un enemigo (Fornaro, M.), las señas de identidad nacional aportadas por los Festivales de la Paz , como el resto del canto popular uruguayo, afirmaron lo nacional por las fuentes musicales de base, por los contenidos de las letras y el idioma y al mismo tiempo, en otro gesto de continuidad y oposición, integraron lo latinoamericano con frecuentes referencias a la “Patria Grande” así como en los ritmos e instrumentos utilizados (Martins, C.) Que surgiendo en dictadura, los Festivales de la Paz, caracterizados por una gran participación de artistas y público y siendo parte del escenario que hizo lugar a cantores de todo el arco opositor a la dictadura y al progresivo desexilio de los músicos prohibidos, contribuyeron a la reconfiguración del espacio público clausurado por las prácticas de control autoritario, a la regeneración de tejidos comunitarios, a la rememoración deseante de las modalidades de la cultura política oprimida y de especial valor para los más jóvenes, dio lugar a emergentes experiencias de un vivir con derechos.