La vida microscópica de América Latina: una riqueza por conocer y proteger

¿Cómo fortalecer la investigación de esa diversidad y generar conocimientos que contribuyan a responder a las necesidades de la región? Esta pregunta atraviesa un artículo publicado en The ISME Journal, del que son coautoras Karina Antúnez y Claudia Piccini, investigadoras del Instituto Clemente Estable, junto con colegas de diversos países latinoamericanos.
El trabajo analiza las oportunidades y los desafíos de la ecología microbiana, la disciplina que estudia las relaciones de los microorganismos entre sí y con su entorno. A partir de la experiencia de los encuentros regionales ISME Lat, plantea la importancia de fortalecer las redes científicas y construir una agenda de investigación vinculada con las realidades de América Latina.
Una diversidad con mucho por aportar
Desde los bosques tropicales hasta los desiertos y los ambientes acuáticos, la región reúne ecosistemas muy diversos. Estudiar sus comunidades microbianas permite comprender procesos fundamentales para la conservación de la biodiversidad y explorar posibles aplicaciones en la producción de alimentos, la recuperación de ambientes degradados y la salud.
El artículo destaca que América Latina cuenta con una comunidad científica capacitada y comprometida con estos desafíos. Sin embargo, persisten obstáculos que limitan su trabajo: financiamiento insuficiente e inestable, desigualdades en el acceso a equipamiento y barreras económicas y lingüísticas para participar en espacios internacionales.
También señala la necesidad de promover colaboraciones en las que los equipos locales participen en la definición de las preguntas, el desarrollo de las investigaciones y el uso de los conocimientos generados.
Construir conocimiento en comunidad
Los encuentros ISME Lat, impulsados por la Sociedad Internacional de Ecología Microbiana, ofrecen un espacio para compartir avances, generar colaboraciones y apoyar a quienes comienzan su trayectoria científica. La edición realizada en Mérida, México, en agosto de 2025 reunió a más de quinientos participantes de 24 países.
Estos espacios combinan el intercambio académico con actividades de formación y divulgación. Además, el uso del español, el portugués y el inglés favorece una participación más amplia de la comunidad regional.
El trabajo propone sostener estas redes con financiamiento a largo plazo, infraestructura compartida y oportunidades de formación. También invita a reconocer el aporte de la ciencia más allá de las publicaciones, considerando su contribución a las políticas públicas, las aplicaciones locales y la transferencia de conocimiento.
Conocer y proteger la diversidad microbiana requiere un esfuerzo colectivo y sostenido. Fortalecer la investigación desde América Latina permite formular preguntas propias y generar conocimientos relevantes para sus comunidades y para el mundo.

