José Pedro Varela

Fue escritor, periodista y político uruguayo. ​ Se desempeñó como director de Instrucción Pública, presentando un proyecto de ley por el cual el Estado uruguayo establecería la enseñanza escolar laica, gratuita y obligatoria.

JOSÉ PEDRO VARELA (19/03/1845-24/10/1879) (*)

Nació en la sitiada Montevideo de la Guerra Grande. Pedro José Varela -luego José Pedro, para diferenciarse de quien fuera presidente de Uruguay- se crio en un hogar de la burguesía comercial rioplatense. Su padre, Jacobo Dionisio, era un importante comerciante argentino, emigrado a Montevideo en su condición de antirrosista, y con un buen bagaje cultural (había efectuado la traducción al español de una obra didáctica francesa: “La enseñanza de la lengua materna” del Padre Girard que, según parece, fue el primer libro de pedagogía editado en el Río de la Plata). La madre fue Benita Gumersinda Berro, sobrina de Dámaso Antonio Larrañaga. Fueron sus tíos por parte de padre: Florencio y Juan de la Cruz Varela, periodista y poeta respectivamente y por parte de madre: Adolfo Berro, poeta romántico y Bernardo Prudencio, presidente del Uruguay en 1860. Si agregamos las vinculaciones posteriores, una hermana de José Pedro -Elvira- se casará con Alfredo Vásquez Acevedo -futuro rector de la Universidad, y compañero de andanzas de José Pedro-; un hermano -Jacobo Adrián- contraerá enlace con una hermana de Alfredo Vásquez, en tanto José Pedro se casará con una hija de Eduardo Acevedo -jurisconsulto, ministro, periodista-, tenemos una imagen clara de su entorno familiar, intelectual y de posición social. Adquirió el conocimiento de las primeras letras en el Colegio de los Hermanos Escolapios. No cursó estudios superiores. A los 15 años ingresó a trabajar en la barraca del padre. Compartió con un grupo de jóvenes (los hermanos Ramírez: Gonzalo, Carlos y Octavio, Agustín de Vedia, Julio Herrera y Obes) sus inquietudes literarias. 

Muy joven aún -con apenas 20 años- fundó con algunos de sus amigos “La Revista Literaria”, en la cual, además de poemas y notas de actualidad, incluyó artículos sobre temas sociales, educacionales y de enfrentamiento al catolicismo desde una orientación de racionalismo espiritualista (a veces con el seudónimo Cuasimodo). En uno de estos artículos señalaba: ‘’No necesitamos poblaciones excesivas, lo que necesitamos, es poblaciones ilustradas. El día en que nuestros gauchos supieran leer y escribir, supieran pensar, nuestras convulsiones políticas desaparecerían quizás. Es por medio de la educación del pueblo que hemos de llegar a la paz, al progreso y a la extinción de los gauchos ‘’. Fueron varios los artículos aparecidos en esta revista sobre el tema de la educación popular, escritos por: “Violeta” (seudónimo de una educadora argentina), Juana Manso (pionera feminista y educadora argentina), Amadeo Jacques (pedagogo, filósofo y educador francés), además de los colaboradores nacionales. Algunas de esas notas ya destacan la figura de Domingo F. Sarmiento que Varela conocerá al poco tiempo. En 1867, partió para Europa y EE.UU., en un viaje que era al mismo tiempo de formación cultural y de negocios vinculados a la barraca familiar. De ese viaje quedan las crónicas aparecidas regularmente en el periódico El Siglo. En Europa, en la isla de Guernsey, se entrevistó con Víctor Hugo a quien le mostró sus poemas románticos, que luego publicará en Nueva York como Ecos perdidos

Más significativos fueron sus contactos en EE.UU., donde conoció a Sarmiento (incluso lo acompañó en el barco de regreso al Plata) y a Bartolomé Mitre, quienes lo entusiasmaron a que dedicase sus esfuerzos a transformar el sistema escolar uruguayo. El joven viajero valoró el desarrollo económico, social y político de EE.UU; por ejemplo, la destacada actuación pública de algunas mujeres en el plano político, como Anna Elizabeth Dickinson, una oradora partidaria de la abolición de la esclavitud y promotora del sufragio femenino. Vio entonces definirse más claramente su vocación de educador. Volvió a Uruguay con la firme decisión de emprender una tenaz campaña en pro de la escuela pública que se encontraba en una situación crítica, tal cual quedó documentado en el informe del Dr. José Gabriel Palomeque, secretario del Instituto de Instrucción Pública, luego de que este recorriera el país varios meses (informe que aportaba medidas a tomar, que Varela tuvo en consideración). De la lectura de las obras de Herbert Spencer, Varela adquirió las ideas del positivismo evolucionista. Además, Francisco Bilbao y Ernest Renan ejercieron fuerte influencia en él. 

En septiembre de 1868 -en un país signado por la violencia- Varela dio una conferencia en los salones del Instituto de Instrucción Pública, en la que desarrolló sus ideas sobre educación. A la intervención de Varela siguió la de otro de sus compañeros de ideas, Carlos María Ramírez. Luego de estas intervenciones se resolvió constituir una “Sociedad de Amigos de la Educación Popular” (S.A.E.P.) que desarrolló a partir de ese momento una intensa obra: fundación de escuelas en todo el país (como la experimental ‘’Elbio Fernández’’, la primera gratuita), bibliotecas populares, publicación de obras pedagógicas, cursos para maestros, etc. Todos estos emprendimientos tuvieron como respaldo pedagógico no solo el aporte de quienes integraban la sociedad, sino también el rico bagaje de información que Varela había traído de EE.UU. (varios cajones con literatura pedagógica originaria de aquel país como el “Journal of Education” de Barnard, importante publicación enciclopédica). Cabe señalar también, que muchos de los que participaron en esta sociedad desde 1868, integraron luego la Asociación Rural, lo que muestra que este movimiento no era producto del simple entusiasmo de un grupo de jóvenes, sino que respondía a las inquietudes de varios sectores de la sociedad. Fueron integrantes de la Sociedad, su propio hermano Jacobo, Elbio Fernández, Alfredo Vásquez Acevedo, Carlos Ma. Ramírez, Francisco A. Berra, Emilio Romero, Eduardo Brito del Pino, entre otros. En 1873 Agustín de Vedia -principista y socio de la S.A.E.P- presentó en la Cámara de diputados un proyecto de educación con puntos de contacto con el que años después elaborará Varela (no incluía la obligatoriedad). 

En 1874 escribió La Educación del Pueblo, en dos voluminosos tomos, publicada por S.A.E.P. y premiada en Chile. Varela fundó el diario “La Paz” en 1869, periódico de oposición al gobierno de Lorenzo Batlle, en el que continuó los ideales políticos de “La Revista Literaria”. Su campaña política le valió el arresto y posterior destierro a Buenos Aires, de donde regresó en 1872, tras la revolución de 1870 y la subsiguiente firma de la paz. Fue cofundador del Club Radical, opuesto a los partidos blanco y colorado. Sin embargo, sus intentos de seguir militando políticamente se volvieron a frustrar tras los sangrientos sucesos que impidieron las elecciones para alcalde, en las que se postulaba. Las persecuciones políticas forzaron a Varela a emigrar nuevamente a Buenos Aires, donde escribe La Legislación Escolar (1876), en cuyas páginas, luego de analizar con dureza la situación política del Uruguay, propone una reforma del sistema educacional. Los trabajos pedagógicos de Varela recurren a frecuentes y abundantes transcripciones de obras de autores norteamericanos o ingleses: Lalor, Webster, Canning, Mayhew, y -fundamentalmente- Horacio Mann y Norman Calkins (por su concepto de Lecciones sobre objetos). 

En abril de 1875 el presidente Pedro Varela decretó que la Comisión de Instrucción Pública -dependiente de la Junta Económico-Administrativa de Montevideo- asumiera la dirección de todas las escuelas públicas del país, que hasta entonces estaban bajo la administración del Instituto de Instrucción Pública. El gobierno designó para presidir esa Comisión a José María Montero (h), íntimo amigo y colaborador de José P. Varela en su actividad educacional y política y -por otra parte- mano derecha del Cnel. Latorre, que a la brevedad sería Gobernador Provisorio de Uruguay. Montero dio a las escuelas públicas un fuerte empuje. Esta labor fue reconocida por Varela, cuando poco después sustituyó a Montero en dicho cargo, a propuesta del propio Montero, que pasó a ejercer como ministro de Gobierno del Cnel. Latorre. Varela, con coraje cívico, aceptó el cargo a pesar de tratarse de un gobierno de facto, el que, cabe decir, lo apoyó en sus iniciativas. Se apartaba así del grupo de ‘’principistas’’. Severo como fue con el hombre de campo y los caudillos, lo sería también con los ‘’doctores’’ universitarios. En 1876 mantuvo con Carlos María Ramírez, representante del “gremio de los doctores”, una famosa polémica -en los salones del Club Universitario, hoy ocupado por el Ateneo, y desde las páginas de El Siglo– en la que este lo acusaba de servir a la dictadura de Latorre. Por su parte, Varela denunciaba privilegios abusivos de los graduados universitarios, una verdadera casta a su entender, en alianza con los caudillos (Ramírez posteriormente reconocería las ideas de Varela). 

Una de sus primeras acciones como nuevo director de Instrucción Pública, fue presentar al Gobernador Latorre un proyecto de ley que proponía organizar todo el sistema escolar. Ese proyecto tomó la forma del libro ya mencionado La Legislación Escolar. La propuesta contenía aspectos polémicos. Si bien la gratuidad escolar no resultaba en absoluto inesperada, ya que las escuelas anteriores habían contemplado esa posibilidad para los niños pobres, las otras dos propuestas -obligatoriedad y laicidad- causaron asombro y protesta. La obligatoriedad escolar, porque contradecía un aceptado derecho del padre a enviar o no su hijo a la escuela. La laicidad, porque la población del país era mayoritariamente católica y esa era por lo tanto la religión oficial del Estado, de acuerdo con la Constitución. Varela, cercano por sus ideas a la masonería, rechazaba íntimamente el dogmatismo de esta Iglesia. La fórmula que propuso fue que se enseñase la religión católica en el aula, pero si un solo padre se oponía a ello, esa enseñanza debía darse a los otros niños fuera de las horas de clase. La iglesia tuvo sus voceros principales en Mariano Soler y Juan Zorrilla de San Martín. Su proyecto sufrió importantes modificaciones y limitaciones -algunas esenciales- por la comisión encargada de estudiarlo (la laicidad, entre otras); Varela las aceptó, consagrándose el decreto-ley de 1877. En enero de ese año sufrió en Durazno un accidente de caza con una escopeta que le hizo perder la visión en el ojo derecho. Varela supo realizar una efectiva promoción de la reforma escolar que llevaba adelante mediante actos públicos que buscaban sensibilizar a la población. Así, a principios de 1879, realizó un concurso público entre las escuelas de Montevideo, otorgando premios a los escolares en un acto realizado en el Teatro Solis. 

Trabajó intensamente hasta el final de su vida, a pesar de su estado de salud que se deterioraba. Falleció a los 34 años. Más de 20.000 personas acompañaron su féretro -encabezado por Latorre -por las calles de Montevideo, con la presencia de escolares a lo largo del cortejo. Recibió honores militares propios de un ministro de estado. Entre quienes hicieron uso de la palabra en su entierro en el Cementerio Central, estaba un representante de la Masonería. Sus oponentes del Ateneo se hicieron presentes, si bien en el segundo aniversario de su muerte se negaron a un homenaje por su ‘’complicidad’’ con Latorre. No hubo representantes de la Iglesia Católica en el sepelio. Desde Buenos Aires, Sarmiento, Mitre y Juan Carlos Gómez expresaron su gran pesar. El hermano mayor, Jacobo, fue nombrado su sustituto en el cargo de Inspector Nacional de Instrucción Pública, y continuó por diez años la fecunda obra. Entre otros logros se pueden citar: nuevos objetivos y métodos científicos de enseñanza; focalizar el proyecto en la sicología infantil; la capacitación de maestros en los Internatos Normales; la valorización del rol de la mujer en la docencia; la eliminación de todo dogmatismo y de castigos a los alumnos; el reemplazo de la mera memoria por la reflexión; la descentralización y obtención de recursos propios para la educación, y el desarrollo de bases culturales para una incipiente democracia. Múltiples son las muestras de reconocimiento al reformador. El Museo Pedagógico de Montevideo y una ciudad del departamento de Lavalleja llevan su nombre, al igual que colegios y varias escuelas (incluso una en Buenos Aires). Un monumento a su memoria, del escultor Miguel Blay, se levanta en la importante plaza homónima de Montevideo. Juan Manuel Ferrari realizó una escultura del pedagogo. 

Cada 19 de marzo se celebra el Día de la Laicidad. La canción de Los Olimareños Sembrador de abecedario lo recuerda. Tomás de Mattos publicó las novelas históricas El hombre de marzo. La búsqueda (2010) y El hombre de marzo. El encuentro (2013).

 

(*) - FUENTES CONSULTADAS:

- Bralich, J. (2011) - José Pedro Varela y la Gestación de la Escuela Uruguaya. Revista Historia de la Educación Latinoamericana - Vol. 13 No. 17, julio - diciembre 2011 - pp. 43-70

- Nuevo Diccionario de Literatura Uruguaya 2001. Montevideo. Alberto Oreggioni-Ediciones Banda Oriental.

- Paganini, A.; Paternain, A.; Saad, G. (1969) - 100 autores del Uruguay. Capítulo Oriental. Montevideo. CEDAL.

- Faraone, R. (12/1968) - Varela: La conciencia cultural. Enciclopedia Uruguaya No 23. Editores Reunidos y Editorial ARCA.

- De Giorgi, D. (1942) - El impulso educacional de José Pedro Varela. Montevideo. Impresores A. Monteverde y Cía. 

- Lasplaces, A. (1928) - Vida admirable de José Pedro Varela. Montevideo. 

- Montero Bustamante, R. (1922) - Jacobo A. Varela. Su vida y su obra. Montevideo. Imprenta Mercantil.

- Herrero y Espinosa, M. (1885) - José Pedro Varela. Montevideo. Posada y Lagomarsino, Editores.

 


Ocupantes

Álvaro Armando Vasseur
Designado el 10 de febrero de 1943 (Decreto - Ley de creación de la Academia Nacional de Letras).
Tomó posesión el 6 de marzo de 1943.
Fue designado Académico de Honor el 29 de diciembre de 1967.
Falleció el 18 de octubre de 1969.

Pedro Leandro Ipuche
Elegido el 22 de marzo de 1968.
Tomó posesión el 26 de abril de 1968.
Falleció el 17 de febrero de 1976.

Élida Miranda
Elegida el 3 de noviembre de 1976.
Tomó posesión el 10 de diciembre de 1976.
Falleció el 30 de julio de 1987.

Antonio Cravotto
Elegido el 26 de noviembre de 1987.
Tomó posesión el 17 de marzo de 1988.
Falleció el 29 de agosto de 2000.

Gabriel Peluffo
Elegido el 25 de octubre de 2002.
Tomó posesión el 20 de diciembre de 2002.