Con participación del IIBCE

El calor detrás de la nube: centros de datos bajo la lupa

Cuando enviamos un correo, guardamos fotos en la nube o reproducimos un video, rara vez pensamos en la infraestructura que lo hace posible. Detrás de esas acciones cotidianas hay edificios concretos —los centros de datos— que funcionan sin pausa, procesando información y generando calor de forma constante.
Vista cenital del centro de datos de Antel. Foto de Amenaza Roboto.

Una investigación del medio Amenaza Roboto, con la participación como asesor científico de Luis Orlando, investigador del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva del  Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, analizó por primera vez en Uruguay el impacto térmico de estas instalaciones. El estudio encontró que el centro de datos de Antel en Pando genera una isla de calor: una zona que permanece más caliente que su entorno.

Una señal detectable desde el espacio

El análisis se basó en más de 32000 mediciones de temperatura de superficie tomadas por el satélite Landsat a lo largo de 25 años. A partir de estos datos, se comparó el comportamiento térmico del predio antes y después de la instalación del centro de datos, controlando factores como la vegetación, la urbanización y las variaciones climáticas.

Los resultados muestran que, tras su puesta en funcionamiento, la temperatura del área aumentó 2,1 °C respecto a sus alrededores. De ese total, 1,9 °C se atribuyen al propio centro de datos: en su mayoría por la transformación del terreno, pero también —en una fracción significativa— por la operación de los servidores y sus sistemas de refrigeración.

«Más allá de los números, que son conservadores, lo relevante es la señal que se detecta: un aumento de calor en las inmediaciones del centro de datos. Una parte se explica por los cambios en el paisaje, pero otra solo puede atribuirse a la operativa. Es la señal inequívoca de un emisor de calor», explicó Orlando.

Por qué los centros de datos generan calor

Los centros de datos albergan miles de servidores que convierten electricidad en procesamiento, y como consecuencia inevitable en calor. Los sistemas de refrigeración no eliminan ese calor, sino que lo trasladan desde el interior del edificio hacia el exterior.

El estudio identificó que esta emisión no se concentra únicamente en el edificio, sino que se dispersa hacia los alrededores, generando una meseta térmica en un radio de hasta 300 metros. Este patrón, distinto al de otras construcciones, constituye una firma característica de estas infraestructuras.

Un impacto poco estudiado

El efecto térmico de los centros de datos ha recibido poca atención en la discusión pública, que suele centrarse en el consumo de energía y agua. Sin embargo, existe abundante evidencia científica sobre los efectos del calor en la salud, especialmente durante olas de calor.

En este contexto, comprender cómo estas instalaciones contribuyen al calentamiento local resulta clave, particularmente en zonas urbanas o periurbanas.

Una línea de base para el futuro

El trabajo no solo documenta un caso concreto, sino que aporta una metodología replicable para distinguir qué parte del calor proviene de la infraestructura y cuál de su operación. Esto abre la puerta a nuevos estudios, especialmente en un escenario donde Uruguay se posiciona como polo regional para centros de datos.

«La contribución central es haber demostrado que este efecto es medible y que puede analizarse con datos públicos», destacó Orlando.

En un contexto de expansión de este tipo de infraestructuras, contar con evidencia científica sobre sus impactos permite enriquecer el debate y anticipar desafíos ambientales y de salud.

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