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Carina Blixen presenta su nuevo libro “Felisberto en gira”

El “extraño viaje” de Felisberto Hernández: del piano al genio literario.
Carina Blixen presenta su nuevo libro “Felisberto en gira”

La Mañana
2 de julio de 2026

 

La investigadora, crítica literaria, docente y miembro de la Academia Nacional de Letras presenta su libro Felisberto en gira. Compartimos fragmentos de la conversación de Carina Blixen mantenida con La Mañana donde cuenta cómo el “extraño viaje” de Felisberto Hernández entre la música y la literatura fue moldeando su singularidad como escritor.

¿Tu ámbito familiar motivó tu vocación por la literatura? ¿Qué te llevó a la docencia, la investigación y la crítica literaria? ¿Quiénes fueron tus referentes y qué logros y desafíos marcaron tu camino?

Vengo de una familia muy lectora por parte de padre: mi abuela, mi padre, una tía. Recuerdo a mi padre riéndose mientras leía El Quijote. Él murió cuando yo tenía 10 años y dejó una pequeña biblioteca. En principio, leerla fue una manera de seguir con él. Más que una vocación por la docencia, la mía fue por la literatura. Cualquier vía que me permitiera seguir leyendo me seducía. Hice el IPA en literatura, conocí amigos que lo siguen siendo hoy y a Óscar Brando, que también sigue.

Si tuviera que nombrar momentos formadores importantes: cuando hice el trabajo de la Cronología sobre Ángel Rama después de su muerte; cuando trabajé con Óscar Brando con la coordinación de Wilfredo Penco y la dirección de Alberto Oreggioni en el Diccionario de la literatura uruguaya, el inicio en el periodismo cultural, siempre de la mano de amigas (Ana Inés Larre Borges me invitó a Brecha y Rosario Peyrou a El País Cultural), la decisión de hacer el doctorado siendo ya grandecita gracias a una propuesta de Norah Giraldi. Creo que ha sido determinante también el trabajo de investigadora en el Departamento de investigaciones de la Biblioteca Nacional. Fui invitada por Carlos Liscano.

Al tomar posesión del cargo en 2023 en la Academia Nacional de Letras para ocupar el sillón Bartolomé Hidalgo, expusiste una conferencia titulada Los inicios de Felisberto Hernández: un extraño viaje. ¿Por qué Felisberto? ¿Cómo definís esos primeros pasos? ¿Cómo creés que su inestabilidad como músico influyó en la singularidad y excentricidad de su posterior literatura? ¿Existía una relación turbulenta o insatisfecha de Felisberto con sus composiciones musicales?

En realidad, después me di cuenta de que empecé este libro Felisberto en gira mientras preparaba el discurso de incorporación a la Academia Nacional de Letras. Allí está la idea que impulsó el desarrollo posterior. Felisberto es uno de los autores que más admiro. Había trabajado sobre las cartas que envió a Amalia Nieto —intelectual, pintora, novia y esposa de Felisberto— y en 2022 había empezado a trabajar junto a Néstor Sanguinetti y María del Carmen González (como coordinadores), y también Paula Cameto y Genaro Longo, en la preparación de una plataforma digital del archivo de Felisberto que abarcara sus años de músico. (Se colgó en la página web de la Biblioteca en febrero de 2025). Me puse a buscar información en la prensa. Me di cuenta de lo poco que sabíamos de ese primer Felisberto. La expresión “extraño viaje” viene de una cita de Henri Michaux, que fue escritor y pintor: “El desplazamiento de las actividades creadoras es uno de los más extraños viajes al interior de sí que pueda hacerse”. Entendí que estaba tras dos viajes: el que hizo Felisberto recorriendo todo el Uruguay, parte de Argentina y Brasil, y ese otro interior, misterioso, entre la música y la literatura.

Me resulta muy difícil saber cómo se veía Felisberto como músico. Empezó a estudiar a los 9 años, quiso vivir de la música desde la adolescencia (tocando en salas de cine mudo y después recorriendo el Uruguay). La mayor parte de la crítica de la prensa, que lo siguió paso a paso, es trivial. La visión de Lauro Ayestarán en 1935 es sin duda aguda. No encontré ninguna reflexión de Felisberto sobre ella. Es evidente que el camino que había elegido no lo podía llevar a mejorar como músico ni a resolver su precariedad económica. Se fue cansando y, al mismo tiempo, en forma paralela experimentó con la escritura y la narración oral. En 1940 le escribe a Amalia Nieto una carta maravillosa en la que dice su deseo de ser escritor. En 1941 se pone a escribir Por los tiempos de Clemente Colling. Hoy es evidente que es un escritor enorme. Creo que se dio cuenta de que había llegado a un límite con la música.

Su madre dispuso que estudiara piano y Felisberto comenzó a tocar en salas de cine mudo. En algún momento escuchó a Rubinstein y quedó subyugado. ¿Comenzó a componer muy pronto? ¿La música fue su iniciación al mundo del arte? 

Las crónicas de los conciertos de música que dio en sus recorridas por el interior de Uruguay suelen señalar que el público era escaso o poco preparado o que el piano dejaba bastante que desear. El repertorio de Felisberto era la música clásica. Parece evidente que los públicos habitualmente no estaban en sintonía. Su primer concierto con público presente fue en Mercedes en 1926. Al mismo tiempo se dio a conocer en la prensa una reflexión de Felisberto sobre los “intermediarios” en la música. No era lo habitual. El “intermediario” es lo que hoy llamamos el ‘intérprete’: le importó mucho pensar el lugar que debía ocupar. En ese momento afirmó la importancia de que el intérprete fuera fiel al autor, no se dejara llevar por su propia “vanidad” (es una palabra que usó con frecuencia). En otro tipo de espectáculos, con la palabra hablada, solo o con otros artistas, empezó a explorar otras posibilidades del intérprete: creo que podía modificar un texto en relación a las respuestas del público.

¿Qué es la oralidad y en qué momento Felisberto incorpora la palabra al escenario? ¿Qué cambió en él cuando conoció a Yamandú Rodríguez? La clave de la oralidad está en “componer en presencia de los otros”. El contacto directo con los demás le encantaba. ¿Le pidieron que escribiera lo que narraba oralmente?

El libro de Walter Ong sobre oralidad y escritura me resultó iluminador. Su observación de que los medios digitales han propiciado una manera de oralidad segunda —porque ya no se puede prescindir de la escritura— otorga absoluta vigencia a su pensamiento. El narrador oral crea en una situación concreta, en relación con otros, en un tiempo compartido. Puede tener un esquema previo (escrito o en la mente) de lo que quiere, pero la creación se produce en ese tiempo en el que el contacto con los otros es fundamental. Hay indicios en el archivo de Felisberto de que probó con insistencia la narración oral. Creo que Yamandú Rodríguez aportó a Felisberto su experiencia de compartir un escenario con otros artistas, que podían ser músicos, en los pueblos del interior del Uruguay. Era mayor que Felisberto, más conocido y escribía una literatura criollista que era más afín a los públicos que convocaban. Fueron amigos. Felisberto reconoció el valor de algunos de los cuentos que escribía Yamandú. Declaró que su composición La Montonera fue inspirada en su obra.

¿Ya como escritor Felisberto fue más radical que como músico? Cuándo comenzó como escritor ¿Comenzó también el duelo como músico? ¿Cómo lo evaluaron en su tiempo?

Me cuesta evaluar al Felisberto músico porque sé poco de música. Sí, al decidir ser escritor, escribió una novela (algo que no había hecho antes) sobre uno de sus maestros de música (Clemente Colling). Hay algo de duelo, de despedida y reconocimiento de ese mundo que estaba abandonando. En principio, fue considerado por unos pocos escritores e intelectuales como un escritor de valía. Carlos Vaz Ferreira, José Pedro Bellan, Alfredo Cáceres y Esther de Cáceres lo alentaron. Después tuvo el apoyo decisivo de Jules Supervielle. En la Generación del 45 los juicios se dividieron. Ángel Rama —lo recuerdo ahora que estamos en su centenario— lo consideró un gran escritor. Después de su muerte, llegó el reconocimiento de figuras importantes de la cultura internacional.

¿El estilo de escritura de Felisberto varió con el tiempo? ¿Pasó de las pequeñas unidades a algo más extenso y riguroso? ¿Tanto sus amigos como sus esposas —en especial a través de su correspondencia con Amalia Nieto— fueron parte de ese proceso que lo muestra desde “el que escribe’” al “que quiere ser escritor”?

La manera de escribir de Felisberto varió sustancialmente cuando a comienzos de los cuarenta decidió ser escritor y empezó a escribir Por los tiempos de Clemente Colling, publicado en 1942. Esto dicho sin desconocer la importancia de la obra primera, la de los “libros sin tapas” y otros textos Juan Méndez, Almacén de ideas o Diario de pocos días, como laboratorio de escritura, como acopio de perspectivas, ideas, tanteos.

El querer “ser escritor” tiene que ver con ganarse un lugar como tal en el medio social. Jean-Philippe Barnabé ha reflexionado sobre la voluntad de Felisberto de escribir una novela para crear su espacio en la literatura. Era la forma más comúnmente aceptada. Lo que había escrito antes de Por los tiempos de Clemente Colling sigue siendo inclasificable (no importa clasificarlos, lo digo a vía de ejemplo). Felisberto escribió a Amalia Nieto entre 1935 y 1942. Era una lectora amorosa además de inteligente y artista. Creo que escribiéndole aprendió a narrar sus circunstancias. Eso es algo que no está en la literatura de Felisberto de esos años. Cuando se pone a escribir Por los tiempos de Clemente Colling ha aprendido a hacerlo, se dispone a mirar hacia el pasado y observarse.

¿Felisberto era un moderno y un raro? ¿Qué lo hacía especial? ¿Desconfiaba de la intelectualidad por su rigidez? ¿Siempre estuvo presente en su obra el humor y la espontaneidad?

Me gusta la idea de Antoine Compagnon de que ser antimoderno es una manera de ser moderno: el entusiasmo por el cambio y la mirada crítica sobre sus consecuencias son sustanciales a la mirada que llamamos moderna. Felisberto se manifestó en esa dualidad. Sí, era un raro en la medida en que le interesaban las situaciones y personajes estrafalarios. Percibía el desacomodo, lo que no encajaba en las formas habituales de vivir. Creo que rehuía toda forma de solemnidad y podía encontrar que los intelectuales tenían tendencia a caer en ella. El humor fue su manera de señalar, sin adustez, el disparate que es el mundo en que vivimos, de abrirlo a lo inesperado. Una de las paradojas que surgen al acercarse a Felisberto es percibir la actitud no transgresora que tuvo en relación al medio en que se movió y su manera radical de experimentar con la literatura.

¿Podrías hacer una síntesis de los aspectos que aparecieron a raíz de tu última investigación en este libro y que muestran a un artista desde facetas menos conocidas, aportando más sobre su persona y obra? Desde tu experiencia docente, ¿cuál podría ser un aporte para que los docentes motiven a los jóvenes estudiantes? ¿Y para un joven artista que pretende vivir de su arte o que se debate entre distintas vertientes del arte?

Lo que más me sorprendió en el proceso de la investigación fue descubrir el interés y la práctica de la narración oral que hizo Felisberto. Creo que sintió un gran placer en esa experimentación y que los infinitos pueblos del interior que recorrió le daban la oportunidad de probar libremente, sin los condicionamientos que crea un medio culturalmente más formado. Me cuesta saber ahora qué puede motivar a los jóvenes. Creo que si se animan a leer y a dejarse llevar por los diferentes ritmos que crea Felisberto podrían sentirse cautivados con sus novelas y sus cuentos.

¿Qué fue lo que más te sorprendió como investigadora? ¿Qué faltaría hacer aún? ¿Estarías dispuesta a nuevos abordajes o tienes en vista otros objetivos?

Falta mucho por saber; sobre todo hay que seguir investigando al músico. Sería fundamental que otro músico lo abordara. Para mí, es hora de dejar a Felisberto. Ahora estoy trabajando con Amparo Rama en la edición de la correspondencia de Ángel Rama y Marta Traba.

 


 

Fuente: La Mañana/ Uruguay