Francisco Bauzá

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FRANCISCO BAUZÁ (7/10/1849-04/12/1899) (*)

Nació en tiempos de la Guerra Grande, en el Montevideo de la Defensa, y murió tempranamente en la misma ciudad afectado por un cáncer en la garganta. El bisabuelo había llegado desde Cádiz en 1729 para la guarnición de Montevideo. Su abuelo Domingo Bauzá, cabildante de Montevideo, sufrió el destierro por resistirse a someter las sentencias judiciales de sus actos al Virrey de Buenos Aires; y el padre Rufino Bauzá -por quien profesó veneración filial- alcanzó el grado de brigadier general en las luchas de la independencia junto a Artigas y Rivera, con particular destaque en la Batalla de Guayabos. La madre lo educó en los valores católicos, artiguistas, orientales y colorados, y después curiosamente asistió a la Escuela Alemana de orientación luterana. Cursó estudios en la Universidad de Montevideo, si bien no llegó a graduarse, formándose básicamente como autodidacta. Muy joven se incorporó brevemente a la división oriental enviada a la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. Fue historiador, hombre de letras, destacado legislador (diputado y senador), ministro plenipotenciario en Brasil por dos veces durante los gobiernos de Francisco Vidal y Julio Herrera y Obes luego de fructíferas misiones diplomáticas en ese país y Argentina, y ministro de Gobierno en el período de Herrera y Obes (1892). Brilló como orador, por ejemplo, en ocasión de impugnar el decreto gubernamental que establecía el destierro del General Máximo Santos, su amigo personal. Apreciado como distinguido constitucionalista en su época, sus Estudios constitucionales son de 1887. Perteneció al Partido Colorado (aunque en un período descreyó temporalmente de los partidos tradicionales), a la línea anticaudillista, en particular contrario a Venancio Flores, pero fue “hasta el tuétano mismo, clerical” (según ‘’Caras y Caretas’’), a la par de “soldado, siempre presente en todas las luchas que sostuvo por la Causa de Cristo y de su Iglesia”, según escribió el cardenal Antonio María Barbieri. Se consideró su candidatura a la presidencia en 1893. Ya a los catorce años militaba desde las páginas del diario oficialista El Nacional. Colaborará luego con artículos políticos para el periódico La Soberanía Nacional. En 1868 participó en la creación de la Sociedad Amigos de la Educación Popular junto a José Pedro Varela, Elbio Fernández y otros, pero se alejó al tomar la sociedad una orientación laicista. Apoyó en forma crítica la dictadura de Lorenzo Latorre, pero no participó en la organización del golpe de estado que lo llevo al poder. Junto a Juan Zorrilla de San Martín fue figura prominente del grupo intelectual católico que combatió al racionalismo positivista, por ejemplo, desde las páginas de El Bien Público. Su fe católica se reflejará en las polémicas políticas y filosóficas que protagonizó al frente del periódico Los Debates. Colaboró con Monseñor Soler en la fundación del Instituto Pedagógico -del que fue presidente— para fomento de las escuelas católicas, para las que redactó excelentes cartillas de enseñanza. Se desempeñó como rector de la Universidad Libre o Católica - anterior Liceo Universitario - (su condición de ferviente católico habría incidido para que Clemente Fregeiro fuera elegido en su lugar para la cátedra de historia nacional de la Universidad de la República). Fundador y primer presidente del Círculo Católico de Obreros, promovió la protección y promoción de los trabajadores. El mayor renombre lo obtiene en su condición de historiador, con una producción que muchos contemporáneos consideraron la más seria de ese género en el país, además de pieza fundacional de una tradición dominante en nuestra historiografía. A los 31 años publicó los tres tomos de Historia de la dominación española en el Uruguay (1880-1882), con posteriores reediciones ampliadas (1895-1897). La obra, que fuera traducida al italiano en forma de resumen, cubre desde nuestros primitivos habitantes hasta la invasión portuguesa de 1816. Constituye, además de una expresión de su hispanismo, una de las primeras vindicaciones de Artigas. Juan Pivel Devoto – uno de los impulsores gravitantes de la tesis sobre la voluntad independentista de los orientales - lo consideró “Adalid de la nacionalidad uruguaya”. Bauzá, al igual que Fregeiro, asignó al llamado Éxodo del Pueblo Oriental connotaciones bíblicas y un carácter espontáneo. Aprendió latín para estudiar la Suma Teológica y el inglés para leer a Joseph Story, el comentador de la Constitución de Estados Unidos. Publicó Estudios teórico-prácticos sobre la institución del Banco Nacional (1874), en los que impulsa su creación para que el Estado juegue un papel regulador de la economía, y dos años después Ensayo sobre la formación de una clase media. Como poeta publicó Poesías (1869), su único volumen de composiciones líricas que muestran una actitud reverencial ante el pasado, y más tarde aborda el ensayo Estudios literarios (1885). En ellos incluye ‘’Los Poetas de la Revolución’’, y escribe -entre otros- sobre Francisco Acuña de Figueroa. Bauzá señala lo que hay de halagador en esa asociación de las armas y de las letras en nuestra poesía revolucionaria: “Una revolución que fundaba bibliotecas populares, que abría escuelas públicas, consignaba adelantadísimos principios de gobierno en sus programas políticos y solemnizaba sus triunfos militares con torneos literarios, no era una revolución de bárbaros”. “Seríamos injustos, si en nuestros adelantos de hoy, pretendiéramos menospreciar aquellos esfuerzos, tanto más dignos cuanto eran inspirados por un ideal nobilísimo”. Lamentándose sobre el efecto de las guerras civiles sentenció: “Más perjudicial aún el despilfarro de la inteligencia que el del dinero; cuando menos éste se transmite de unas manos a otras para circular siempre, mientras aquélla se consume con quien la tiene, sin que sus derroches sirvan para producir otra cosa que el decaimiento moral en derredor de sí”. A su juicio, Figueroa es fundador de nuestra literatura. Al ocuparse en dichos estudios de Juan Carlos Gómez, se muestra crítico del romanticismo en su conjunto (al igual que de los neo-clásicos) y, en particular, de la teoría anexionista del poeta. En esta obra se ocupa también de combatir las ideas anticatólicas de John William Draper. Sus páginas se completan con cuadros de costumbres; del gaucho, entre otros. En 1892 prologó Charamuscas de su amigo Benjamín Fernández y Medina. Ese año contrajo matrimonio. Sin dejar descendencia, al final de su vida la pobreza lo llevó a vender su muy valiosa biblioteca personal a cifras irrisorias. Redactó un manifiesto al que adhirieron 51 legisladores que propició la firma del Pacto de la Cruz, la paz de setiembre de 1897 que puso fin a la revolución de Aparicio Saravia. A su muerte se le rindieron honores de ministro de Estado. En el sepelio - en el panteón de sus antepasados en el Cementerio Central, junto al Crucero tallado en Galicia al pie del cual fueron inhumados los restos de Artigas en 1856- hablaron José Batlle y Ordóñez y Juan Zorrilla de San Martín, entre otros. Hoy sus restos reposan en la Catedral de Montevideo. Un liceo en el barrio El Prado, una calle de la capital y una sala de la Universidad Católica llevan su nombre. El Archivo General de Indias en Sevilla luce en su entrada principal unos pocos bustos, uno de los cuales, realizado por José Belloni, corresponde a Bauzá.

 

(*)- FUENTES CONSULTADAS:

- Sitio web de Anáforas

- Xalambri, A. (1950) – Rememoración de Francisco Bauzá. Montevideo. Mosca.

- Pivel Devoto J.E. (1965)- Estudio preliminar a Historia de la dominación española en el Uruguay de Francisco Bauzá, Montevideo, Biblioteca Artigas.

- Paganini, A.; Paternain, A.; Saad, G. (1969) - 100 autores del Uruguay. Capítulo Oriental. Montevideo. CEDAL.

- Nuevo Diccionario de Literatura Uruguaya 2001. Montevideo. Alberto Oreggioni-Ediciones Banda Oriental.

- Mag. Gutiérrez, N.J. (2017) - Pivel como editor y prologuista de Bauzá: La Colección de Clásicos Uruguayos y la consagración mutua del nacionalismo clásico. VII Congreso Regional de Historia e Historiografía – FHUC/UNL. Recuperado del sitio web el 11/01/26 



Ocupantes

Juana de Ibarbourou
Designada el 10 de febrero de 1943 (Decreto - Ley de creación de la Academia Nacional de Letras).
No aceptó la designación (16 de julio de 1943).
Elegida el 3 de octubre de 1947.
Tomó posesión el 10 de octubre de 1947.
Fue designada Académica de Honor el 18 de noviembre de 1960.
Falleció el 15 de julio de 1979.

Esther de Cáceres
Elegida el 18 de noviembre de 1960.
Tomó posesión el 9 de diciembre de 1960.
Falleció el 25 de enero de 1971.

Rolando A. Laguarda Trías
Elegido el 28 de marzo de 1972.
Tomó posesión el 7 de abril de 1972.
Renunció el 9 de marzo de 1983.

Nieves A. de Larrobla 
Elegida el 13 de mayo de 1983.
Tomó posesión el 8 de diciembre de 1983.
Falleció el 27 de diciembre de 1993.

Myrtha Páez Penela
Elegida el 26 de mayo de 1994.
Tomó posesión el 9 de junio de 1994.
Falleció el 4 de febrero de 1996.

Alma Hospitalé de Darino
Elegida el 29 de noviembre de 1996.
Tomó posesión el 20 de diciembre de 1996.
Fue designada Académica emérita el 10 de diciembre de 2012.

Marisa Malcuori
Elegida el 12 de junio 2013.
Tomó posesión el 8 de mayo de 2014.
Falleció el 20 de setiembre de 2024.

Marcelo Taibo Cao
Elegido el 3 de diciembre de 2025.