Tiempos de contestación

Sanahuja: La cooperación construye legitimación a través de una nueva inteligencia política de lógicas y agendas

«Si hay algo que hemos aprendido en este año difícil es que la cooperación no se defenderá invocando los consensos del pasado. Solo se sostendrá si somos capaces de rehacerlos, aquí y ahora, con quienes estén dispuestos a hacerlo. Uruguay ha decidido estarlo. Ese es, creo, un motivo de esperanza», dijo el catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, José Antonio Sanahuja, al hablar de seis argumentos para una legitimidad de la cooperación, el trabajo de España y Uruguay para renovar la cooperación internacional y el acercamiento de nuestro país a África, además de la construcción de alianzas multiactor.
Conferencia magistral de José Antonio Sanahuja en Uruguay Coopera

El orador central de Uruguay Coopera, este miércoles 16, fue el catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, José Antonio Sanahuja, quien disertó sobre «Desarrollo global en tiempos de contestación: el papel de la Cooperación Sur-Sur».

Cooperación: seis argumentos para una nueva legitimidad
Sanahuja enfatizó que 2025 fue «un año de encrucijada histórica para la cooperación internacional para el desarrollo, que protagonizó su mayor gesto colectivo de reafirmación en una década y, casi simultáneamente, el mayor desplome de recursos de toda su historia», al referirse a la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación del Desarrollo y el Compromiso de Sevilla.

En su discurso explicó seis argumentos para una nueva legitimidad de la cooperación internacional. El primero de los argumentos es el universalismo moral y la solidaridad, que debe ejercerse en clave de corresponsabilidad, pero no de paternalismo o de imposición hegemónica. El segundo es el cosmopolitismo normativo, porque la cooperación no solo redistribuye recursos, sino que contribuye a construir un espacio de reglas y expectativas compartidas. El tercero trata sobre el cuidado de la casa común y la provisión de bienes públicos internacionales.

«La cooperación es una de las formas de gestionar riesgos, reducir vulnerabilidades y financiar transiciones que, de otro modo, resultarían inviables en países con menos recursos y menor responsabilidad histórica en el daño. De ahí el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas: la apelación a la acción colectiva no basta si el reparto de cargas no es equitativo».

El cuarto punto abordado fue el interés mutuo y la corresponsabilidad. «La cooperación queda inerme ante los ciclos de austeridad, la polarización y el repliegue soberanista».

El quinto es el progreso humano, revisado críticamente. «La cooperación persigue un horizonte de progreso, y conviene no avergonzarse de decirlo: con buenas políticas públicas, ciencia, instituciones y cooperación, la vida de millones de personas ha mejorado de forma medible. Si la cooperación no cambiara vidas, sería un ritual moral autorreferencial. Pero este progreso no puede presentarse como senda única, marcada por Occidente, ni como promesa lineal. La nueva modernidad será reflexiva, o no será», aseguró.

Destacó que el sexto argumento es hoy decisivo: «la repolitización de la cooperación», como una política pública democrática, deliberativa, disputada y justificable, capaz de construir coaliciones sociales en torno a un propósito común y de defender su legitimidad frente a narrativas que la reducen a ideología, imposición extrema o despilfarro.

Parafraseando al primer ministro de Canadá, Mark Carney, Sanahuja dijo que «la cooperación es un instrumento de autonomía cooperativa. Es una estrategia por la que las potencias medias y pequeñas construyen márgenes de acción propios mediante coaliciones voluntarias y alianzas horizontales, lo que la Unión Europea también ha llamado autonomía estratégica abierta. Cooperar, desde esa perspectiva, es una forma de ser más autónomo y no tener que elegir bando».

Interacción de las lógicas
Agregó que estas seis lógicas funcionan cuando interactúan entre sí. «Si alguna domina en solitario, la cooperación se deforma: moralismo sin eficacia, tecnocracia sin legitimidad, secularización sin derechos, utilitarismo sin justicia, progreso sin reflexividad, ideología sin deliberación pública y acción colectiva».

Explicó que estos argumentos interpelan de manera diferente a las dos grandes tradiciones de cooperación actuales: «A la Norte-Sur le exigen abandonar de una vez la gramática tutelar y el relato de virtud y superioridad», mientras que a la Cooperación Sur-Sur le exige «ser más cosmopolita y menos autorreferencial» y «abrirse a la evaluación y a compromisos con bienes públicos globales que exceden el interés nacional inmediato».

España y Uruguay forman equipo para renovar su cooperación
El catedrático también habló de que España y Uruguay son dos casos de renovación en cooperación internacional. En ese sentido, dijo que España tiene una cooperación basada en derechos y feminista, alineada con la Agenda 2030, el Acuerdo de París y el marco europeo y multilateral.

«Uruguay es, en ese terreno, algo más que un socio. Es un país que ha convertido su condición dual —oferente y receptor a la vez— en una posición y en una política. Y lo hace desde una escala modesta, lo que vuelve su caso más significativo: donde otros compran influencia, Uruguay ofrece capacidades».

La expresión más reciente de esta apuesta es la Alianza para el Desarrollo Sostenible España-Uruguay 2025-2030, acordada en el marco de la Alianza País suscrita por ambos Gobiernos en julio de 2025. «Su innovación reside, sobre todo, en su arquitectura y visión. Se plantea como una cooperación transformadora, horizontal e innovadora, organizada en torno a la corresponsabilidad, el aprendizaje mutuo y la puesta en común de capacidades».

Allí mencionó el trabajo sobre problemas compartidos entre ambos países, como la inclusión democrática, la igualdad de género y sistemas de cuidados, la cohesión social y territorial y las economías sostenibles e innovadoras, que constituyen agendas abiertas en ambos países.

También hizo referencia al papel regional de Uruguay en Cooperación Sur-Sur y Triangular, con el desarrollo de proyectos en el marco del Fondo Conjunto Uruguay-México, lo que calificó como un buen ejemplo de cooperación entre pares. Mencionó, también, el trabajo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que articula una cooperación multilateral en referencia a las prioridades nacionales.

Agenda entre Uruguay y África
Además, mencionó el acercamiento de Uruguay a África, que abre una dimensión interregional poco explorada, con la misión a la Unión Africana de agosto de 2026 y la cumbre prevista al margen del Debate General de la Asamblea General, con agendas de salud, biotecnología, gobierno electrónico, seguridad alimentaria y energías renovables.

«España mantiene su compromiso en un entorno europeo que se repliega; Uruguay opera con recursos limitados en una región donde varios de sus vecinos han abandonado la cooperación por deriva ideológica. Pero ambos muestran que una cooperación fundada en la corresponsabilidad, medida de otro modo y construida con más actores que los Gobiernos, resiste mejor los vientos en contra», afirmó.

Expresó: «Si hay algo que hemos aprendido en este año difícil es que la cooperación no se defenderá invocando los consensos del pasado. Solo se sostendrá si somos capaces de rehacerlos, aquí y ahora, con quienes estén dispuestos a hacerlo. Uruguay ha decidido estarlo. Ese es, creo, un motivo de esperanza».

Resaltó también las alianzas, que también se examinaron en esta edición de Uruguay Coopera como la construcción de alianzas entre países que se reconocen como iguales, entre Gobiernos y universidades, la sociedad civil, la filantropía y las empresas, «lo que expresa una nueva inteligencia política en un planeta compartido».

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