Ciencia, género y vocación

¿Todo el tiempo, todo el hombre?

En el marco del 8 de marzo, el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) fue escenario de un encuentro para pensar la ciencia desde una perspectiva de género. A partir de una frase atribuida a Clemente Estable, la actividad propuso revisar tradiciones, abrir preguntas y reflexionar colectivamente sobre las condiciones actuales de hacer ciencia.
Actividad en el marco del Día Internacional de las Mujeres en el Salón de Actos del IIBCE

Con una consigna provocadora —«¿Todo el tiempo, todo el hombre?»— la Comisión de Género del IIBCE organizó una instancia de intercambio a la interna del instituto para reflexionar sobre el pasado, el presente y los desafíos de la ciencia desde una mirada actual.

La actividad comenzó con la intervención de Jimena Blasco, arqueóloga y museóloga que actualmente trabaja con el acervo del instituto, quien aportó una perspectiva histórica a partir de su labor con documentos del IIBCE. Desde allí, propuso problematizar el carácter androcéntrico de la frase disparadora y, en un sentido más amplio, de muchas formas de construir conocimiento. 

Señaló cómo estas miradas han permeado distintas disciplinas científicas y cómo, con el tiempo, van siendo cuestionadas. En ese recorrido, destacó la importancia de los archivos y acervos para recuperar y visibilizar el papel de las mujeres en la ciencia, muchas veces relegadas en los relatos tradicionales, así como el rol del magisterio y de las primeras sociedades científicas como espacios clave para su inserción.

A continuación, el investigador del IIBCE Pablo Zunino, que trabajó con discípulos directos de Clemente Estable, propuso situar la figura del fundador en su contexto histórico. A partir de un recorrido por su vida y obra, destacó su formación como maestro, su concepción de la vocación como motor de la actividad científica y su impulso a iniciativas innovadoras como la dedicación total en investigación en el ámbito público. 

En ese marco, planteó que expresiones como «todo el tiempo, todo el hombre» deben leerse a la luz de las condiciones sociales, económicas y culturales de la época. Asimismo, subrayó la amplitud intelectual de Estable y su apertura a distintas formas de conocimiento, más allá de los límites estrictos de la ciencia.

Por su parte, María José González, investigadora del IIBCE e integrante del Comité de Calidad con Equidad de Género del instituto, ofreció una lectura desde la experiencia personal y el presente. Si bien reconoció el contexto en el que pudo haber sido formulada la frase, señaló que hoy puede resultar problemática y poco representativa. En particular, cuestionó el uso del lenguaje como reflejo de una visión centrada en lo masculino y planteó cómo, históricamente, la posibilidad de dedicarse plenamente a la ciencia estuvo condicionada por desigualdades de género. 

En ese sentido, puso el foco en las cargas asociadas a los cuidados, la vida cotidiana y las exigencias sociales que aún hoy impactan de manera diferencial en las trayectorias de las mujeres en la ciencia.

A partir de estas exposiciones, el intercambio con quienes acompañaron la actividad amplió y complejizó el debate. Surgieron reflexiones sobre la tensión entre vocación y condiciones de trabajo, el carácter cada vez más demandante del sistema científico y la necesidad de repensar qué significa hoy dedicarse a la investigación.

En ese marco, se problematizó la idea de «todo el tiempo», cuestionando tanto su viabilidad como su deseabilidad en un contexto donde se busca construir prácticas más equitativas y compatibles con una vida plena. También se planteó la importancia de generar condiciones laborales que permitan no solo investigar, sino también pensar, reflexionar y sostener trayectorias diversas.

Lejos de clausurar el debate, la actividad abrió nuevas preguntas: ¿qué condiciones son necesarias para hacer ciencia hoy?, ¿cómo compatibilizar vocación, trabajo y vida personal?, ¿qué modelos queremos sostener y cuáles transformar?

Entre consensos y matices, emergió una idea compartida: la necesidad de construir colectivamente una ciencia más inclusiva, equitativa y humana, que reconozca la diversidad de trayectorias y formas de habitar la práctica científica y garantice condiciones de trabajo estables que permitan desarrollar la investigación con continuidad y dedicación.

La instancia también puso en valor el diálogo como herramienta fundamental. Recuperando el espíritu crítico y abierto que caracterizó a Clemente Estable, el encuentro reafirmó la importancia de generar espacios de reflexión que permitan revisar el legado y proyectarnos hacia el futuro.

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