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El dispositivo es la recompensa

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tapa de libro

Por Andrés Oliveira

Cómo manejar el Metro de Montevideo: 33 lecciones de management por el Ing. Estero Bellaco, de Marco Caltieri[1]

En 2011 Marco Caltieri —escritor, publicista y realizador audiovisual, fundador de la mítica revista Guacho— presentó un universo llamado Metro de Montevideo, que dio sus primeros pasos —o, mejor dicho, hizo su viaje inaugural— en un libro homónimo publicado por la editorial Amuleto.

En aquellas páginas conocimos a Estero Bellaco, un megalómano, ingeniero y emprendedor con una clara visión: brindarle a Montevideo el medio de transporte que presumían «las grandes capitales del mundo, como Londres, Milán, Río de Janeiro».

El planteo fue totalmente original: para exponer los planes de Bellaco y su posterior concreción, fallida y plagada de turbiedades, se utilizaron entrevistas escalonadas en el tiempo que el propio ingeniero se hizo a sí mismo para la posteridad, inventándose un interlocutor: Emiliano Cotelo, que por ese entonces podía escucharse en las mañanas de radio El Espectador.

Caltieri, que en aquella ocasión hizo un prólogo develando el método de estas particulares memorias, lo hizo desde el rol de «Director de Prensa y RRHH» de la empresa Metro de Montevideo. Así comenzaba el juego entre realidad y ficción.

Diez años después, en 2021, el universo se expandió con una serie audiovisual de dieciséis episodios —producida por Cholo Films y emitida en Canal 5 y TV Ciudad— y el libro Cómo manejar el Metro de Montevideo: 33 lecciones de management por el Ing. Estero Bellaco, publicado por Editorial Tajante.

Como su nombre lo indica, esta última adición al universo del Metro de Montevideo —que se vale por sí misma, aunque se anuncie derivada del reciente producto audiovisual— viene en forma de libro de autoayuda empresarial, en el cual el ingeniero Estero Bellaco ofrece consejos de gerencia derivados de su experiencia personal como artífice y máximo responsable de la empresa. El resultado es un recorrido desopilante, plagado de humor negro.

La trinidad referencial

En una página preliminar se mencionan las inspiraciones de este universo: Una modesta proposición, de Jonathan Swift; Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de Jorge Luis Borges, y el episodio del monorriel de Los Simpson.

En un primer vistazo, estas referencias podrían ser tomadas como una humorada, por la aparición de Borges y por lo aparentemente disímil del conjunto (un ensayo satírico, un cuento fantástico y un episodio de una serie televisiva), impresión que remite al prólogo de Foucault en Las palabras y las cosas, donde el árido filósofo francés justamente cita una clasificación absurda creada por Borges. En cierto modo, el gesto paródico y de absurdo está directamente relacionado con esas menciones prestigiosas, ya que el nombre del célebre escritor argentino muchas veces es enarbolado como gesto snob para causar impresión en ámbitos informales. En el mismo sentido, el mencionado prólogo de Las palabras y las cosas es el tipo de texto que el 99% de las personas que afirmamos haber leído a Foucault consideramos suficiente para sostener que hemos leído a Foucault, aunque después no hayamos profundizado mucho más. Más allá de esta posible confusión, el caso es que las tres referencias son más que pertinentes. Parecerían dejadas allí para facilitar esta reseña, como sendero de migas de pan que nos llevará a entender mejor la brillante creación de Caltieri y sus capas, que podrían sintetizarse tomando como disparadores estas tres referencias que se abordan a continuación.

El sarcasmo

El sarcasmo de Una modesta proposición, de Jonathan Swift, ensayo satírico aparecido en 1729, desconcertó a muchos contemporáneos. Su título completo lo dice todo: «Una modesta propuesta para evitar que los hijos de los pobres sean una carga para sus padres o su país, y para hacerlos útiles al público». Luego de enunciar la gran problemática social de Irlanda, derivada de las dificultades del campesinado frente a la inflexibilidad de los ricos terratenientes, Swift ofrece una solución: que los campesinos vendan sus hijos a los terratenientes para que estos se los coman. De esta manera, los campesinos tendrían una preocupación menos —pues ya no tendrían que alimentar a sus vástagos— y aplacarían las exigencias de los arrendatarios. Todo esto Swift lo dice sin despeinarse, yendo un paso más allá de la ironía, de lo que deriva una implacable y ácida crítica hacia el sector que «defendía» en su ensayo. De eso se trata el sarcasmo, de adoptar un rostro imparcial o indolente —la vieja y querida cara de póker— para develar los defectos del oponente o dejar a la vista sus miserias.

El Estero Bellaco de Caltieri, en sus 33 lecciones de management, nos remite a la tradición establecida por el autor de Los viajes de Gulliver. Esto puede verse más que nada en la liviandad con la que desnuda su crudo pensamiento, en las «soluciones» que ha pergeñado para las infinitas y graves problemáticas del Metro de Montevideo, muchas de ellas con víctimas fatales.

Por ejemplo, en la lección 29, titulada «Tácticas de gestión», comenta, como estrategia frente a las tragedias: «Es un cálculo doloroso, como los cálculos renales, pero hay que hacerlo: establecer un límite de víctimas tolerable para la opinión pública». Luego de esto comenta: «Yo hice mis cálculos y me dio el fascinante número de treinta y dos víctimas. Siento que para el uruguayo el número treinta y tres es muy simbólico».

La variante con respecto a Swift es que el ingeniero no es un personaje de discurso clínico, sino aluvional, que, con su verborragia de tono ligeramente coloquial, deja al desnudo sus múltiples contradicciones. Su incontinencia le hace decir cosas que no debería y que luego, al final, a instancias de su abogada —la Dra. Padula—, se ve obligado a relativizar en una nota legal. Esa es otra variante con respecto a Swift: la relación entre realidad y ficción es un ingrediente que Caltieri maneja a la perfección.

El mesianismo

El capítulo del monorriel de Los Simpson —«Marge vs. The Monorrail»— es el episodio 12 de la cuarta temporada de la serie. Fue emitido el 14 de enero de 1993 y se convirtió con holgura en uno de los favoritos de los espectadores. Escrito por el célebre Conan O’ Brien —que a pesar de sus sobradas credenciales como guionista alcanzó la notoriedad como presentador de Late Night Show—, el episodio trata sobre un estafador llamado Lyle Lanley que llega a Springfield con el plan de instalar el mencionado medio de transporte.

Lanley embelesa a la ciudad, incluso a la propia Lisa Simpson, pero halla la resistencia de Marge, que, luego de una investigación, descubre las verdaderas intenciones del misterioso y encantador personaje: huir con el dinero de la ciudad, recursos extraídos a partir del abaratamiento de costos en la construcción del monorriel —lo que lo convierte en un peligro para Springfield—. Finalmente, gracias a Marge, la catástrofe es desactivada.

En el universo del Metro de Montevideo vemos al monorriel en su esplendor, pero hay una gran diferencia. A pesar de las flagrantes —y criminales— fallas del sistema pergeñado por el ingeniero Bellaco, este sigue en pie y no hay una verdadera Marge que sirva como voz de la razón, salvo un extravagante y «autoproclamado presidente de una ridícula asociación de pasajeros» que no encuentra eco en sus reclamos.

En cuanto a las similitudes con la referencia, lo que podemos ver del estafador Lyle Lanley de Los Simpson en Estero Bellaco es el mesianismo que se atribuye a sí mismo el emprendedor, característica que, según Bellaco, es «la más racional de las prácticas empresariales». Está reflejada en frases tales como: «El líder toma atajos, visualiza soluciones, inventa. Crea riqueza. De la nada. Con la sola mirada».

No hay que escarbar mucho para reconocer este mesianismo en ciertos discursos del mundo real. Sus responsables, a cargo de grandes grupos de presión económica —cámaras empresariales, asociaciones rurales, etc.—, les recuerdan a los gobernantes y a los ciudadanos de a pie —los meros mortales— que ellos son los que generan riqueza y que deberíamos estarles agradecidos.

El dispositivo

Por último, tal vez el ingrediente más importante, derivado de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de Jorge Luis Borges, cuento incluido primero en la Antología de la literatura fantástica y después en la colección El jardín de los senderos que se bifurcan —1941—, que a posteriori integraría el libro Ficciones, de 1944. La trama del cuento puede resumirse en el hallazgo, por parte del autor, de un artículo apócrifo de la Enciclopedia Británica que lo conduce al descubrimiento de los esfuerzos de un grupo de hombres que, entre las sombras, conciben un planeta utópico al que llaman Tlön.

El plan de esta sociedad secreta, llamada Orbis Tertius, es introducir a Tlön en el mundo real y gradualmente sustituirlo. Para asombro y terror del Borges protagonista, el plan parece estar dando resultados no solo teóricos, sino también físicos, con la irrupción de objetos palpables que no puede ser explicados bajo parámetros conocidos. En el amargo final, el autor calcula que es cuestión de tiempo para que el mundo que conocemos se convierta en Tlön.

Caltieri, tal como los integrantes de Orbis Tertius, ha concebido un mundo y, también como ellos, ha creado el objeto con el que ese mundo irrumpió en nuestro Montevideo real: Cómo manejar el Metro de Montevideo. Esto puede observarse en el hecho —comprobado mediante fotografías— de que en algunos casos el libro ha sido colocado, por libreros desprovistos de ironía o quizá solo cansados, junto a libros del género ridiculizado, propiciando la posibilidad de que potenciales clientes incautos lo confundan como un exponente más de aquella vorágine editorial. La sola chance de que esto suceda es digna de que nos quitemos el sombrero. Y si no tenemos sombrero, quitémoslo imaginariamente, haciéndole honor a esta sofisticada invención que hace reír y mucho.

Estero Bellaco, que ya ha desembarcado en Montevideo, diría, atribuyéndole la frase a Artigas, Napoleón, Buda o al capitán del Titanic: «El dispositivo es la recompensa».

 

[1] Montevideo, editorial Tajante, 2021.

 

Foto Andrés Oliveira

 

 

Andrés Olveira (1986) es licenciado en bibliotecología y escritor. Ha publicado Ferrocarriles franceses (2016), El insoportable sobrepeso del ser (2017), ¿De qué sirve una casa? (2020) y Doble de riego (2021). Trabaja en la biblioteca de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar.

 

 

 

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