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Raza Ciega - Francisco Espínola

''...y el agua empezó a caer con rabia, con furia casi, como si le dieran asco las cosas feas del mundo y quisiera borrarlo todo, deshacerlo todo y llevárselo lejos, al río, al mar... ¡quién sabe a dónde!'' (El hombre pálido)
Raza Ciega - Francisco Espínola

RAZA CIEGA
FRANCISCO ESPÍNOLA (*)


Francisco Espínola nació en San José, Uruguay, a comienzos del siglo XX. Criado en el seno de una familia criolla -su padre era caudillo del Partido Nacional en ese departamento- creció en contacto con la naturaleza y cerca de gauchos a los que escuchó contar historias de las últimas revoluciones del Uruguay. Fue uno de los narradores criollistas de la llamada Generación del Centenario, a la que pertenecieran Juan José Morosoli, Enrique Amorim, Justino Zavala Muniz, entre otros, quienes sustituyeron el amor por las arcadias modernistas por el amor al paisaje nativo, pero con innovación inspirada en las vanguardias de Europa (característica que se dio simultáneamente en otras disciplinas del arte local). No fue un cuentista prolífico, sus Cuentos completos, recopilados en 1975, incluyen diecisiete piezas. 

En 1926, con prólogo de Pedro Leandro Ipuche, la editorial La Cruz del Sur publica el primer libro del ‘gaucho’ Espínola como se le conocería. Raza Ciega recibió elogiosas palabras de Jorge Luis Borges y el Premio del Ministerio de Instrucción Pública (1927). La carátula muestra como motivo el busto de un indio. Comenzó a escribirlo en 1922, con veintiún años, en la habitación de una pensión en Montevideo, donde recibía la compañía de sus amigos, Luis Pedro Bonavita y Luis Gil Salguero, con quienes compartía su pasión por la literatura. El volumen de 120 páginas se compone de nueve narraciones, en las que ciertos toques de humor acrecientan por contraste la tragedia que las recorre; por su orden: «El hombre pálido», «Pedro Iglesias», «Yerra», «María del Carmen», «Cosas de la vida», «Visita de Duelo», «El angelito», «Todavía no» y «Lo inefable». Todos son relatos camperos, en un medio social muy primitivo, a excepción del último que, presumiblemente, no iba a integrar el libro. 

Sus rudos personajes están atravesados por problemas de carácter moral y dramático. Los textos, de mediana extensión, comprenden más de una treintena de personajes. Al igual que a lo largo de toda su obra, el escritor expresa solidaridad, ternura y compasión hacia ellos -mayoritariamente desamparados sociales- sin hacer del gaucho un mito. Al comienzo de esa primera edición hay una especie de alegoría titulada «La firmeza» (en las restantes tres ediciones en vida del autor ya no figuraría), en la que expone entusiastamente el deseo del joven autor de mostrarse como el elegido para decirnos algo nuevo sobre el espíritu ancestral de su raza, postulándose como la voz que interpreta e ilumina a esos seres ciegos y oscuros que parecen ignorarse a sí mismos. 

Por otra parte, si se cotejan las diferentes ediciones de Raza ciega se verá que Espínola atemperó, sucesivamente, las más crudas expresiones camperas especialmente visibles en la edición original. Su amigo Alfredo Mario Ferreira consideraba que el gaucho de nuestros campos no era como aparece en los relatos, pero a su entender en eso radicaba su más alto mérito. Esta obra recibió el espaldarazo de Alberto Zum Felde quien vio en esos cuentos la revitalización de un nativismo que se iba agotando en su versión lírica. El crítico escribió que “en los cuentos de Raza ciega no se trata ya de caracteres, sino de almas, es decir, de lo esencial y lo abismal del hombre’’. Desde sus inicios, el autor se liberó del costumbrismo, del criollismo ornamental, de la veta gauchesca, justamente cuando el género estaba muriéndose. El ambiente, la localización, los objetos se presentan como meros accidentes adjetivos, no así las pasiones y destinos humanos. 

En la composición de sus cuentos la forma se hace contenido. Su escritura no siempre estaría enclavada en el medio rural, más adelante incursionaría en los suburbios o en la pequeña ciudad del interior del país. Su habilidad para el género cuento se confirmaría veinticuatro años después en El rapto y otros cuentos, al tiempo que desarrollaba una legendaria condición de narrador oral. Este nuevo título, de Editorial Número, implicaba un reconocimiento por parte del sector de la generación del 45 más crítico del realismo campesino tradicional. ‘’Nadie es más sutil ni más refinado que Espinola en el manejo de los hilos invisibles de la escritura’’, subrayó Carlos Maggi en relación con su manejo de la técnica. Esther de Cáceres e Idea Vilariño destacaron el ritmo y la musicalidad como otros rasgos salientes de la prosa de Espínola.

 

(*)- FUENTES CONSULTADAS:  

Actas de las Jornadas de Homenaje a Paco Espínola. Lago, S.; Rocca, P.; Fumagalli, L. (comp.). Universidad de la República, Fac. de Humanidades y Ciencias de la Educación, Depto. de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana, Montevideo, 1999.

- Larre Borges, A. I. (30/04/1998) - Francisco Espínola, el último escritor nacional. Insomnia. Separata cultural de Posdata Nº 19. Montevideo.

- Visca, A. S. (1992) - Francisco Espínola, narrador. Revista Iberoamericana, N°160-161.

- De Cáceres, E. (1967) - Prólogo a Raza Ciega y otros cuentos. Montevideo. Biblioteca Artigas.

- Benedetti, M. (1963) - Literatura uruguaya siglo XX. Montevideo. Alfa.

- Ferreiro, A. M. - Reseña de Raza Ciega, en Revista LA CRUZ DEL SUR, mayo y junio de 1927, Nº 17, Año III, página 26.