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Los indígenas en el Uruguay actual: una mirada desde la genética

Mónica Sans
 

Durante buena parte del siglo XX se sostuvo que Uruguay era un “país sin indios”. En 1986, un estudio genético comenzó a cuestionar esa idea. Concretamente, el análisis de la mancha mongólica (melanocitosis dérmica congénita) en una muestra de recién nacidos de Montevideo mostró una frecuencia inesperadamente alta (42 %), imposible de explicar solo por los aportes europeos y africanos aceptados hasta entonces (Sans et al., 1986).

A partir de estos resultados, se abrió una línea de investigación destinada a demostrar y cuantificar el aporte indígena a la población uruguaya. Los primeros estudios ampliaron el muestreo y analizaron marcadores fenotípicos, grupos sanguíneos y proteínas. En Montevideo se estimó un aporte indígena cercano al 1 %, mientras que en Tacuarembó alcanzaba el 20 % (Sans et al., 1997). Posteriormente, la incorporación de marcadores moleculares permitió estimar tanto la ancestría poblacional como la individual. Los datos más recientes, aún inéditos, del proyecto “Variabilidad genética humana en el Uruguay” muestran, para diez departamentos, un promedio nacional de 14 % de ancestría autosómica indígena, en concordancia con estimaciones previas, con máximos en Salto y Paysandú (23 %) y un mínimo en Rocha (8 %) (Figura 1). Como toda estimación genética, estos valores presentan un margen de error, aunque su concordancia con estudios previos, como el de Bonilla y colaboradores (2015) les otorga solidez.
 

Figura 1. Ancestría biparental (autosómica) indígena en distintos departamentos (datos sin publicar, Sans, Figueiro, Hidalgo y otros)

Figura 1. Ancestría biparental (autosómica) indígena en distintos departamentos
 (datos sin publicar, Sans, Figueiro, Hidalgo y otros)

Un bisabuelo indígena

Un aporte promedio de 14 % equivale aproximadamente al ADN heredado de un bisabuelo. Sin embargo, esta equivalencia es solo orientativa, ya que la recombinación genética impide asociar un porcentaje de ancestría con un ancestro específico.

En el estudio mencionado, el 8 % de la muestra presentó más del 50 % de ancestría indígena (unas 23.000 personas tendrían el equivalente a un padre indígena) y el 22 % superó el 25 % (aproximadamente 770.000 personas, equivalente a un abuelo indígena).

Debe aclararse que no es posible establecer cuántas generaciones atrás vivieron los antepasados indígenas, aunque cuanto más lejano sea ese origen, mayor será el número de ancestros necesarios para explicar, por ejemplo, un 25 % de ancestría.

Una abuela, ningún abuelo

A la ancestría autosómica, heredada de ambos padres, se suma la herencia uniparental: el ADN mitocondrial, heredado por vía materna, y el cromosoma Y, transmitido por línea paterna. Esta información permite responden preguntas diferentes y se complementan entre sí. Asimismo, tanto el ADN mitocondrial como el cromosoma Y permiten identificar con precisión el origen geográfico de una única línea de ascendencia, aunque representan solo una pequeña fracción del árbol genealógico, es decir, a diferencia del ADN autosómico, no importa en qué generación vivió el ancestro indígena siempre que la línea sea directa mujer-mujer u hombre-hombre.

En base al proyecto antes mencionado, en base al análisis de ADN mitocondrial se estimó que aproximadamente 40 % de los linajes maternos son indígenas (Figura 2), mientras que el aporte indígena por cromosoma Y ronda apenas el 1 % (Mut et al., 2023). Esta marcada diferencia refleja un mestizaje fuertemente sesgado hacia uniones direccionales entre mujeres indígenas y hombres europeos o sus descendientes.

Debe notarse que las cifras de herencia uniparental representan siempre un mínimo, ya que un linaje puede perderse en pocas generaciones cuando una mujer tiene únicamente hijos varones o viceversa.

Figura 2. Ancestría materna indígena en distintos departamentos (datos sin publicar, Sans, Figueiro, Hidalgo y otros)

 Figura 2. Ancestría materna indígena en distintos departamentos (datos sin publicar, Sans, Figueiro, Hidalgo y otros)

¿Charrúas, guaraníes u otros?

La identidad de los pueblos indígenas que ocuparon el actual territorio uruguayo continúa siendo motivo de debate. Existe consenso sobre la presencia de chanás en el litoral y de grupos guaraníes a lo largo de los grandes ríos, mientras que para el resto del territorio se ha propuesto un predominio de charrúas o de guenoas (Bracco,1998; Cabrera, 1989). Pero, para el análisis de la población contemporánea, la pregunta central no debe ser qué etnias ocupaban cada región, sino cuáles dejaron descendencia en la población contemporánea.

Existe también un debate entre quienes plantean que los descendientes actuales provienen de los indígenas misioneros traídos por el general Rivera en 1828-1829 (por ejemplo, Vidart, 2010), y la reemergencia charrúa que, si bien considera como genocidio eventos como el de Salsipuedes de 1831, reivindica el aporte de esta etnia.

Esta discusión recae sobre la existencia de continuidad entre los pueblos originarios que habitaban el territorio en el momento de la conquista, y aún previos a esta, y los actuales descendientes. Un ejemplo desde la genética es el denominado haplogrupo mitocondrial C1d3, identificado en restos arqueológicos de más de 1.600 años de antigüedad, en el cacique charrúa Vaimaca Perú (ca. 1780-1833) y en habitantes actuales de distintas regiones del Uruguay (Sans et al., 2012). Este hallazgo demuestra la continuidad de algunos linajes maternos locales, aunque no permite asociarlos exclusivamente con una etnia histórica.

Asimismo, se ha podido demostrar que los linajes mitocondriales provienen de diversos orígenes, tanto con afinidades amazónicas como chaqueñas, pampeanas, patagónicas y andinas (Figueiro et al., 2022).

Pasado, presente, futuro

En el Uruguay posterior a la dictadura militar comenzaron a surgir nuevos elementos que cuestionaban la identidad nacional: estudios genéticos que insistían en el aporte indígena, la fundación de asociaciones de descendientes primero y de indígenas después, la revisión crítica de algunos académicos y, más recientemente, los aportes directos de integrantes de pueblos originarios, culminando en el proceso de reemergencia. Como señala Verdesio (2014), la identidad indígena forma parte de un proceso dinámico y complejo en el que reemergen memorias familiares y prácticas culturales.

Aunque la ancestría indígena sigue estando subrepresentada en la autoidentificación —en el censo de 2021 solo el 6,4 % de la población declaró esta ancestría, frente a un 40 % de linajes maternos indígenas detectados por ADN mitocondrial—, esa cifra ha aumentado lentamente en las últimas décadas y es esperable que continúe haciéndolo.

A partir de los datos obtenidos desde la genética, es posible determinar que el componente indígena nunca desapareció de la población uruguaya. Esta disciplina, integrada con la antropología y otras ciencias sociales, en lo que constituye la antropología biológica, unida a la historia y las memorias familiares, permite reconstruir una parte del pasado que permaneció invisible durante mucho tiempo.

La reemergencia indígena es un proceso ya en marcha, aunque casi dos siglos de ocultamiento hayan hecho perder mucha información. En ese contexto, el reconocimiento estatal, los estudios genéticos, la revisión de los programas escolares y la recuperación de historias familiares y datos concretos por parte de académicos e integrantes de pueblos originarios deben contribuir de forma decisiva a la visibilización de los indígenas de Uruguay.

Figura 3. Dr. G. Figueiro y Mag. P. Mut extrayendo ADN de restos prehistóricos en el Laboratorio de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar

Figura 3. Dr. G. Figueiro y Mag. P. Mut extrayendo ADN de restos prehistóricos en 
el Laboratorio de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar.

Agradecimientos

A los integrantes del Grupo CSIC; a todos los participantes en el estudio; al personal de hospitales y sanatorios donde se realizó el muestreo.

Financiamiento

CSIC I+D #209 a Sans e Hidalgo; CSIC Grupos I+D #240 a Sans y Figueiro.

Referencias bibliográficas

  • Bonilla, C., Bertoni, B., Hidalgo, P. C., Artagaveytia, N., Ackermann, E., Barreto, I., Cancela, P., Cappetta, M., Egaña, A., Figueiro, G., Heinzen, S., Hooker, S., Román, E., Sans, M., Kittles, R. A. (2015). Breast cancer risk and genetic ancestry: a case-control study in Uruguay. BMC women’s health, 15, 11.  https://doi.org/10.1186/s12905-015-0171-8

  • Bracco, D. (1998). Guenoas. Ministerio de Educación y Cultura.

  • Cabrera Pérez, L. (1989). Los “indios infieles” de la Banda Oriental y su participación en la guerra guaranítica. Estudos Ibero-Americanos, 15(1), 215-227.

  • Figueiro, G., Mut, P., Ale, L., Flores-Gutiérrez, S., Greif, G., Hidalgo, P. C., Luna, S. L., Ackermann, E., Negro, R. G., Spangenberg, L., Naya, H., Sans, M. (2022). Filogeografía de mitogenomas indígenas de Uruguay. Revista Argentina de Antropología Biológica, 24(1), 1-20.  https://doi.org/10.24215/18536387e042

  • Mut, P., Bertoni, B., Sapiro, R., Hidalgo, P. C., Torres, A., Azambuja, C., Sans, M. (2023). Insights into the Y chromosome human diversity in Uruguay. American journal of human biology: the official journal of the Human Biology Council, 35(12), e23963. https://doi.org/10.1002/ajhb.23963

  • Sans, M., Figueiro, G., Hidalgo, P. C. (2012). A new mitochondrial C1 lineage from the prehistory of Uruguay: population genocide, ethnocide, and continuity. Human biology, 84(3), 287–305. https://doi.org/10.3378/027.084.0303

  • Sans, M., Mañé-Garzón, F., Kolski, R. (1986). Presencia de mancha mongólica en recién nacidos de Montevideo. Archivos de Pediatría del Uruguay, 57, 149-156. Sans, M., Salzano, F. M., Chakraborty, R. (1997). Historical genetics in Uruguay: estimates of biological origins and their problems. Human biology, 69(2), 161-170. 

  • Verdesio, G. (2014). Un fantasma recorre el Uruguay: la reemergencia charrúa en un “país sin indios”. Cuadernos de Literatura, 18(36) 86-107. https://doi.org/10.11144/Javeriana.CL18-36.frur

  • Vidart, D. (2010). El mundo de los charrúas. Ediciones de la Banda Oriental.
     

Mónica Sans, doctora en Biología y licenciada en Antropología por la Universidad de la República, es investigadora del Sistema Nacional de Investigadores y de PEDECIBA. A lo largo de su destacada trayectoria académica, ha ocupado importantes cargos de liderazgo y cuenta con más de un centenar de publicaciones científicas y múltiples distinciones, como el premio “Por Mujeres en la Ciencia” (L’Oréal-UNESCO, 2019) por su investigación sobre el origen y las relaciones de los indígenas del Uruguay y sus descendientes. 
mbsans@gmail.com

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