Ciencia que migra

Experiencias, desafíos y redes que sostienen las trayectorias científicas

En el marco del ciclo Trayectorias que inspiran, organizado por la Comisión de Género del instituto, se realizó el encuentro Ciencia que migra, un espacio de encuentro y conversación sobre las experiencias de quienes desarrollan sus trayectorias científicas lejos de sus lugares de origen.
Participantes de la actividad

La propuesta reunió a integrantes de la comunidad del instituto de distintas procedencias, que compartieron sus historias de migración, sus recorridos académicos y los desafíos que implica construir una vida y una carrera en un nuevo país.

Durante el encuentro, Juan Carlos Rosillo, Hany Pazos y Natalia Ortiz relataron experiencias atravesadas por contextos y momentos diferentes, pero con algunos puntos en común: la necesidad de adaptarse a nuevos sistemas científicos, reconstruir redes personales y profesionales, afrontar trámites y procesos de revalidación de títulos y, en muchos casos, aprender a desenvolverse en nuevas dinámicas culturales y laborales.

Juan Carlos recordó su llegada a Uruguay y su primer acercamiento al instituto, donde encontró un espacio para continuar y transformar su trayectoria en investigación. Su experiencia comenzó con una pasantía vinculada al estudio de la neurogénesis adulta y continuó con la maestría y el doctorado. En su relato destacó especialmente la importancia de las personas que acompañaron sus primeros pasos y el papel de quienes, desde la institución, tendieron redes para quienes llegaban desde otros países. También recordó a Felicia Rivera, a quien definió como una figura fundamental para muchas personas migrantes de la comunidad cubana, por su capacidad de acompañar y brindar apoyo en momentos difíciles.

Hany Pazos, bióloga graduada de la Universidad de La Habana, llegó a Uruguay por motivos familiares. Su inserción estuvo marcada inicialmente por la necesidad de conocer los canales de comunicación y las vías de acceso a oportunidades laborales y académicas. Tras atravesar la pandemia y desempeñarse en trabajos fuera del ámbito científico, logró revalidar su formación y comenzar una pasantía honoraria en el Departamento de Genética, experiencia que le permitió retomar su carrera científica. A partir de allí continuó su formación de posgrado y destacó el valor de las becas y de los instrumentos de financiación para sostener las trayectorias de investigación.

En su intervención también subrayó la importancia de las redes de colaboración científica. El intercambio con distintos grupos y laboratorios le permitió conocer otras formas de trabajo, ampliar sus vínculos profesionales y avanzar en su recorrido. Para Hany, migrar no responde a una única fórmula: implica aprender, desarrollar resiliencia y encontrar nuevas maneras de continuar, incluso cuando el camino presenta pausas y obstáculos.

Por su parte, Natalia Ortiz, oriunda de Córdoba, llegó a Uruguay a fines de 2024 para realizar un posdoctorado. Su experiencia migratoria fue diferente, en parte por la cercanía geográfica y cultural, pero también estuvo atravesada por el desafío de adaptarse a un sistema científico con características distintas al argentino. Su decisión de migrar estuvo vinculada a la situación de la ciencia en Argentina y a la búsqueda de alternativas para continuar desarrollándose como investigadora.

Natalia compartió las diferencias que encontró entre ambos sistemas científicos y las dificultades de comenzar nuevamente en otro lugar, desde comprender los mecanismos de concursos y financiación hasta construir nuevas redes afectivas y profesionales. También habló de la distancia de su familia y de las pérdidas y ausencias que forman parte de la experiencia migratoria. A pesar de esas dificultades, valoró especialmente la recepción que encontró en Uruguay y afirmó que volvería a tomar la decisión de migrar.

Trayectorias personales, los desafíos compartidos

El intercambio permitió poner en común experiencias diversas y reflexionar sobre las condiciones que favorecen la integración de quienes llegan a una nueva institución y a un nuevo país. Entre los temas que surgieron estuvieron las dificultades asociadas a la documentación, la residencia, la revalidación de títulos y el acceso a contratos y oportunidades laborales. En ese sentido, se planteó la importancia de contar con información institucional sistematizada y accesible que facilite los primeros pasos de quienes llegan desde otros países.

La actividad fue también una oportunidad para reconocer el valor de las redes humanas que se construyen en torno a la ciencia. Los relatos coincidieron en destacar que, más allá de las oportunidades académicas, el acompañamiento cotidiano, la empatía y la disposición a compartir experiencias pueden marcar una diferencia significativa para quienes atraviesan un proceso migratorio.

Ciencia que migra fue, así, una invitación a escuchar trayectorias diversas y a reflexionar sobre la movilidad de las personas que hacen ciencia, pero también sobre la responsabilidad colectiva de construir espacios de trabajo abiertos, solidarios y capaces de acompañar a quienes llegan para continuar sus caminos en investigación.

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