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Fueron presentados los Indicadores de Género del Uruguay a 2024

Inmujeres, INE, CEPAL y ONU Mujeres presentaron el informe “La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Agenda Regional de Género en América Latina y el Caribe: indicadores de género del Uruguay a 2024”. La publicación reúne información sobre pobreza, salud, educación, trabajo, cuidados, participación política y violencia, entre otras dimensiones, y constituye una herramienta para orientar políticas públicas basadas en evidencia.
Magdalena Furtado en uso de la palabra durante la presentación de los indicadores. Foto: INE.

La presentación del informe La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Agenda Regional de Género en América Latina y el Caribe: indicadores de género del Uruguay a 2024 permitió conocer los principales avances y desafíos del país en materia de igualdad de género y poner en perspectiva las brechas que aún persisten.

El documento fue elaborado conjuntamente por el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres, Ministerio de Desarrollo Social), el Instituto Nacional de Estadística (INE), ONU Mujeres y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Analiza indicadores correspondientes a ocho Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 25 metas, con información disponible y desagregada para el análisis de género. El informe busca constituirse en un insumo para acelerar la toma de decisiones orientada al logro de la igualdad sustantiva y al pleno ejercicio de los derechos de las mujeres, adolescentes y niñas en su diversidad.

Durante la apertura de la actividad, la directora de Inmujeres, Mónica Xavier, destacó la importancia de contar con información de calidad en un contexto en el que los recursos públicos son siempre limitados y las decisiones requieren cada vez mayor precisión.

"Las políticas públicas necesitan justamente estar basadas en evidencia", señaló, y sostuvo que los datos muestran que Uruguay está avanzando, aunque "no lo suficiente y no de manera homogénea" en las distintas dimensiones analizadas.

Para Xavier, el análisis de los indicadores debe incorporar una perspectiva interseccional que permita comprender cómo las desigualdades se acumulan y profundizan.

Señaló, además, que las mujeres continúan registrando menores niveles de actividad y autonomía económica y advirtió que las condiciones étnico-raciales, territoriales y etarias pueden multiplicar las desigualdades. En particular, destacó la necesidad de desarrollar políticas capaces de revertir esas situaciones.

La igualdad como una inversión estratégica

Uno de los principales planteos de Xavier estuvo relacionado con la necesidad de comprender las políticas de igualdad como parte central de las políticas de desarrollo y no como una agenda que compite con otras prioridades.

"Hay una idea de que muchas veces las políticas de igualdad compiten con otras prioridades nacionales y creo que es un error", expresó. En contraposición, sostuvo: "Hay que invertir en igualdad para fortalecer otras políticas públicas. Es una apuesta estratégica la inversión en igualdad".

El planteo se vincula directamente con las conclusiones del informe, que identifica la persistencia de cuatro nudos estructurales de la desigualdad de género: la desigualdad socioeconómica y la persistencia de la pobreza; los patrones culturales patriarcales, discriminatorios y violentos; la división sexual del trabajo y la injusta organización social de los cuidados; y la concentración del poder y las relaciones jerárquicas en el ámbito público.

El informe señala que Uruguay ha realizado importantes esfuerzos para avanzar hacia la igualdad de género, pero que estos cuatro nudos estructurales continúan presentes. Asimismo, plantea que superar la división sexual del trabajo y la injusta organización social de los cuidados constituye una condición necesaria para alcanzar la igualdad sustantiva.

Pobreza y autonomía económica: desigualdades que persisten

Los datos muestran que, pese a los bajos niveles de pobreza de Uruguay en comparación con la región, persiste una brecha en perjuicio de las mujeres. En 2024, la tasa de pobreza de las mujeres fue 2,1 puntos porcentuales superior a la de los varones y el índice de feminidad de la pobreza alcanzó 153,8, su máximo histórico. Esto significa que, por cada 100 varones pobres, había aproximadamente 154 mujeres pobres.

Las desigualdades se profundizan al incorporar la dimensión étnico-racial: la incidencia de la pobreza entre las mujeres afrodescendientes alcanzó 30,5%, frente al 16,7% entre las mujeres no afrodescendientes. Asimismo, el 12,7% de las mujeres no contaba con ingresos propios, frente al 6,8% de los varones.

En este sentido, Xavier señaló que la menor autonomía económica de las mujeres constituye una dimensión central para el ejercicio de otras autonomías a lo largo de la vida, y destacó que las desigualdades se multiplican cuando se consideran otras dimensiones, como la étnico-racial, el territorio o la edad.

Avances en salud y educación, con desafíos pendientes

El informe también registra avances relevantes en materia de salud y educación. La tasa de fecundidad adolescente pasó de 52 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años en 2016 a 21,4 en 2023. La razón de mortalidad materna se ubicó en 10,3 muertes por cada 100.000 nacidos vivos en 2024.

En educación, las mujeres presentan mayores niveles de finalización en todos los niveles educativos. En 2021, la culminación de la educación media superior alcanzó al 58% de las mujeres frente al 41% de los varones. Asimismo, la participación de las mujeres de 15 a 24 años en la formación universitaria y técnica supera a la de los varones.

Sin embargo, el informe advierte que esta ventaja educativa no se traduce automáticamente en igualdad en otros ámbitos. Las mujeres continúan teniendo una participación menor en áreas vinculadas a ciencia, tecnología, ingeniería y matemática: en 2024 representaron el 37,1% de las personas investigadoras en Ingeniería y Tecnología, frente a participaciones superiores al 50% en Ciencias Sociales, Ciencias Agrícolas, y Ciencias Médicas y de la Salud.

Xavier reconoció los avances alcanzados en salud y educación, pero subrayó que persisten desigualdades importantes. También destacó los avances en la reducción de la fecundidad adolescente y de la mortalidad materna y el papel que puede desempeñar el sistema de cuidados para ampliar las oportunidades de las mujeres.

Cuidados, trabajo y participación política

La distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado continúa siendo uno de los principales obstáculos para la autonomía económica y social de las mujeres. Según los datos de la Encuesta de Uso del Tiempo 2022, las mujeres destinan 14,8% de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente al 7,2% de los varones.

A su vez, la carga total de trabajo semanal es mayor entre las mujeres: 54,5 horas frente a 50,1 horas entre los varones. La diferencia radica principalmente en que las mujeres destinan una mayor proporción de su tiempo al trabajo no remunerado, mientras que los hombres concentran más horas en el trabajo remunerado.

En materia de participación política también persisten importantes brechas. Las mujeres ocuparon el 28,3% de los escaños parlamentarios luego de las elecciones nacionales de 2024. En los gobiernos departamentales, solo una de las 19 intendencias está encabezada por una mujer desde julio de 2025. En tanto, las mujeres ocupan el 33,4% de los cargos directivos en el mercado laboral.

Violencia basada en género: una deuda persistente

La violencia basada en género constituye otro de los principales desafíos identificados. La Encuesta Nacional de Prevalencia sobre Violencia Basada en Género y Generaciones registra que el 19,5% de las mujeres de 15 años y más experimentó violencia por parte de su pareja o expareja en los 12 meses previos a la encuesta de 2019. La violencia psicológica es la forma que presenta mayor prevalencia.

Asimismo, Uruguay mantiene una tasa de femicidio persistente. En los últimos años, la tasa se ubicó entre 1,3 y 1,6 víctimas por cada 100.000 mujeres, con entre 22 y 28 mujeres víctimas de femicidio por año. El país se ubica en el séptimo lugar entre 17 países de América Latina y el Caribe según este indicador.

Para Xavier, estos datos deben interpelar a toda la sociedad: "En materia de violencia basada en género, seguimos con cifras realmente indecentes", afirmó."No es posible construir igualdad si las mujeres tienen miedo a hacer cosas de la vida cotidiana", agregó.

Datos para orientar las políticas públicas

Durante la presentación, las instituciones participantes coincidieron en destacar el valor del trabajo interinstitucional que permitió construir el informe.

El director técnico del INE, Marcelo Bisogno, señaló que la cooperación entre Inmujeres, INE, CEPAL y ONU Mujeres permite aprovechar sinergias y mejorar la calidad y profundidad del análisis. También destacó la necesidad de incorporar una mirada integral sobre las desigualdades y sus efectos acumulativos.

Por su parte, la directora de Programas de ONU Mujeres, Magdalena Furtado, destacó que el informe constituye una herramienta que trasciende el diagnóstico, al permitir orientar decisiones informadas, fortalecer la rendición de cuentas y promover políticas públicas más eficaces. También señaló que el documento permitió identificar vacíos y necesidades de desagregación de información.

La directora de la oficina de CEPAL en Montevideo, Raquel Artecona, resaltó el valor de contar con sistemas de información robustos para hacer visibles las desigualdades y transformar los datos en conocimiento y decisiones de política pública.

En el cierre de su intervención, Xavier llamó a defender los avances conquistados y a continuar ampliando los derechos. Sostuvo que el Estado tiene la responsabilidad de convocar a una participación cada vez más amplia en torno a esta perspectiva y concluyó: "con la igualdad no solo mejoramos indicadores, mejoramos la vida en concreto de la gente y en eso persistiremos".

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