Patrimonio Nacional

José Enrique Rodó, 150 años

Este 15 de julio se cumple el sesquicentenario del nacimiento de José Enrique Rodó. Una personalidad fundamental en la cultura uruguaya de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Este año, su figura será especialmente recordada con la nueva edición del Día del Patrimonio, 2 y 3 de octubre, convocado por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación y el Ministerio de Educación y Cultura. Serán centenares de instituciones públicas y privadas que adherirán a la fiesta con el lema, “las ideas cambian el mundo”.
Foto José Enrique Rodó

José Enrique Rodó nació en Montevideo el 15 de julio de 1871 y falleció en Palermo (Sicilia) el 1º de mayo de 1917. La estatura de su prosa y la dimensión de su talento quedaron nítidamente establecidas ya en 1900, con la publicación de Ariel, el cual tuvo una resonancia amplísima en todo el ámbito de habla española. Anteriormente había publicado La Vida Nueva (1897) y el estudio crítico sobre Rubén Darío (1899).

Reconocido, pues, tempranamente, alternando su labor de escritor con las actividades políticas (fundador del “Club Libertad”, que pugna por la unificación del Partido Colorado Representante por Montevideo en la XXI Legislatura, electo para la XXIII Legislatura y vuelto a elegir para la legislatura siguiente) José Enrique Rodó se convirtió en uno de los principales integrantes de la generación del 900.

Comparte con Vaz Ferreira el magisterio ideológico, la prédica incesante, el afán por dirigirse a la juventud y hacer de ésta la palanca de renovación de una sociedad que necesitaba el cambio y de un espíritu al que se debía sostener, levantar y engrandecer.

Pero a diferencia del autor de Lógica viva, el medio del que se vale su expresión es una prosa cuidada, a veces rotunda, a veces llena de matices y de sabias modulaciones. Heredando del modernismo la pasión de la forma, no confundió sin embargo estilo con “fermosa cobertura”. Para Rodó el estilo es una forma de ser (tal vez del ser) en la que se identifican la verdad y la belleza.

“Era el que escribía mejor”, señaló Alfonso Reyes en 1917, “y era el más bueno”. El propio Rodó dijo: “Decir las cosas bien, (...) ¿no es una forma de ser bueno?...” El desarrollo de la prosa hispanoamericana tiene en él un hito relevante. “Color”, “resalte”, “melodía”: tales características, que Rodó manifestó expresamente como autoimposiciones de su ideal artístico, corren desde entonces en la sangre de nuestra prosa.

Tratarla después de Rodó es -reflexiva o irreflexivamente- contar con ellas y hacérsenos carne la realidad y densidad del idioma. Crítico, pensador, periodista, educador, político, Rodó es el ensayista (obviamente, nuestro mejor ensayista).

Cuantos ataques se han llevado, o quieran llevarse aún, contra su arielismo, su esteticismo, su pretensa evasión o su desdén hacia los problemas reales que fundamentan las crisis de una sociedad, resultan improcedentes.

Un alma tensa, una pudorosa angustia, una desazón creciente ante lo que significa escribir en estas latitudes, muestran en sus últimas páginas a un escritor cuya palabra resuena con fuerza en nuestros días y cuya capacidad emotiva y suscitadora se orienta hacia el futuro.

Obras: La Vida Nueva: “El que vendrá” (1896-97), “La novela nueva” (1897), “Rubén Darío” (1899); Ariel (1900); Liberalismo y jacobinismo (1906); Motivos de Proteo (1909); El mirador de Próspero (1913); El camino de Paros (Barcelona, 1918); Epistolario (París, 1921); Hombres de América (Barcelona, 1920); Nuevos Motivos de Proteo (Barcelona, 1927); Últimos Motivos de Proteo (Montevideo, 1932).

Texto tomado de 100 autores del Uruguay - Paganini, Alberto - Paternain, Alejandro - Saad, Gabriel Editado por: Capítulo oriental.  http://www.academiadeletras.gub.uy/
 

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