Investigación regional

Cangrejo sirí: nuevas claves sobre su conectividad y manejo de su pesquería

Un estudio que combinó modelado biooceanográfico y genómica poblacional analizó la conectividad del sirí o cangrejo azul (Callinectes sapidus) en el Atlántico sudoccidental y aportó nuevos elementos para comprender la dinámica de esta especie para fortalecer las estrategias para su conservación.
Ejemplar de cangrejo sirí, Callinectes sapidus

El sirí es un crustáceo que habita a lo largo de la costa atlántica, desde Canadá hasta Argentina y es una especie de gran valor económico y culinario. Los adultos viven en estuarios y lagunas costeras de aguas salobres. Luego del apareamiento, las hembras migran hacia aguas más saladas donde eclosionan los huevos liberando las larvas. Las larvas crecen en aguas de alta salinidad en el océano y luego de su desarrollo regresan a las lagunas costeras.

La investigación evaluó la conectividad entre distintas localidades de la región mediante dos enfoques complementarios. Por un lado, un modelo biofísico permitió simular las rutas de dispersión de las larvas a partir de las condiciones hidrodinámicas, incorporando su comportamiento de migración vertical y otros rasgos específicos de la especie. 

Por otro lado, el análisis de la variabilidad genética a partir de SNPs, pequeñas variaciones en una única posición del ADN, permitió estudiar la estructura poblacional del sirí.

Ambas aproximaciones mostraron una conectividad sustancial entre las localidades estudiadas. Los resultados genómicos respaldaron la existencia de una única población bien mezclada en toda el área de estudio, en concordancia con la amplia distribución de las larvas que predijo el modelo.

Los hallazgos tienen implicancias para la gestión de la pesca del sirí, que se desarrolla a escala transfronteriza entre Brasil y Uruguay y presenta signos de sobreexplotación. La evidencia obtenida señala la necesidad de desarrollar estrategias de conservación que consideren la estructura poblacional de la especie y de fortalecer la coordinación binacional para protegerla. 

El estudio también analizó el posible rol de las Áreas Marinas Protegidas (AMP) de Uruguay como zonas fuente de larvas. El rol de las AMP en la conectividad de especies marinas —línea de investigación que lidera Erika Meerhoff desde el del Centro de Investigación en Ciencias Ambientales (CICA) del Instituto Clemente Estable— es uno de los puntos clave señalados por el Marco Mundial de la Diversidad Biológica de Kunming‑Montreal (KMM) que subraya que las AMP deben ser ecológicamente representativas, estar bien conectadas y gestionadas de forma equitativa. La conectividad ecológica es un eje central porque asegura que las poblaciones y ecosistemas mantengan resiliencia y funcionalidad.  En este sentido, los resultados indicaron que estas áreas podrían contribuir de manera significativa al aporte de larvas hacia zonas no protegidas del sur de Brasil, particularmente durante el reclutamiento invernal y bajo condiciones asociadas al fenómeno de La Niña.

Al identificar las escalas espaciales y temporales en las que ocurre el intercambio de larvas, la investigación contribuye a comprender mejor los patrones de conectividad del sirí  en la región y aporta evidencia científica para la planificación de medidas de conservación y manejo de esta especie.

El estudio contó con la participación de Erika Meerhoff, del CICA; Noemí Rojas-Hernández y David Véliz, del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile; Marcos Alaniz Rodrigues, del Brazilian Institute of Environment and Renewable Natural Resources, de Barra do Garças, Brasil; Vincent Combes, del Institut Mediterrani d'Estudis Avançats, en Esporles, Islas Baleares, y del Departamento de Física de la Universitat de les Illes Balears, en Palma de Mallorca, España; Ricardo Matano, del College of Earth and Atmospheric Sciences de Oregon State University, Estados Unidos; y Omar Defeo, del Laboratorio de Ciencias del Mar de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República y del Instituto de Ciencias Oceánicas. 

La participación de investigadores e instituciones de distintos países y disciplinas permitió integrar herramientas y conocimientos complementarios para comprender un fenómeno que trasciende las fronteras nacionales. Este tipo de colaboración resulta especialmente relevante para abordar desafíos ambientales de escala regional y generar evidencia científica que contribuya a la conservación de los ecosistemas y las especies que los habitan. 

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