José Manuel Pérez Castellano

En la producción de las reseñas de las personalidades que han dado nombre a los sillones académicos, se cuenta con los importantes aportes del señor Eduardo Wood y el profesor Néstor Sanguinetti, ambos colaboradores honorarios a quienes la Academia agradece muy especialmente.

José Manuel Pérez Castellano

JOSÉ MANUEL PÉREZ CASTELLANO (19/03/1743- 05/09/1815) (*)

Nieto de canarios, fundadores de Montevideo, nació y murió en esa ciudad asistido por su colega y amigo Dámaso Antonio Larrañaga. Tuvo una hermana y cuatro hermanos; los varones inclinados a la carrera de las armas. Integró, junto a D. A. Larrañaga, José Prego de Oliver y Fray Benito Lamas, la primera generación intelectual criolla surgida en la época colonial en Montevideo. Es el primer intelectual nativo que describe su ciudad. En ella inició sus estudios eclesiásticos (en la Residencia San Estanislao de Kostka, regenteada por la Compañía de Jesús), y posteriormente los continuó en Córdoba, en el Colegio Ntra. Sra. de Montserrat y en el Seminario Loreto. Allí obtuvo el título de Maestro en Artes y el de Doctor en Teología. Junto a la lectura de los clásicos españoles, el dominio de la lengua latina le permitió acceder a los autores clásicos en ese idioma. A lo anterior sumó el conocimiento del idioma francés. Una vez ordenado sacerdote – probablemente en Buenos Aires, sede del obispado del que dependía Montevideo - desempeñó diversos cargos eclesiásticos en Montevideo, y participó activamente en los aconteceres políticos. Asesoró al Cabildo acerca de asuntos tan diversos como la provisión de agua potable, la insalubridad de los enterramientos en el interior de los templos o la necesidad de construir un cementerio extramuros. Fue un defensor de los espacios públicos. Ejerció como cura vicario interino de la Iglesia Matriz, a cuyo curato aspiró en dos oportunidades sin éxito. A partir de 1773, residió alternadamente en su casa de la ciudad en la actual calle 25 de Mayo, entre Juan Carlos Gómez e Ituzaingó, y en su chacra del Paso de las Duranas, sobre el arroyo Miguelete, lindera a la que había sido de su abuelo. Llevó adelante su ministerio sacerdotal en los alrededores de su chacra. No tuvo renta eclesiástica y vivió de recursos propios. Encomendado por el Cabildo de Buenos Aires, se encargó del cobro de diezmos y, como ‘Comisario Particular de la Santa Cruzada’, de la administración de las bulas reales. Se desempeñó durante algún tiempo como integrante de la Junta de Temporalidades, gestionando los bienes de los jesuitas expulsados de los dominios españoles en 1767. En 1787, en carta a su maestro de latinidad don Benito Riva -residente en Italia en ese entonces- realizó un pormenorizado memorial sobre el estado de esta colonia. Esta descripción oficia en nuestra literatura de acta inaugural y es -al decir de Ángel Rama- “un ‘primitivo’ por el gozoso candor con que enumera las pequeñas maravillas de la vida pueblerina, la alegría descubridora para los sabores de la incipiente nacionalidad y la torpona escritura con que se ejercita en las bellas letras”. Disiente con esta opinión Vicente Cicalese -prestigioso latinista y experto en temas de la Compañía de Jesús- quien fundamenta su defensa del estilo y las dotes literarias de la Carta a Benito Riva (también conocida como Carta a la Italia, Colección incluida en el cuaderno Caxon de Sastre, manuscrito de cortos ensayos con tapas de cartón forradas de pergamino, conservado en el Archivo General de la Nación y publicado en la de Clásicos Uruguayos de la Biblioteca Artigas, volumen Fuera de Serie III, 1921). Otro cuaderno similar, también manuscrito, el ‘Libro de marquilla’, se encuentra en la Biblioteca Nacional. En cuanto a sus crónicas, el mejor ejemplo lo constituye la Memoria de los acontecimientos de la guerra actual de 1806 en el Río de la Plata (1807). Se trata de un relato del ataque y toma de Montevideo por las tropas británicas, pero que abarca también otros temas relativos a las invasiones inglesas. Aparte de la abundancia y precisión de los datos -incluso los de índole militar y naval-, documentó el valor y la solidaridad evidenciados por los defensores, tanto militares como civiles (fue contrario a la capitulación promovida por el Cabildo, pero finalmente no tuvo otra opción que jurar fidelidad al monarca británico). Tras la invasión napoleónica a España, el "movimiento juntista" americano, de fidelidad a la Corona española, tuvo su primera manifestación concreta el 21 de setiembre de 1808 en Montevideo. Pérez Castellano participó del Cabildo abierto y de la Junta creada en esa fecha, por lo que se estableció el primer gobierno autonómico, separándose de la obediencia al virrey Liniers. Se rompía así la unidad político-administrativa del virreinato platense, manteniendo la fidelidad a la monarquía española. Pocas semanas más tarde, era intimado por el Obispo de Buenos Aires para que, bajo las más severas penas eclesiásticas, desistiera. Sin embargo, Pérez Castellano se negó a suspender sus actividades políticas. En 1809, junto al Presbítero Larrañaga llevaron a cabo la mensura del Cerro de Montevideo por medio de trigonometría logarítmica. El documento que incluye esta medición se ha considerado el primer testimonio científico escrito del Uruguay. Participó en el Cabildo abierto a raíz de los sucesos de la semana de mayo en Buenos Aires (1810), donde mantuvo el sentimiento autonómico para Montevideo (reiterado en el Congreso de Capilla Maciel) y pidió “fuere oído el pueblo” a pesar de ser amenazado de muerte. Ya en plena Revolución Emancipadora, se excusó de asistir al Congreso de Tres Cruces por razones de salud, pero luego fue representante de Minas en el Congreso de Capilla Maciel reunido por orden del gobierno bonaerense, del cual dejó una muy valiosa crónica. Durante cuarenta años se dedicó al cultivo de su chacra en el Miguelete. Fruto de esa experiencia son sus dos gruesos tomos: Observaciones sobre agricultura, que el gobierno patrio asentado en la villa Guadalupe de Canelones le solicitó en 1813 con el fin de instruir a los agricultores, visto el estado de devastación de la campaña por el transcurso de las luchas de emancipación. Guiado por las enseñanzas agrícolas de su abuelo paterno, anotó todo lo atinente al trabajo de la tierra: los insectos dañinos y cómo combatirlos; las diferentes clases de hortalizas y frutales; la elaboración de vinos y aceites, etc. Fuera del motivo central de su trabajo, las Observaciones resultan en una autobiografía, e incluyen interesantes notas sobre las instituciones de la época, las costumbres, y algún aporte sobre la evolución de nuestro lenguaje (el origen de la voz “cimarrón”) así como etimologías indígenas. El manuscrito -que se conserva en la Biblioteca Nacional- quedó definitivamente redactado en 1814, aunque recién fue publicado en 1848 por mandato de Manuel Oribe, en la imprenta del ejército instalada en el Cerrito de la Victoria. La versión completa apareció recién en 1914. Este texto fue alabado por Dámaso Antonio Larrañaga en su Oración inaugural de la Biblioteca Nacional. Alberto Zum Felde considera que tanto el Memorial de 1787 como las Observaciones “carecen en absoluto de cualidades literarias, teniéndolas, únicamente, desde el punto de vista histórico y científico”. Pero agrega: “El Memorial aludido es, seguramente, lo primero que se escribió en el país, algo extenso y con cierto cariz de ilustración y correcta prosa”. Su último escrito Proclama del Miguelete, en ocasión de elegir un nuevo Cabildo en 1815 al finalizar el dominio porteño, contiene un pasaje que puede considerarse el primer homenaje público a Artigas y su gesta, si bien no había sido partidario decidido de Artigas. Poseedor de una de las mejores bibliotecas particulares de la época, a su muerte la donó por testamento al Estado, junto a su casa en la ciudad y ahorros para su mantenimiento, como base para la primera Biblioteca Pública (Biblioteca de Montevideo) inaugurada en 1816 por Dámaso Antonio Larrañaga. Carlos M. de Pena, en 1894; Daniel García Acevedo, en 1908; Benjamín Fernández y Medına, en 1914, pusieron de manifiesto la importancia de su obra científica y literaria. Solicitó fuese enterrado con sencillez en el cementerio contiguo a la Iglesia Matriz y no en el interior del templo. Al desaparecer dicha necrópolis, se desconoce la ubicación de sus restos. Juan Pivel Devoto lo calificó como el ‘glorioso montevideano’. Una calle peatonal de la Ciudad Vieja de Montevideo recuerda a Pérez Castellano. Su nombre identifica el Sillón Nº 1 de la Academia Nacional de Letras del Uruguay.

 

(*)- FUENTES CONSULTADAS:

- Jones Gaye, C. (19/03/2017) - José Manuel Pérez Castellano, montevideano de ley. Recuperado del sitio: https://www.gub.uy/ministerio-educacion-cultura/sites/ministerio-educacion-cultura/files/2024-09/ANL_Jones_JMPC.pdf

- Nuevo Diccionario de Literatura Uruguaya 2001. Montevideo. Alberto Oreggioni-Ediciones Banda Oriental.

- Schulkin, A.I. (11/96) - Homenaje al presbítero Dr. José Manuel Pérez Castellano. Fundador de la Biblioteca Nacional. Recuperado del sitio web de Anáforas: https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/36899.

- Cicalese, V.O. (1987) - Montevideo y su primer escritor, José Manuel Pérez Castellano. Montevideo. Biblioteca Uruguaya de Estudios Literarios (B.U.E.L).

- Paganini, A.; Paternain, A.; Saad, G. (1969) - 100 autores del Uruguay. Capítulo Oriental. Montevideo. CEDAL.

- Castellanos, A.R. (1968) - Prólogo a Selección de escritos. Crónicas históricas 1787-1814. Montevideo. Biblioteca Artigas vol.130.

- Rama, A. (17/9/65) - “Sesquicentenario de J.M. Pérez Castellano (I): el primer intelectual uruguayo”. Semanario Marcha. Montevideo. 

- Rama, A. (24/9/65) - “Sesquicentenario de J.M. Pérez Castellano (II): en la propiedad se funda una cultura”. Semanario Marcha. Montevideo.

- Acevedo, D.G. (1908) - El doctor José Manuel Pérez Castellano. Apuntes para su biografía. Imp. El Siglo Ilustrado de Mariño y Caballero.

- Sitio web de la Real Academia de la Historia. Historia Hispánica: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/35458-jose-manuel-perez-castellano


Ocupantes

Antonio María Barbieri
Designado el 10 de febrero de 1943 (Decreto - Ley de creación de la Academia Nacional de Letras).
Tomó posesión el 20 de febrero de 1943.
Falleció el 6 de julio de 1979.

Miguel A. Barriola
Elegido el 19 de noviembre de 1979.
Tomó posesión el 24 de noviembre de 1979.
Renunció el 23 de noviembre de 1989.

Carlos Jones Gaye
Elegido el 20 de junio de 1991.
Tomó posesión el 25 de julio de 1991.
Fue designado Académico emérito el 8 de diciembre de 2021.

Elena Romiti
Elegida el 11 de mayo de 2022.
Tomó posesión el 15 de junio de 2022.