Pedro Leandro Ipuche (13/03/1889 - 17/02/1976)

PEDRO LEANDRO IPUCHE
(13/03/1889 - 17/02/1976) (*)
Nace en el entonces pueblo de Treinta y Tres y muere en Montevideo. Hijo de Juan Bautista Ipuche, dueño de una pulpería, y Beatriz Mariño. Es el cuarto de siete hermanos y en su infancia se nutre de paisajes y tradiciones. Ipuche tuvo una cierta formación con varios instrumentos, integrando una banda musical de la cual su padre era el director. Después de una precoz iniciación en una forma de periodismo casero (en 1902 funda un semanario manuscrito, ‘’Los Chicharrones’’, cuyo primer número es una doble hojita manuscrita, que continuó por dos años), la guerra civil de 1904 lo lleva a enrolarse como voluntario, junto con su hermano Eufemio, en la división Minas en la que su padre era capitán en las filas coloradas (redacta los partes militares dada su habilidad con la escritura). Fue, además, un infatigable lector y se consideraba un autodidacta. Se radica en Montevideo en 1905 donde comienza los cursos de Filosofía y Humanidades en el Seminario Conciliar de los padres jesuitas, los que abandonará después. Allí aprenderá el latín y el griego. Luego sumaría otros idiomas: inglés, italiano, francés, guaraní. Participa en conferencias, crea sus primeros poemas, y se siente atraído por la vida política, en particular por la personalidad de José Batlle y Ordóñez, por lo que inicia una corta actividad en el batllismo en la que llegará a ser candidato a diputado.
Su labor literaria se inclina primeramente hacia la poesía, coincidiendo en una temática nativista con su coetáneo Fernán Silva Valdés. Con veinte años obtiene el primer premio en un certamen poético con ‘’Canto a la Virgen del Pintado’’ con un jurado presidido por Juan Zorrilla de San Martín; recibe el aliento de Emilia Pardo Bazán, e ingresa al mundo de las letras. Se vincula al mundo intelectual y literario de Montevideo donde frecuenta, entre otros, a José Enrique Rodó -quien le produjo un profundo sacudimiento y sobre el que dictaría conferencias en el Ateneo y Centro Larrañaga -, Julio Herrera y Reissig (por quien decía tener devoción), Juan Zorrilla de San Martín, Álvaro Armando Vasseur, Ángel Falco, Paul Minelli, Roberto de las Carreras. Entre sus destacados amigos se cuentan Carlos Sabat Ercasty, Vicente Basso Maglio, Juan Parra del Riego. Debe mencionarse su relación en Argentina con Ricardo Guiraldes y el grupo Proa, y en Francia, las traducciones al francés de sus textos. Comienza a publicar tempranamente con Dos lágrimas (1909), breve libro de solo dos poemas que corrigió en la imprenta mientras, a su lado, hacía lo mismo Rodó con ‘’Motivos de Proteo"). Entre 1912 y 1914 escribe el primer tomo de Engarces; en 1916, los sonetos La pajarera nativa. En la década del veinte comienza un importante período de creación, orientándose en la década siguiente hacia la narración en prosa, con Fernanda Soto (1931; con xilografías de su amigo el escultor Antonio Pena), seguida por el romance novelesco Isla Patrulla (1935; del cual Santiago Dossetti reconocía su influencia al escribir Los Molles), La quebrada de los cuervos (1954), Chongo (1961).
En escasos cinco meses habían sucedido cuatro hechos centrales que dieron lugar al surgimiento del movimiento nativista en Uruguay. A fines de 1921 apareció Agua del Tiempo -subtitulado Poemas Nativos- de Fernán Silva Valdés, a comienzos de enero del año entrante Alas nuevas de Ipuche, al fin de ese mes Pedro Figari expuso sus cuadros de negros y gauchos en el Salón Maveroff de la calle Sarandí, y en abril el poema sinfónico Campo de Eduardo Fabini se estrenó en el Teatro Albéniz de Montevideo. En una tarde del final de aquel año 21, Ipuche y Silva Valdés salieron de la imprenta Renacimiento, después de los últimos cuidados de la impresión de sus respectivos libros. Se dirigieron al café de Otonello en la esquina de las calles 25 de mayo y Treinta y Tres, donde Silva Valdés le recitó ‘’La carreta’’, en tanto Ipuche hizo lo propio con el poema ‘’Los Carreros’’ que abre Alas nuevas. Según relata Ipuche, el 2 de enero de 1922, en una volanta, acompañado por su amigo Carlos Sabat Ercasty empezaron a distribuir el poemario en librerías y domicilios de camaradas. Ya varios poetas -como el mismo Sabat Ercasty, Emilio Oribe, Juana de Ibarbourou- habían comenzado a apartarse del Modernismo. Esta renovación estética que requirió de reiteradas definiciones y nombres como el de Nativismo, aspiraba, a su vez, a diferenciarse de los tradicionales poemas criollos. Se presentaba como una visión subjetiva de lo autóctono, impregnada del espíritu vanguardista de la época. Permanecía lo autóctono y telúrico pero abordado desde la renovación estética que proponían los movimientos de vanguardia en las primeras décadas del siglo veinte.
Se procuraba llegar a lo universal desde la realidad de lo local. La admiración de Ipuche hacia los temas nativos provenía de su origen, de la infancia en el pequeño pueblo de Treinta y Tres del cual su abuelo había sido uno de los fundadores, y la campaña circundante. A partir de Alas nuevas -obra elogiada por Carlos Reyles y cuya sinceridad valoraría Gabriela Mistral- la producción de Ipuche se asentó de un modo continuo y fecundo, si bien eventualmente fue reelaborando el Nativismo (le seguiría Tierra Honda en 1924). Ipuche calificó su evolución a una etapa posterior al Nativismo como ‘’gauchismo cósmico’’, por su aspiración a lo universal, con resonancias metafísicas. Su formación teológica juvenil se tradujo en textos con aspectos místicos y filosóficos. Fue un autor culto que, con un fuerte arraigo campesino, no adoptó sin embargo los rasgos y expresiones típicas del gaucho. Jorge Luis Borges, entre otros, elogió su escritura: ‘’Escasas son las composiciones suyas que mi corazón no ha sentido‘’. Borges cita a Ipuche en su cuento ‘’Funes el memorioso’’. Al igual que se ha señalado respecto a la obra de Silva Valdés, Ipuche no se comprometió con los problemas sociales y económicos de su época. Se ha indicado que Ipuche puede ser algo confuso en el manejo de la sintaxis, con neologismos o adjetivos ‘sorpresivos’. Daniel Vidart ve en ello, en cambio, un reflejo de la búsqueda de un significado esencial. Conocedor del Código Comercial Ipuche funda en 1923, con Arturo Dall’Orto, la revista mensual la “Guía del Comercio” que dirigirá durante cuarenta años con el mismo compañero fundador.
En 1926 la editorial La Cruz del Sur publica el primer libro de Francisco Espínola, Raza Ciega, con prólogo de Ipuche. A raíz de la tragedia de Dionisio Díaz en Treinta y Tres (1929) investiga profusamente para escribir una obra, pero finalmente queda trunca. El discurso de despedida de la urna con las cenizas de Horacio Quiroga, en 1937, estuvo a su cargo. Al año siguiente deja el único cargo público que ocupó, de funcionario judicial. Por su obra recibe en 1944 Medalla de Oro del Ministerio de Instrucción Pública, diseñada por Antonio Pena, máximo galardón que otorgaba esa secretaría. La Comedia Nacional representa en el Teatro Solís su única obra teatral estrenada, ‘’Dino, el rey niño’’ (1950). Fue presidente de la Asociación Uruguaya de Escritores (1955-57). El Consejo Nacional de Gobierno junto a ambas Cámaras legislativas le realizan un homenaje público en 1961, por sus 50 años de vasta labor literaria ininterrumpida. A pesar de su militancia batllista, en 1962 edita el ensayo La Defensa de Paysandú para poner de relieve esa gesta, más allá de cintillos políticos (contó para preparar este volumen con la colaboración y el aporte documentario de Juan Pivel Devoto). Ipuche ocupa el sillón académico José Pedro Varela de la Academia Nacional de Letras desde 1968 hasta su fallecimiento. En 1975 recibe el Gran Premio Nacional de Literatura de parte del Ministerio de Educación y Cultura, a cuyo acto de entrega no puede concurrir por su precario estado de salud.
De su matrimonio con Espiritina Ema Riva Melas nacen dos hijos, Pedro -compositor- y Rolina, quien fue una distinguida narradora que, entre otros títulos, escribió sobre su padre Memorias para un retrato (1980). Una calle de Montevideo y una de la ciudad de Treinta y Tres llevan su nombre.
(*) - FUENTES CONSULTADAS Y BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA:
- Nuevo Diccionario de Literatura Uruguaya 2001. Montevideo. Alberto Oreggioni - Ediciones Banda Oriental.
- Sitio web Anáforas sobre Pedro Leandro Ipuche
- Dodera, J. (1989). Pedro Leandro Ipuche. Suplemento Literatura Uruguaya 17 - Diario La Mañana.
- Vidart, D. (24/06/1968). Poesía y Campo, del nativismo a la protesta. Capítulo Oriental 23. Montevideo, CEDAL.
- Gallinal, G. (1928). Letras Uruguayas. París, Ed. Franco-Ibero-Americana.
