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Cuidar en tiempos coronavirus

Trabajar con respeto y honestidad

Cristina Escobar es asistente personal de Helen, una mujer octogenaria que vive en un apartamento del Banco de Previsión Social (BPS) en un céntrico barrio de Montevideo.
Cristina Escobar trabaja como asistente personal con Helen una mujer octogenaria con baja visión

Pese a su baja visión, Helen se maneja con soltura dentro de su casa. “Una de las cosas que solía hacer durante las 4 horas por día que paso con ella era acompañarla a los mandados” cuenta Cristina.

“Con la pandemia tuvimos que adaptarnos. Estamos siempre con tapabocas y yo me cambio los zapatos y la ropa ni bien entro a su casa” explica la asistente personal.

“Una de las cosas que más disfrutamos es cocinar juntas. También escuchamos mucha radio” relata sobre las 80 horas mensuales en las que le brinda asistencia a Helen.

Cristina trabaja como cuidadora desde hace muchos años. Estuvo durante 14 años cuidando a una vecina hasta que ingresó a un centro de larga estadía. “Como trabajaba en negro, de un día para el otro me quedé sin nada” explica.

Desocupada y sin estudios, Cristina no sabía qué podía hacer. “En el INEFOP me informaron que estaba este curso. Me daba mucho respeto volver a estudiar pero dije: Tengo que hacer algo por mi” cuenta con el mismo ímpetu con el que decidió anotarse en la capacitación de atención a la dependencia. 

En cuanto terminó el curso, enseguida consiguió a su primera asistida. “Yudit, mi primera asistida, llegó en un momento muy difícil para mi y me dió vida, ganas de seguir trabajando con respeto y honestidad”, remarca Cristina.

Las asistentes personales atienden a personas en situación de dependencia severa y las ayudan a realizar las actividades básicas de la vida durante 80 horas mensuales.

 

  



 

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