Guardia Republicana

Bienestar animal y vocación: el trabajo con los caballos de la Guardia Republicana

Domadores y veterinarios trabajan en equipo para cuidar y formar a los equinos del servicio montado, desde la doma hasta el retiro.
Equinos de la Guardia Republicana en la chacra

En la chacra de la Guardia Republicana se desarrolla una tarea silenciosa y fundamental para el funcionamiento de la Dirección I, Unidad de Caballería - Coraceros: el cuidado, la formación y el acompañamiento de los caballos que integran el servicio policial montado. Un trabajo que combina conocimiento técnico, vocación y un profundo respeto por el bienestar animal.

La labor comienza desde las primeras etapas de vida del caballo. El Guardia Marcos Leites, domador de la unidad, explica que el proceso de doma se basa en la mansedumbre y el adiestramiento progresivo. Desde potranco se trabaja el primer contacto, conocido como manoseo, con el objetivo de generar confianza, eliminar reacciones defensivas y preparar al animal para desenvolverse con seguridad entre la gente.

La formación no es uniforme: cada caballo tiene su propio ritmo. El tiempo de adiestramiento puede variar entre tres y seis meses, según el temperamento y las características del animal. Durante ese proceso se construye un vínculo estrecho entre el domador y el caballo. Se trata de un verdadero binomio, una relación de confianza mutua que resulta clave para el desempeño en patrullas y servicios.

De forma paralela, el servicio veterinario de la Dirección I acompaña cada etapa del desarrollo y la vida del equino. La Dra. Fernanda Macchi, veterinaria de la Dirección Nacional Guardia Republicana, destaca que los controles sanitarios son permanentes. Estos incluyen evaluaciones generales, seguimiento del estado corporal, control de cascos, vacunaciones y desparasitaciones. “El bienestar del caballo es la base de todo el trabajo”, señala.

Los caballos que ingresan a la Guardia Republicana pasan previamente por un período de cuarentena y observación, lo que permite descartar enfermedades infectocontagiosas y asegurar su correcta integración al resto de la caballería. Cada animal es identificado y registrado para garantizar un seguimiento sanitario continuo.

El cuidado contempla también situaciones especiales. Algunos caballos llegan con miedos o traumas previos, y en la chacra se trabaja de manera progresiva y paciente para recuperar su confianza. Asimismo, se realiza un seguimiento específico de las yeguas madres, desde la monta hasta el parto y el posparto, priorizando condiciones de tranquilidad y control permanente.

En ese marco, como medida de refuerzo en el cuidado reproductivo, las yeguas con preñez medianamente avanzada son trasladadas temporalmente desde la chacra a la base en Montevideo, donde cuentan con mayor control, más personal y la supervisión permanente del equipo veterinario durante el parto y los primeros meses de la cría. Finalizada esta etapa, regresan a la chacra de origen.

Un aspecto central del trabajo es el cuidado de los caballos que ya no se encuentran en actividad. Aquellos que se retiran por edad o lesiones son trasladados a la chacra, donde permanecen a campo, alimentados y atendidos hasta el final de su vida. Desde el equipo veterinario se subraya que estos animales reciben los mismos cuidados —o incluso mayores— que los caballos en servicio.

Tanto domadores como personal sanitario coinciden en que esta tarea es esencialmente vocacional. El caballo no es solo un medio de trabajo, sino un compañero. El cuidado diario, el respeto por sus tiempos y la atención durante toda su vida reflejan un compromiso institucional con el bienestar animal y la transparencia en el uso de animales de trabajo.

De esta manera, detrás de cada patrulla montada, existe un trabajo profesional y humano que permite a la Unidad de Caballería - Coraceros cumplir su función al servicio de la población, con responsabilidad, respeto y cuidado permanente.

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