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Crónica de un crimen - Justino Zavala Muniz

Pregunta del juez, tras la confesión de El Carancho: "- ¿No tuvo lástima, en ningún momento, de aquellas infelices?", rápido y seguro, tal como si ya él mismo se la hubiera formulado desde los primeros instantes del crimen, respondió: — "No estaba allí pa eso".
Crónica de un crimen - Justino Zavala Muniz

CRÓNICA DE UN CRIMEN 
JUSTINO ZAVALA MUNIZ (*)

 

Se cumplen 100 años de la publicación de Crónica de un crimen. En 1921 Zavala Muniz, alejándose de su propósito inicial de ser abogado, comenzó a trabajar como periodista del diario El Día y publicó Crónica de Muniz, concebida cuatro años antes. La obra fue recibida con beneplácito, entre otros, por Miguel de Unamuno y Emilio Oribe. Esta narración es un alegato pasional, documentado, en defensa del abuelo por línea materna, Justino Muniz: caudillo de origen blanco que se había pasado al bando colorado a partir de una tragedia familiar. Con esta obra Zavala Muniz instauró una manera de producción (la «crónica») y una serie de polémicas políticas con figuras del Partido Nacional. En el prólogo a su Crónica de Muniz, enumeró y atacó a los enemigos de su abuelo, aquellos que, en sus palabras, lo insultaron por traidor: Eduardo Acevedo Díaz, Luis Alberto de Herrera y Javier de Viana. En 1923 inició su carrera política en el batllismo y desplegó sus intereses múltiples en Cerro Largo y Montevideo. En su «Casa de las Crónicas» de Bañado de Medina, localidad cercana a Melo, escribió, además de Crónica de Muniz, Crónica de un crimen (1926) y Crónica de la reja (1930). El marco de las acciones es el campo de Cerro Largo, su capital y pueblos. 

Cada crónica es independiente, por lo que no son estrictamente una trilogía, pero guardan una íntima unidad que las acerca a un tríptico. Las tres obras combinan elementos históricos –documentos escritos y de tradición oral que incluye la recibida de su abuelo- con procedimientos novelísticos. Estos últimos se acrecientan progresivamente y de forma secuencial al pasar de un libro al otro. Esa reconstrucción estética de los hechos ha llevado a algunos críticos a plantearse si el término crónica en estos títulos se ajusta enteramente a la definición habitual de ese género. Implicado personalmente, de distinta manera, en cada una de estas tres primeras «crónicas», Zavala Muniz no asumió la primera persona del testigo. Todas tienen, en distinto grado, un componente biográfico. Si la primera reivindica la figura de su abuelo materno, la segunda recoge un recuerdo personal y la Crónica de la reja noveliza la historia de su padre, que fue pulpero (la «reja» es de la pulpería) en una zona rural atravesada por la guerra. La escritura de Zavala Muniz se inscribe en un pensamiento antropológico-literario que quiere rescatar la tradición rural para una sociedad que se proyecta fuera de fronteras y confía en el futuro y el progreso; en un país que se debate entre la superación del estadio bárbaro y la modernización democrática. 

El gaucho de la Crónica de Muniz se transformará en indomable paisano en Crónica de un crimen. En Crónica de la reja llegará el turno para los criollos celosos de sus códigos ante la severa amenaza del pueblero que atiende en la pulpería y el emigrante gallego que acumula riquezas a fuerza de trabajo y espartanismo. En la Crónica de Muniz, el libro presenta al final un apéndice documental, como ‘Documentos de prueba’. En Crónica de un crimen los documentos no se muestran. No hay «verdad» subjetiva o política a defender, ni es necesario establecer una «verdad» de los hechos. La narración es la reconstrucción de un «suceso», una indagación en la mente criminal y, por ende, sobre la condición humana. El 8 de octubre de 1913, un paisano llamado Nieves Ferreira de 37 años, junto a dos cómplices, asesinó a tres mujeres indefensas en Cerro Largo (una niña logró escapar). Ferreira mata por una recompensa que le prometen, no hay nada noble o heroico en esos crímenes. Fue capturado el 22 de octubre en Brasil. Con quince años, Zavala Muniz vio al asesino —a pie—, apresado por el comisario —a caballo—, entrar a Melo en la que los lugareños querían lincharlo. Además de Nieves Ferreira que negaba su culpabilidad –en la novela, Florencio Amaral, conocido en el pago como El Carancho-, los responsables se llamaban Joaquín Silveira y Florencio Barboza. 

En muchos de sus artículos en la prensa ya se veía el referido sesgo antropológico. Le interesaba narrar «las condiciones de vida de los pobladores del país», e incidir y transformar los aspectos negativos de la realidad que vivía (contrabando, asilo, colonia de alienados, penitenciaría, etc.). En una visita periodística a la cárcel de Punta Carretas se encontró, cara a cara, de forma inesperada con Ferreira, ocho años después. En ese interés por ahondar en los distintos tipos sociales, le dedicó una serie de artículos: «Tipos de la cárcel. Nieves Ferreira I, II y III». Pidió una entrevista y pudo dialogar con Ferreira y Silveira (apodado El Mellizo y nombrado El Mellao en el libro), expresándoles que solo tenía una curiosidad literaria. Esa única entrevista la desplegó en esos tres artículos (5/1922). No reprodujo su intercambio con Ferreira, lo narró. Detalló sus características físicas y reacciones. Zavala Muniz había accedido a documentación sobre el asesinato y el juicio a los asesinos. Además de las actas manuscritas del juicio y las declaraciones, a máquina, de los culpables, en la Colección Justino Zavala Muniz de los archivos literarios de la Biblioteca Nacional hay anotaciones manuscritas, muy detalladas, de los movimientos de Nieves Ferreira después del asesinato. Zavala Muniz es sorprendentemente fiel a los documentos.  

Otro factor de radical importancia en la composición de sus obras es su origen oral. Zavala Muniz se obsesiona con explicar el alma trágica del asesino y su eventual sentimiento de culpa; supone al Mellizo consumiéndose de remordimiento en su celda, no así Ferreira (tampoco El Carancho que trasunta cínica frialdad). En algunos momentos de Crónica de un crimen, distintos personajes plantean el tema de la culpa (la madre de El Carancho al comienzo de la narración; El Mellao, instigador del crimen de su cuñada Fausta y que impulsa a Amaral). Si bien Crónica de un crimen denuncia las causas sociales de la violencia: la injusticia, el abuso, la pobreza de la mayoría de la población rural, esto no alcanza para explicar a El Carancho. Por otra parte, él no es un matrero, sino alguien que al desaparecer los caudillos ha perdido su protección. Asimismo, es, de algún modo, la contrafigura del caudillo tradicional, pero una contrafigura que posee, orientadas hacia la acción criminal, algunas de las mismas cualidades naturales que hacia el bien orienta el caudillo. Ahí reside uno de los enigmas de su personalidad, que hasta puede generar cierta oculta simpatía en el lector. 

Carina Blixen considera esta narración -ilustrada por Carmelo de Arzadun, José Cúneo, Bernabé Michelena y Adolfo Pastor- la más perfecta de Zavala Muniz, la que mantiene todo su vigor y actualidad. Crónica de un crimen desdeñó la posibilidad de ser publicado en la prensa masiva y se divulgó en forma de libro bajo el sello de una revista minoritaria (Teseo), con un especial cuidado gráfico, lo que habla de la voluntad de hacer una literatura de raíz popular para un círculo intelectual más restringido. Otra característica es la complejidad psicológica de su personaje frente a la construcción plana de, por ejemplo, un Cruz en el Martín Fierro o, aun más, de un Moreira en Juan Moreira. En estos dos casos, se trata de ciudadanos ejemplares que se descarrían a consecuencia del abuso en las atribuciones de un agente del Estado. Crónica de un crimen fue publicada con un epílogo de su amigo Eduardo Dieste -ensayista, narrador, dramaturgo, traductor, docente, cónsul en varios países, promotor principal del movimiento Teseo e importante impulsor de la plástica en Uruguay-, texto que después fue integrado a una crítica que formó parte del libro Teseo. Crítica literaria (1930). Pablo Rocca planteó la posibilidad de leer Crónica de un crimen desde la no-ficción, por sus simetrías con A sangre fría de Truman Capote. No obstante, hay una actitud muy distinta a la que ha sido habitual en los escritores de no-ficción: Zavala Muniz confía más en el poder explicativo de la narración, inspirada en los hechos, que en el mano a mano con el asesino. 

En 1994 se estrenó en Melo la versión teatral de la novela, escrita por Walter González y bajo la dirección de Ruben Yáñez. 

 

(*) - FUENTES CONSULTADAS: 

- Blixen, C. (2025). Crónica de un crimen de Justino Zavala Muniz. Lectura y archivo, en La saga de Melo. Revista de la Biblioteca Nacional de Uruguay vol. 15, N°20. 

- Rocca, P. (2008). Dilemas de la Modernización en Justino Zavala Muniz. Revista de la Academia Nacional de Letras, N° 4, pp. 5-23.

- Nuevo Diccionario de Literatura Uruguaya 2001. Montevideo. Alberto Oreggioni-Ediciones Banda Oriental.

- Rama, A. (29/03/1968). Zavala Muniz, la tradición modernizada. Semanario Marcha. Montevideo.

-Visca, A.S. (1966). Prólogo de: Justino Zavala Muniz, Crónica de un crimen - Biblioteca "Artigas" Clásicos Uruguayos, Volumen 107, Montevideo.

- Dieste, E. (1930). Crónica de un crimen por Justino Zavala Muniz, en Teseo. Crítica Literaria. Montevideo. Juan F. Montedónico Editor.