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El buen pianista en gira que se puso a escribir: para conocer al otro Felisberto Hernández

Un ensayo claro y didáctico de Carina Blixen que aporta claves para leer mejor al discutido maestro
Dibujo de Felisberto Hernández por Ombú

Felisberto Hernández por Ombú (detalle)

 

Por José Arenas
13/09/2026
El País


A lo largo del tiempo parece que se ha olvidado la profesión de músico de Felisberto Hernández. En realidad, comparada con el registro de su obra escrita, el hecho de que el autor de Por los tiempos de Clemente Colling fuera un reconocido pianista dedicado a la música académica se cuela en el imaginario del lector como una fábula más de todo ese mundo felisbertiano que funde fronteras entre lo extraño y lo vanguardista. El músico trashumante y conferencista sobre diversos temas, en general referidos al arte, ha quedado relegado —quizá de manera injusta— a la anécdota rocambolesca, a la sospecha de un virtuoso que quizá es el personaje de un escritor fundacional en la literatura uruguaya.

El pianista es espectro de la historia, el escritor es materia tangible en los libros que se reeditan a cada momento. También es cierto que en el interior del país no falta pueblo, escuela, afinador de piano o anciano mentiroso que no tenga un recuerdo del paso de Felisberto Hernández por allí en una jornada que siempre incluye asombro, pocas localidades ocupadas, un repertorio clásico o un cruce con otros artistas que también salieron por el resto del Uruguay de cara a una Montevideo que nunca fue suficiente para que alguien dedicado al arte pudiera vivir de ello. El interior, por su lado, siempre estuvo allí, sin esperar a nadie. Esa parte del tiempo permanece inamovible.

 

Músico y escritor.
Más allá de toda esta nebulosa, Felisberto Hernández fue pianista antes que escritor, un reconocido concertista que, ya desde muy joven debutó recibiendo elogios que lo vaticinaban como un prodigio y lo ponían en la escena bajo el aura de “promesa”. También fue pianista en vivo de cine mudo en las épocas en que las películas sin sonido eran acompañadas con una partitura para piano y, ya en 1922 su piano pudo escucharse en las primeras radios de Montevideo donde el músico se cruzaba con artistas de vanguardia como Alfredo Mario Ferreiro.

Envalentonado y guiado por el respaldo de la prensa que elogiaba sus asiduos conciertos (“hemos oído a Hernández —decimos— y hemos adquirido la seguridad de que irá muy lejos en sus triunfos”, comenta una reseña aparecida en La verdad en 1923) también fue docente e incursionó, ya con algo más de timidez, en la composición de algunas obras para piano (“Canción de cuna”, “Un poco a lo Mozart”, “Gavota”, “Primavera”, “Vals a la antigua” o “Paginitas musicales”, entre otras obras). No solo fue un pianista de índole académica tradicional sino que encaró, muchas veces, un repertorio vanguardista y contemporáneo con obras de Igor Stravinski o Claude Debussy.

Hernández siempre estuvo en un área cercana a lo incómodo, sus intereses fueron inquietos, movedizos y eso lo llevó no solo a vivir en varias partes del país sino a estar todo el tiempo pergeñando ideas. En esta serie de giras que hizo a lo largo de los años es que nace su literatura. La escritura de Felisberto nace así, “en gira”. Los conocidos “libros sin tapas”, pequeños artefactos manufacturados de modo casi artesanal que podían llevarse en un bolsillo son los primeros volúmenes de cuentos que el escritor hará aparecer cuando viva en el interior, ya sea en Rocha o en Mercedes, además de Montevideo. También sus conferencias son eventos sucedidos en el interior, ya como docente asentado en alguna de las ciudades en las que vivió, o bien como artista de paso y escribirá, además, en diferentes publicaciones periódicas de cada lugar. Su relación con las letras se volverá tan intensa como su vida de músico y gran parte de su producción sucederá a grupa del pianista, como en aquel cuento de Juceca en la que un hombre va de pueblo en pueblo en un piano vuelto carreta tirado por caballos.
Sobre la mitad de la segunda década del 20, Felisberto comienza a redactar los cuentos que serán parte de su primer libro, Fulano de tal, de 1925.

 

La gira.
Quien desentraña, cuenta y analiza todo este proceso en el que se ve a un escritor y músico imposibles de escindir en sus profesiones artísticas es Carina Blixen. En su libro Felisberto en gira, El “extraño viaje” entre el músico y el escritor muestra un trabajo que ha resultado de una serie de investigaciones realizadas durante varios años para lograr establecer algunos conceptos y algunas relaciones en torno a esta “cuestión felisbertiana”. El libro de Blixen, riguroso, completo y al mismo tiempo escrito con la cifra de una prosa sin pesados academicismos que lo vuelvan una tesis de elite, va tras los pasos de la esencia musical en la obra de Hernández y no solo ahonda en una cara casi dejada de lado en la biografía del autor, sino que brinda conceptos, documentos y establece ideas que se hacen clave a la hora de leer a uno de los mejores cuentistas de habla hispana.

A partir de la reconstrucción de un Felisberto músico, entre la modernidad y la tradición, ecléctico en ideas e inquieto en creaciones y figuraciones (el piano, un conservatorio con su nombre, los estadíos en diversas partes del país, sus conferencias, la relación con poetas y actores, una obra musical y performática creada para realizar con Yamandú Rodríguez) se va hacia ese escritor desconcertante, sui generis, ese que escribe y al mismo tiempo crea su propia teoría de sí mismo.

Además de recordar la presencia casi total de la música en sus obras, ya fuera en cuentos como en novelas (especialmente en Por los tiempos de Clemente Colling, de 1942 y El caballo perdido, de 1943) también hay que recordar que los textos del autor no tuvieron el mismo recibimiento que su costado musical. Aquel prodigio de carrera promisoria en letras fue un incomprendido o un rechazado con sus libros bastardos e inexplicables que parecían salidos de la nada. Claro que esto no hace más que dar cuenta de que Felisberto no solo es creador de una obra literaria sino de una literatura, con él se crea su propio universo donde los significados cobran sentido dentro de la galaxia Hernández.
La lectura de Felisberto en gira es el encuentro con un gran trabajo de Carina Blixen —que en rigor parte de una precuela en forma de investigación hecha en equipo— y siempre, claro, es un pretexto para ahondar e ir tras ese costado de la obra de Felisberto Hernández, que siempre puede ser descubierto o releído.


FELISBERTO EN GIRA, de Carina Blixen. Da Vinci, 2026. Montevideo, 194 págs.


Fuente: El País/ Uruguay