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Hacia una etimología de la intimidad

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Reseña sobre El origen de las palabras (Estuario, 2021) de Damián González Bertolino

Por Valentina Amoroso

Damián González Bertolino (Punta del Este, 1980) escribe sobre la memoria y las palabras: dos cosas que son imposibles de pensar por separado. Las palabras encierran mundos y los mundos encierran recuerdos y es de esos recuerdos que estamos hechos. En el libro, el autor explora la materia prima de las memorias: el lenguaje. Cómo las palabras se concatenan y cómo, cuando elegimos qué decir, también estamos eligiendo qué dejamos afuera. Cómo la elección de decir una palabra, y no otra, delimita el mundo y circunscribe las experiencias. A través de una narrativa autobiográfica se puede leer en estas páginas la historia de una vida narrada, de una vida ordenada por las palabras, de una vida inscripta en el lenguaje:

Para mí, invocar la realidad de ciertas palabras en estas páginas es reactivar una forma que tuvo el mundo a mi alrededor y también dentro de mi cabeza. Si estuvieron presentes en determinados momentos, fue porque el mundo exigió su presencia: todo el lenguaje que pasaba de un lado al otro se concretó en una sola expresión. Cuando todo es tumulto, oscuridad y balbuceo, una palabra acude para arrojarnos un halo de luz y nos dice, como un dios: Yo soy.

Las palabras como las tijeras que recortan lo que podemos ver del mundo, como una selección de las posibilidades sobre nosotros mismos que sí se realizan y, por otro lado, las que quedan por fuera, las que nunca llegan a ser, las que nunca pueden decirse. Con cada palabra hay una verdad que sale a la luz, un mundo por descubrir, un recuerdo enquistado.

La etimología de la palabra infancia proviene del latín infans: «el que no habla». Es el idioma el que nos introduce en las instituciones sociales y el que abre camino hacia el origen de la propia consciencia. Luego de decir «Yo soy», el autor se pregunta: «¿Cuál fue la primera palabra de todas? ¿Cuál fue la palabra que, al ser pronunciada y luego sostenida un segundo de más en el pensamiento, comenzó a desgarrar el cortinado del paraíso de nuestra infancia?».

Es en la lengua en donde dejamos de ser niños y vamos construyendo significados sobre lo que es existir. La adquisición del lenguaje está ligada al origen de la consciencia y a la conformación de la identidad. Pero la lengua también es un misterio, porque en ella habitan los recovecos de nuestra historia, y quiénes somos siempre es una pregunta incierta. En las palabras que nos edifican se esconden nuestra madre, nuestro padre, nuestros hermanos; los amigos, la escuela, la adolescencia. La pregunta de quiénes somos se responde con lo que hay atrás de esas palabras, de las palabras amalgamadas a distintos recuerdos: «Vamos por la vida en un río hecho con palabras».

Hay palabras que relata que son de su abuela: cuajo, arrendar, suero o pellejo. Otras le provocaban indefensión al no ser pronunciadas correctamente por su hermano cuando era niño: ferrocarril, arroz o ratón. Gurí, botija, chiquilín, pibe significan distintas cosas y hablan de su vínculo con Montevideo. Palabras como relámpago, tremolar, olímpico, radiactividad aparecen como abanicos de los que se despliegan historias que son las raíces del árbol de la memoria.

El autor evoca un halo de recuerdos que entrecruzan palabras, momentos y personas. Escribe sobre la experiencia de ampliación de consciencia cuando una palabra nueva se revela y nos permite no solo entender el mundo, sino preguntarnos y extrañarnos, meternos en un lugar que era ajeno, pero que ahora es propio, construirnos a nosotros mismos.

A través del relato de su experiencia con determinadas palabras, Damián González nos introduce en la historia de su vida: una vida mediada por la lectura y la escritura, una vida dedicada a ellas. Su primera experiencia estética, que describe que fue el olor a pichí, el barrio en el que vivía, el vínculo con sus padres y sus difíciles infancias, las muertes, la primera vez que ganó un premio. Las palabras operan como un hilo conductor de recuerdos, son como ventanas que se abren y enjaulan mundos, porque en las palabras que cargamos en nuestra historia existe una «etimología de la intimidad».

El origen de las palabras es un mapa dibujado con el lenguaje que nos invita a pensar en nuestros propios recorridos, en nuestra historia, y pretende llevarnos hacia el comienzo, ese lugar en donde todavía no éramos, pero en donde el lenguaje ya tenía un sinfín de posibilidades para que fuéramos.

«El primer recuerdo de mi vida es en realidad un injerto»: así empieza el libro. Y qué son las palabras si no injertos que colocamos en los agujeros que queremos entender y en las preguntas que no sabemos formular. Qué son las palabras si no injertos maleables con los que vamos ensamblando nuestra historia. Qué son las palabras si no injertos en los que «podemos apoyarnos y recostarnos cuando el camino cansa».

 

 

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Valentina Amoroso Artecona (Montevideo, 1996) es licenciada en Psicología y docente en la Universidad Católica del Uruguay. Está culminando una maestría en psicoterapia junguiana (UCU) y estudiando Letras (FHCE). Trabaja en el área de la psicología clínica y también educacional.
 

 

 

 

 

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