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Homenaje

“Una vida cargada de empresas realizadas y de gran compromiso social”

Valentín Trujillo, director de la Biblioteca Nacional, escribe sobre Manuel Quintela
Receta firmada por Quintela

La consigna de la  26° edición del Día del Patrimonio es “Medicina y salud, bienes a preservar” y la figura que se homenajea, es la del Dr. Manuel Quintela. En un año muy particular, debido a la pandemia, se reconoce de esta manera, a todos quienes están involucrados en el ámbito de la salud. Muchas actividades en todo el país, se realizan en torno a la consigna y a la figura de Quintela.

El director de la Biblioteca Nacional, Valentín Trujillo, escribió una semblanza sobre el Dr. Manuel Quintela en la que repasa aspectos poco conocidos de su vida y sobre todo comenta sobre la impronta y el compromiso social de un hombre activo e inquieto de comienzos del siglo XX.

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La figura de Manuel Quintela, nacido en el departamento de Treinta y Tres en 1865 y fallecido en la Facultad de Medicina a finales de 1928, sintetiza en sesenta y tres años una vida cargada de desafíos y de proyectos, de intereses diversos, de ansias por experimentar y desarrollar planes para las varias instituciones que comandó con criterio.

Destacado médico y docente, decano por dos veces de la Facultad de Medicina, gestor y emprendedor de gran creatividad y empuje, Quintela fue además excelente estudiante, comprometido revolucionario, legislador, y dirigente de importancia vinculado a instituciones de peso en su época, como la Sociedad de Amigos de la Educación, el Jockey Club o la Asociación Rural del Uruguay.

La dimensión de su nombre quedó reflejada, además, de forma popular en el gigantesco hospital universitario sobre Avenida Italia, símbolo de la formación académica de decenas de generaciones de médicos nacionales.

Manuel Quintela Cassagne nació a finales de julio de 1865 en la campaña del recientemente creado departamento de Treinta y Tres.  La pasión por los animales se le despertó desde muy chico, en contacto directo con caballos, aves y gatos. La muerte de su padre determinó que la familia emigrara a Montevideo, donde el niño Manuel estudió en el Colegio Salesiano. Luego continuó sus estudios en la Sociedad Universitaria, en la que además, como alumno destacado, también fue profesor de zoología. Afiliado desde muy joven al Partido Nacional, siendo un joven estudiante de medicina de veintitrés años participó como ayudante de Rufino Domínguez durante la Revolución del Quebracho, un intento principista de derrocar la dictadura militar del general Máximo Santos.   

Como tantos otros médicos uruguayos, después de graduado decidió complementar sus estudios en Francia -país al que lo unía la nacionalidad de su madre-, específicamente en otorrinolaringología. Estuvo quince meses en París, donde estudió en hospitales públicos y clínicas privadas. En 1892, Quintela regresó a Montevideo para abrir su primer consultorio, el primero de un otorrino uruguayo. Al poco tiempo, comenzó a aplicar métodos totalmente innovadores para el país en la materia, como la mastoidectomía o las operaciones con entubación. También comenzó a dar los primeros cursos que se dieron en el país sobre enfermedades del oído.    

La revolución de 1897 de Aparicio Saravia lo tuvo entre sus filas para la atención de las tropas heridas. Al año siguiente, producto del pacto entre el gobierno colorado de Juan Lindolfo Cuestas y los blancos rebeldes, fue electo diputado por su departamento natal, tarea que desarrolló hasta 1902.  Se casó con Luisa de Castro Caravia, hermana de María de Castro Caravia, esposa del abogado, político y futuro gran artista plástico Pedro Figari. La pareja tuvo varios hijos.

Gracias a la llegada de varios médicos tanto al Poder Ejecutivo como Legislativo, se produjo una presión para conseguir los recursos necesarios para construir una nueva sede de la facultad de Medicina. Quintela fue una llave fundamental en esto, y para 1904 se aprobó el presupuesto de la nueva obra, que se construyó y fue culminada en 1911. Mientras tanto, Quintela tuvo un rol fundamental como docente y como decano por dos períodos, entre 1909 y 1915, y luego entre 1921 y 1927.

Su trabajo y sus tareas se desarrollaron en capas superpuestas, porque integró y presidió la vareliana Sociedad de Amigos de la Educación Pública entre 1905 y 1911, y también entre 1915 y 1919. A nivel político, fue elegido como integrante de la Asamblea Constituyente de 1916.

Al mismo tiempo, se desempeñó como importante dirigente y presidente por dos veces de la Asociación Rural del Uruguay, uno de los mayores grupos de la vida económica del país.

También hizo explícita su pasión burrera al presidir el prestigioso Jockey Club, en otros dos períodos.  La publicación de la memoria de los primeros cincuenta años del Jockey Club lo muestra como un referente muy importante de comienzos del siglo XX, tanto en las tareas de la sede central del club, el palacete en 18 de Julio, como en las mejoras notorias del Hipódromo de Maroñas.    

Como curiosidad, y en una línea de conexión con su infancia, Quintela tuvo enorme afición por los animales. Fue el introductor de las palomas mensajeras y fundó la primera Sociedad Colombófila del Uruguay, así como importó los primeros gatos persas que llegaron al país. 

En una vida cargada de empresas realizadas y de gran compromiso social, la idea, creación y desarrollo de un hospital universitario fue para Quintela un objetivo fundamental a cumplir. Junto a otros importantes médicos de la década del ’20, como Elías Regules, convenció al sistema político de que era esencial realizar una obra de esta magnitud. En 1928, junto al arquitecto Mario Moreau, Quintela recorrió varias ciudades de los Estados Unidos y visitó varios hospitales que serían referencia para lo que luego fue el Hospital de Clínicas. De allí tomaron la idea innovadora del llamado hospital “monoblock”, integrado en todas sus áreas y con divisiones de sectores por piso, construido en cemento armado.  

Para una obra de este tamaño, el Estado compró el terreno la antigua quinta de la familia Cibils, sobre la actual avenida Italia. El proyecto estaba en pleno desarrollo cuando a finales de diciembre de 1928 la muerte sorprendió a Quintela en la Facultad de Medicina que él mismo había logrado crear. No pudo ver la piedra fundamental del Clínicas, que se colocó en la Navidad de 1930, ni por supuesto la inauguración del Hospital, en setiembre de 1953, aunque su nombre estuviera en letras de hierro como bautismo del gigantesco edificio.

“Manuel Quintela fue un personaje fascinante, mezcla de inteligencia e intuición, amor por los animales, pasión lúdica, político de raza y médico hábil y competente. Un líder por naturaleza”, escribió el otorrino e historiador de la medicina nacional, Milton Rizzi en la Revista del Sindicato Médico del Uruguay.

El año 2020 será recordado por el mundo para la historia como “el año de la pandemia”, con la llegada del virus covid19. Uruguay ha realizado -y continúa realizando- un gran esfuerzo de su sistema médico y del personal de servicio en hospitales y sanatorios públicos y privados. Recordar y homenajear la figura del doctor Manuel Quintela, gran científico y médico, luchador incansable por la salud de su país, es homenajear a todos los que hoy continúan con su legado.   

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Valentín Trujillo es escritor, profesor y periodista, actual director de la Biblioteca Nacional. En 2017 fue incluido en la lista Bototá39 como uno de los mejores escritores latinoamericanos de ficción menores de 40 años. Su libro, Real de Azúa, una biografía intelectual, fue ganador en los Premios Nacionales de Literatura. Otros títulos suyos son Jaula de costillas, Entre jíbaros, ¡Cómanse la ropa! y Revolución en sepia.

 

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