Mes de la Mujer

Mujeres y Patrimonio Cultural

Este 8 de marzo, la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación se adhiere destacando el protagonismo creciente que las mujeres han ido ganando en diversas áreas del patrimonio. No como consigna simbólica, sino como constatación histórica y presente: en museos, archivos, excavaciones arqueológicas, comparsas, talleres rurales y espacios académicos, son miles las mujeres que sostienen la memoria viva del país.
Marivi Ugolino

Hablar de patrimonio ya no implica únicamente referirse a monumentos o edificios emblemáticos. El concepto se ha ampliado para incluir saberes, prácticas, relatos, oficios y expresiones que construyen identidad. Y en esa trama profunda, la presencia femenina ha sido decisiva, aunque muchas veces invisibilizada.

Un ejemplo es el proyecto educativo itinerante Mujeres en Defensa, que marcó un hito en la forma de narrar la historia nacional en Paysandú. Galardonado con el Premio Ibermuseos, el programa recuperó el papel que mujeres de ambos bandos desempeñaron durante la Defensa de Paysandú.

Esa revisión también atraviesa el patrimonio inmaterial. En el interior del país, más de 600 tejedoras mantienen activo el Sistema Cultural de la Lana, reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial. La rueca, la lana virgen, las técnicas transmitidas de generación en generación y la articulación con organizaciones civiles no constituyen únicamente una tradición productiva: son identidad rural, autonomía económica y continuidad cultural. Cada prenda tejida es también un acto de preservación.

En los barrios Sur y Palermo de Montevideo, el candombe late con fuerza femenina. Ellas, en diversos roles dentro de las grandes comparsas, son pilares en la preservación de esta expresión reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2009. Su presencia no se limita a la danza: implica la transmisión de saberes, la memoria de los conventillos Medio Mundo y Ansina, y la resignificación de figuras como la Mama Vieja, símbolo de sabiduría ancestral. Referentes como Chabela Ramírez encarnan una tradición que es música y tambor, pero también lucha por equidad racial y dignidad histórica.

La oralidad, otro de los grandes ejes del patrimonio intangible, encuentra en Mariela Acevedo una figura singular. Única mujer payadora profesional del Uruguay, ha sostenido el arte de la improvisación en un ámbito históricamente masculinizado. Hija de payador, criada entre guitarras y contrapuntos, su trayectoria desafía prejuicios y confirma que la tradición no se extingue cuando encuentra nuevas voces.

En el terreno artístico, importantes obras de mujeres han dejado una marca profunda en la construcción de la memoria rural. En los últimos años han sido reconocidas y puestas en valor muchas producciones que antes permanecían invisibilizadas.

En el patrimonio construido también contamos con excelentes referentes femeninas. Julia Guarino Fiechter, primera arquitecta del Uruguay, abrió camino a comienzos del siglo XX desde la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. Décadas más tarde, numerosas profesionales defendieron la identidad arquitectónica moderna en el interior del país. Hoy, investigadoras y arquitectas trabajan en la historia de la arquitectura, el arte y el patrimonio desde la academia, así como en el ámbito técnico y profesional.

La arqueología es otro ámbito donde el liderazgo femenino es cada vez más visible. En Colonia del Sacramento, la Comisión del Patrimonio, por medio de sus arqueólogas, desarrolla tareas de laboratorio, investigación y exposiciones en espacios patrimoniales como Casa Alicia y Casa Pou. En Montevideo se investigan hallazgos históricos que permiten reconstruir capas poco conocidas del pasado urbano. Lejos de la imagen romántica de la excavación aislada, el trabajo arqueológico contemporáneo combina ciencia, gestión y protección territorial, y en esa tarea las mujeres ocupan un lugar central.

La salvaguarda del patrimonio inmaterial también cuenta con referentes sólidas en la antropología. Investigadoras como Leticia Cannella y Olga Picún han impulsado metodologías de investigación-acción participativa que trabajan directamente con comunidades portadoras de saberes. Desde la documentación de prácticas tradicionales hasta la valorización de la panadería artesanal como identidad barrial, su enfoque reconoce que el patrimonio vive en las personas antes que en los catálogos.

En el ámbito de archivos, museos y conservación técnica, el trabajo cotidiano sostiene silenciosamente la memoria nacional mediante tareas de conservación preventiva del patrimonio fotográfico, obras de arte y documentos fundamentales para comprender la historia del país.

En la foto de portada destacamos a una mujer cuyo nombre fué Mariví Ugolino, nacio en Salto el 15 de diciembre de 1943 y falleció en Atlántida el 5 de noviembre de 2024. Fue una escultora uruguaya formada en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República y en el Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes, egresada de la Escuela Pedro Figari en 1975. Desarrolló una obra escultórica de fuerte carga emocional, trabajando con técnicas como moldeado, fundición, ensamblaje de objetos y talla en madera. Además de su producción artística, fue docente de escultura en su taller de Montevideo, investigadora y asesora de la Dirección Nacional de Cultura y de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación.

La dimensión historiográfica y de política cultural también ha contado con figuras decisivas, de referencia nacional e internacional.

Este entramado diverso —rural y urbano, académico y comunitario, artístico y científico— confirma que el patrimonio uruguayo no es una herencia estática. Es una construcción permanente. Y en esa construcción, las mujeres no han sido actores secundarios: han sido motor, defensa y continuidad.

En el Día Internacional de la Mujer, reconocer su aporte al patrimonio cultural no es un gesto conmemorativo aislado. Es asumir que la identidad del Uruguay se sostiene en esas manos que tejen, en esas voces que improvisan, en esos archivos que se restauran, en esos tambores que resuenan, en esas investigaciones que revelan capas ocultas de la historia.

El patrimonio vive porque hay mujeres que lo habitan, lo protegen y lo proyectan hacia el futuro.

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